Elizabeth ʀᴇɪɴᴀ ᴅᴇ ʟᴏs ᴅʀᴀɢᴏɴᴇs ᴀ ʟᴀ ᴄᴀᴄᴇʀɪᴀ MacQuoid

Era el año 201, Corea del sur atravesaba por una de sus épocas más delicadas, el imperio Japones, estaba al acecho de China y Corea, era la primera vez que aparecían como el enemigo en el lejano Oriente. Eun Hye junto con su hermano Hyun Joong eran muy conocidos por la realeza como los hermanos prodigio. Dominaban las artes marciales, la ciencia, la ingeniería y también, las 7 ramas de las bellas artes: Arquitectura, Danzas, Música, Escritura, Escultura, Pintura, Teatro. 

Hyun era el hermano mayor, Eun lo admiraba y he allí el porqué siempre la figura masculina ha sido importante en su vida. Fueron invitados por la Emperatriz de China Cíxí para que se presentaran en un banquete que daría en honor a un visitante extranjero, un Ingles. Ante aquello, sus padres los despidieron con gran alegría, confiaban plenamente en que él cuidaría de su pequeña de dieciséis años. Esa sería la última vez que miraría el rostro de sus padres. Durante el camino de viaje a China, Hyun le hizo saber sus deseos de casarla con alguien de la corte real, quería para ella un futuro mejor, ya que habían crecido en el seno de una familia humilde, trabajadora, que con esfuerzos pudieron darles el máximo de sus posibilidades, ellos eran artesanos. Eun lo escuchaba con atención y no  renegaba de sus deseos, lo que su hermano dictara para ella, lo aceptaría como verdad absoluta.

Al llegar a su destino, se sorprendieron de la opulencia del palacio Chino, sus torres cubiertas de oro, jardines flotantes, aguas que servían de paredes a sus costados. De pronto, guardias los condujeron hacía la sala de audiencias y allí fue donde le conocieron, la emperatriz vestía hermosas telas de seda con bordados en oro, figuras de pavorreales y flores adornaban su atuendo, portaba uñas de oro, largas, puntiagudas, su peinado era hermoso, un tanto similar a lo que conocería tiempo más tarde como Geishas. Era dulce, atenta, educada, reservada, siempre escuchaba. Ese día, quiso conversar a solas con Eun, la miró detenidamente, apreció sus facciones y sonrió con dulzura para ella tomando sus manos.

–Pequeña, hay algo que debes saber… El imperio japonés, está en busca de ustedes, la emperatriz consorte de Japón Jingu está hambrienta de poder, quiere que Japón sea una potencia mundial, por lo mismo, estará buscando a todos los ilustres, artistas y toda aquella persona que le sirva para crear un nombre a su país. Deben huir –dijo con seriedad. Ante aquellos los ojos de Eun Hye se cristalizaron, por un instante la imagen de sus padres yaciendo en el suelo muertos a espada, con la sangre huyendo de sus cuerpos cobró vida en su mente.

–¡No! –exclamó aterrada ante sus propias visiones– ¡No, debo impedir que ataquen a mis padres, Hyung!

–No seas arrebatada –dijo la emperatriz al tomarla de sus antebrazos y zarandearla, tratando de volverla en sí, la jaló hacia su cuerpo y froto sus cabellos como si fuera una pequeña, su pequeña. Ante aquella acción, las acompañantes de la reina se escandalizaron, ella era educada pero jamás se le vio dar esa clase de trato a ningún extraño. Era verdad, pero por una extraña razón, aquella mujer tenía un gran cariño por esa adolescente, miraba en sus ojos un futuro distinto, más allá de esas cuatro paredes, más allá de ese tiempo y espacio.

En el día del banquete, Eun y su hermano vestían ropa tradicional de Corea, estaban danzando con alegría para la corte, mientras que la reina y sus invitados brindaban, comían y admiraban el espectáculo con alegría, aquel invitado Ingles, ya se encontraba a la mesa, en uno de los asientos cercanos a la reina, aquel hombre era un poco extraño, pero esa clase de personas llamaban la atención de la reina. El hombre bebía demasiado despacio de su copa, degustando el olor y color de la misma, su fascinación por el color escarlata era en exceso, para él, en su mente todos sólo eran un conducto sanguíneo. Todo era alegría hasta que, aquel hombre pudo percibir un aroma familiar, entonces notó a un hombre encubierto, parecía samurái, miró a los chicos y volvió su vista a él, que los miraba como presa. Las instrucciones de la reina de los dragones eran sencillas, tráelos a mí, vivos o muertos. Aquel hombre ya tenía pensado que hacer, matarlo y quedarse con la joven para violarla y después entregársela sin valor. Preparó su daga para herir a su hermano, Eun notó su acción e inmediatamente se interpuso, dando aquella daga en su corazón, ante aquello, su hermano furioso y cegado de ira fue tras aquel samurái mientras todos cundían en pánico, la gente se movilizaba de un lado a otro temiendo por su vida, los guardias inmediatamente sacaron a la reina de allí pero mientras todos se alejaban, aquel hombre ingles se acercaba a ella que yacía en el suelo, convulsionándose, la miró detenidamente desde sus piernas, subiendo por sus caderas, su cintura, sus manos, su rostro dulce y de facciones pronunciadas, delicadas, hasta regresar su vista a su corazón, la sangre fluía como la lluvia que limpiaba los bosques donde ella vivía, eso era lo que venía a su mente en aquellos momentos de limbo. Aquel hombre, pasó su dedo índice con delicadeza sobre la daga, la delineo con cuidado, lucía ido como si sólo estuviera él y su oportunidad. Arrancó la daga, haciéndola gritar sin saber que en ese mismo instante su hermano estaba siendo apuñalado en la misma área que ella. Era la ley “vida por vida”. Eun se miró fijamente en ese hombre con sus ojos expresivos, mientras que él sonreía para ella mostrándole sus colmillos, eran largos, filosos, brillaban sus puntas, ella esta aterrada pero después de todo, ya no tenía esperanzas, estaba sin familia y pensó que morir, era su único destino. Entonces el hombre la tomó con cuidado de su nuca, mientras que con otra mano la alzaba de la cintura hacía él, la adhirió por completo y entonces, clavó sus colmillos sobre su cuello, dos cuchillos se escuchaban clavándose. Eun dio su último grito, escuchándose el estruendo por todo el palacio. Era su fin.

Horas más tarde, Eun Hye despertaba de pesadillas, en un cuarto oscuro, alumbrado solo con pequeñas velas, parecía estar en su propio funeral, estaba desnuda, sólo una manta de seda roja la cubría, por sus mejillas comenzó a deslizarse su llanto. No entendía que esta sucediéndole, a su costado, en la pared, se encontraba un espejo largo, entonces, sujetando con levedad aquella manta, sintiéndose débil fue a mirarse en el espejo, notando así en su cuello aquellos dos colmillos clavados, tembló al ver aquello pero entonces, notó sus uñas, ya no eran naturales, por sus uñas corría un color tornasol, lo mismo que sus ojos, el color de su piel era extremadamente pálido, sus labios estaban rojizos sin necesidad de pintarlos, eso no era común, algo estaba sucediendo y comenzaba a cundir el pánico. De pronto, se escuchó el rechinar de una puerta, aquel hombre estaba recargado en la orilla de la entrada.

–Buenas… madrugadas, ¿Dormiste bien preciosa?

–¿Quién… quien es usted? –dijo con cierta desesperación mientras trataba de buscar algo con que defenderse, entonces dio una patada en el espejo quebrando este en mil pedazos, tomó el más filoso consigo para después gritar– Te he preguntado ¿Qué quien eres? –decía entre lagrimas con desesperación.

–Vaya… pero si te he subestimado –se burlaba– Creí que eras una chica más, común y corriente con la única meta de casarse con un poderoso hombre para que le den sus lujos y las traten como princesas. –decía con cierto sarcasmo mientras le miraba.

–Pues se ha equivocado y ya me voy –decía mientras caminaba con sigilo con aquel vidrio delante de él tratando de protegerse. Pero el sólo la miraba detenidamente y sin temor, se acercó a ella, de modo que aquel vidrio dio directamente en el corazón.

–¿Quieres matarme? Adelante, hazlo… pero no lo hagas como cualquiera, hazlo como lo que es tu realidad y tu existencia de ahora en adelante. –decía con molestia al momento que se quitaba el cabello de su cuello y le permitía ver la vena que le recorría. Eun no entendía el cómo podía mirar a detalle el flujo sanguíneo de aquel hombre ni el porqué de pronto tenía sed, entonces sus instintos hablaron le acercó a ella haciendo que aquella manta se deslizara por su cuerpo, cayendo al piso, el hombre la abrazó de la cintura mientras podía escuchar el desenvainar de los colmillos de ella para después clavarse en su cuello. El hombre sonreía mientras con cuidado la conducía de nuevo a la cama, dejándose absorber por ella. Eun sentía una adrenalina y excitación que le recorría todo el cuerpo, aquel sabor a fierro, frutas, dulces, era un tanto adictivo para su paladar, sus ojos brillaban como una nebulosa, sus uñas estaban en un tono escarlata, todo su cuerpo se iba nutriendo, obteniendo una gran fuerza de él pero entonces, aquel hombre la golpeo con una botella dejándola caer inconsciente sobre su cuerpo. Con cuidado y cierto dolor, quito sus colmillos de su cuello para después, cubrirla de nuevo con aquella manta, le quitó el cabello del rostro que le estorbaba su visibilidad y acarició su mejilla, deslizando su mano por su cuello, su clavícula, mirando la anatomía de su cuerpo adolescente, aún no era una mujer pero el ya tenía planeado cual sería su destino.

existe una tierra hacia el oeste, abundante con tesoros de oro, plata y joyas. Te entrego este país. 

Los años pasaron y Eun poco a poco fue entendiendo el sistema de la sociedad, la economía, la política, la cultura, las clases sociales. Eun Hye se desarrolló hasta sus 30 años. Después de eso, el tiempo se detuvo en su anatomía, ya no envejecía. Aquel hombre ingles fue claro con ella, el propósito de los vampiros, era cazar jóvenes para casarlos con personalidades importantes de la política para tenerles en su poder con sus hijos mitad vampiro. Por eso, hubo tanta ola de desapariciones en algunas épocas, algunos se lo atribuían a Jack el destripador pero sólo eran mitos, la realidad era muy distinta.  Durante muchos siglos, Eun estuvo a su merced, era su esclava, durante ese tiempo convivió con todo tipo de mujeres: Damas de sociedad, prostitutas. Aquel hombre quería de ella, una mujer culta en todas las ramas del saber, así como también de la seducción y el placer. En aquel momento era Reino Unido el objetivo. Entonces la oportunidad de escapar se hizo presente cuando él conoció a una inocente joven provinciana, inglesa, de una belleza exquisita, fue tanto su anhelo por ella que fue dando libertades a Eun y eso, lo aprovecho al cien por ciento. Huyó de su lado, aunque sabía que tarde o temprano, el podría volverla a encontrar.

Durante toda su existencia como ser inmortal, se prometió a ella misma, no enamorarse, no quería cumplir el destino que estaba escrito en su lienzo con sangre. Y fue entonces cuando al regresar a Corea del Sur, en una época distinta a sus inicios en la vida, todo dio un giro inesperado. Allí, conoció a quien adoptaría la figura paterna más importante para ella. Más tarde, se mudo a unos suburbios y allí, se enamoró su corazón quedo atrapado por completo.

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Elizabeth Amanecer MacQuoid

Te amaré por la eternidad de mis días” –susurraba Elizabeth entre sus labios. Las lágrimas fluían como manantial, le dolía perderle pero por algo suceden las cosas después de todo.

Año 2007, Seúl, Corea del Sur.

« La ciudad está tan cambiada. . . No sé si podré… »
— ¿En qué piensas, Elizabeth?
—Ben, no quiero. . . —mencionaba la joven al voltearle a ver, sus manos se aferraron a sus antebrazos, sus labios temblaban mientras que su corazón estaba agitado. La ciudad le traía malos recuerdos.
—Debes superarlo Elizabeth, eso fue hace tiempo –exhaló pesado el mayor mientras desviaba su vista a las personas de aquel aeropuerto. La gente iba y venía, las pláticas en distintos idiomas, los aromas, los sonidos de sus zapatos, todo era tan claro para él, tan preciso. La mujer bajó la vista sintiendo unas lágrimas deslizarse por sus mejillas y caer de forma suicida al piso encerado. El hombre la atrajo a su cuerpo con lentitud, posó su mano sobre su cabeza acariciándole esta con cierta ternura como un padre a su pequeña mientras que su otra mano frotaba su espalda con cariño y entonces le susurró al oído.
—Por eso estás aquí. . . para rehacer tu vida, ya han sido demasiados años huyendo de tu pasado, de tu realidad, aquí perteneces, lo sabes ¿Cierto? –cuestionó en tono bajo mientras que ella meditaba en sus palabras recordando algunas escenas que a pesar del tiempo no lograba borrar, sus dedos fueron a la solapa de su abrigo, arrugando este con cierta fuerza como si eso lograra calmar su ansiedad y entonces replicó.
—Lo sé, lo sé. . . pero no es fácil. . .
—Es un reto. . .
—Me siento tan indefensa, como si fuera una niña huérfana –aquellas últimas palabras salieron de sus labios sin pensarlo, sí, eso era Elizabeth y sin embargo, lo pronunció tan simple, fueron segundos después cuando se dio cuenta de lo que había dicho, alzó su vista y sus ojos se abrieron amplios al mayor quien sólo le dedicó una cálida sonrisa y acarició la curvatura de su mejilla en un delicado suspiro.

—Llegarás a un suburbio, tendrás un penthouse a tu disposición, las tarjetas, la documentación, todo ya está arreglado ¿Tu trabajo? Modelo, actriz y diseñadora gráfico, todo está en tu expediente, tu nombre ha sido cambiado para que no levante sospechas… HaNeul, Kim HaNeul.
— ¿HaNeul? ¿Qué clase de nombre es ese? –cuestionó mientras le miraba extrañada. El mayor se carcajeó ante su expresión y se separó frotándole la cabeza, sus cabellos iban en todas direcciones mientras que ella sólo exhalaba resignada. — Y tú ¿Dónde estarás? –agregó al recordar que en su viaje jamás se mencionó a su lado.
—Tranquila, es un nombre muy de acuerdo a la clase de mujer que eres, Elizabeth… significa: Que en tu vida este todo despejado como el cielo azul y que luches por alcanzar tus metas… —por un momento, Elizabeth se quedó perpleja sin saber que refutarle—Volveré a Inglaterra —agregó él notando su expresión— atenderé ciertos asuntos que ocupan de mí pero, estaré al tanto de ti, lo prometo Elizabeth. — al decirle aquello, le miró fijamente a los ojos notando aquel brillo que le delataba un poco, por lo que sacó de su maleta un frasco pequeño y se lo entregó dando una advertencia. —De ahora en adelante, debes volver a beber esto, al menos uno por semana. — Elizabeth tomó el pequeño frasco mirándole detenidamente, el frasco estaba helado y el líquido era de tono escarlata, aquello le traía ciertos recuerdos desagradables, abrió el mismo y sin titubear lo bebió de un sorbo. Su sabor era agridulce, sus ojos inmediatamente pasaban por una transición aquel brillo se iba trasformando en un tono ligeramente más sombrío. El mayor miraba detenidamente su transición, así como sus venas marcadas al absorber el líquido, estás punzaban como si gritaran ante su paso y de pronto, venía la serenidad, las venas azuladas se iban difuminando hasta desaparecer del ojo común, quedando así, una Elizabeth radiante, de un aperlado tono de piel, una mirada oscura como el manto estelar, unos labios carnosos, con tintes duraznos. Su melena larga y ondulada que jugueteaba al roce del viento sobre sí. Respiró hondo guardando el frasco en el bolsillo de su abrigo, dio media vuelta y caminó hacía la salida del aeropuerto, a cada paso le acompañaba el sonido firme de sus zapatillas rojas con aquel detalle de piedras preciosas como moño, tenía sin duda el porte de una modelo y nadie podría dudar de su proceder pero. . . siempre existe un pero.

Media hora después, el taxista la dejó en el complejo de apartamentos, alzó su vista hacia el lugar, admirando lo imponente y distinguido de la fachada, un estilo moderno con cierto toque vintage, era como mezclar el nuevo y viejo mundo, aquello le traía recuerdos de otra clase. Una pequeña sonrisa apareció junto con un hombre, quien se ofreció a llevar su equipaje.
—El señor Ben, me ha informado de su presencia, señorita Kim. –decía el joven mirando detenidamente la belleza de la joven, quien sólo se limitó a asentir con la cabeza. Mientras le seguía al elevador, notaba como las miradas estaban puestas en ella « ¿Por qué me miran tanto? » se cuestionaba en silencio mientras avanzaban los pisos en aquel elevador, de pronto se detuvo en el último piso, las puertas se abrieron mostrando su penthouse, habían elementos elegantes como en su antigua Inglaterra y otros toques más modernos e innovadores como su América, ambas culturas las había apreciado, les tenía cierto cariño por sus experiencias. Volteó a ver al hombre y dio una propina por su servicio.
—Supongo que eso ha de ser todo, puede irse, gracias. —mencionó al volver la vista a su penthouse, por ahora la idea de un baño caliente la seducía. El hombre salió de allí y ella exploró a detenimiento el sitio. —Siempre tan observador en los detalles, Ben –balbuceaba mientras recorría el lugar, de la sala, al pasillo que conducía a su habitación, el baño, la piscina que tenía al final y entonces allí estaban, unas escaleras, subió estás como una niña ansiosa, como si estuviera por atravesar un bosque encantado. Al llegar al último escalón, abrió la puerta y un paisaje citadino le daba la bienvenida, aquello le arrancó una sonrisa del rostro, avanzó apresurada admirando lo espacioso de aquella terraza, la decoración sencilla pero acogedora, fue hasta el barandal y se quedó contemplando el baño que daba el sol a los edificios, las personas caminando, sus pláticas, el ruido de los carros, de los pájaros, todo aquel embotellamiento tenía para ella cierta belleza pero, era tan diferente desde la última vez que pisó su suelo, toda esa modernidad era tan ajena al mundo que ella había conocido cuando fue tan joven

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Elizabeth Nαcímíєntσ dє αmαíα MacQuoid

Sí, de pronto, la vida de Eun parecía un sueño, dentro de ella habían demasiados matices. Aquellas palabras dadas frente a frente: Hasta que la muerte los separé. Ahora parecían tan llenas de significado, se habían casado un seis de abril y días más tarde, a su mesa se azotaban aquellos documentos que le darían fin a “¿Un tormento?” No estaba segura si podría llamarle de aquel modo, ya que a pesar de lo malo de aquel cuento de hadas, dentro de él, había tenido momentos de dicha aunque fueran mínimos, sus hijos eran muestra de eso. Cada que despertaba, el ver a Leo dormir y Enzo, le hacía recordarle, después de todo, ambos tenían mucho de él, quizás más Leo mientras que Enzo se parecía a ella pero Amaia, ella sería un pedacito de ambos, tendría rasgos físicos de los dos, la mezcla perfecta.

Cuando le pidió el divorcio se sintió mal, lo esperaba pero no el mismo día en que se separaron. Había preferido salir a caminar al bosque en vez de quedarse y discutir, no quería darle el divorcio, no en ese momento, prefería que viviera en poligamia, después de todo seguía herida. En aquel lugar sola, reflexionaba muchas cosas, en especial ¿Cómo sería su vida después de esto? Tendría que contratar personal, una nana o nano, ella en su infancia tuvo un niñero, por eso la idea no le era del todo extraña. Seguridad, maestros en especial de francés, ya no existiría quien le hablará en francés, no de momento. Tenía que pensar en cubrir todos los ángulos, así era EunHye siempre se adelantaba a los sucesos o preveía antes de lamentarse. Respiró hondo abrazándose mientras el viento helado la acariciaba en las mejillas, sonrió con cierta ironía diciéndose.-
---Esta caricia se siente tan cálida a comparación del estado de mi corazón, curioso. Es el quererte reprender por todo lo que has hecho a partir de conocerle pero ¿Cómo serías vista? ¿Cómo la mártir? Tú odias eso así que no te queda más que aguantar una vez más, poner tu cara de estúpida y seguir adelante como si nada sucediera, quizás eso sea lo mejor ¿No crees? Fingir que jamás le haz conocido, ¿Pero qué harás cuando ellos te pregunten por él? Pensar en todo Eun, tienes que pensar en todo –se reprendía y de pronto, sintió la necesidad de regresar a casa, supuso que él ya se habría ido de allí y entonces fue a preparar algo para los niños de cenar. Al ir a la habitación de Leo, encontró todo hecho un desastre, la bandeja con la comida se le cayó al suelo, marcó desesperada el celular de él, quería asegurarse que el niño estaba con él pero no obtenía respuesta por lo que dejó un mensaje de voz:

Jang… Leo es tu hijo, sí pero también es mío y mínimo me hubieras avisado que te lo llevarías, todavía ni estoy segura que eso haya pasado, me tienes muerta de la preocupación por él, así que ten la amabilidad de dejarme hablar con él… ¿Dónde estará? O sea -hizo una pausa al sentir un nudo en la garganta.- Todo, todo podría soportarlo pero eso… llevarte a Leo, no quiero estar sin él, los niños no son un contrato compra venta, una cosa somos nosotros y otra ellos -decía al exhalar pesado.- Tenía tantas cosas planeadas para ellos, cuando Amaia nazca ¿Su hermanito no estará allí? O sea, ¿Qué es eso? En esta historia la que debería estar furiosa soy yo, vez tras vez ¿Qué sucede? Mujeres, sexo, etc, etc… ¿Qué te hice para que me odies de esta manera? No me amaste, fine, pero… no por eso todo tiene que arrastrarse de esa manera…. Me han dicho infinidad de cosas y he sido clara, que nadie te haga nada ¿Por qué? Porque a mí no me interesa lastimarte, suficiente tengo con mis heridas para provocar otras… Yo quería tener a mi hijo en el momento del parto, Leo para mí, es muy importante por muchos motivos que quizás no entiendas pero lo único que te diré es que… no quiero perderlo, a ti jamás te negué nada, al contrario, te di opciones para que pudieras estar con ellos ¿Y a mí, que opciones me das? En primera instancia no me dices donde esta o a donde irán… Es como castigarme ¿Por…. Ni siquiera entiendo el porque me castigas…

-quería seguir hablando pero de pronto, un gancho al hígado la hizo quejarse y prefirió colgar. Se inclinó sobre la cama y preocupada llamó a su doctor Ben, él se encargaba de la salud de su familia ya que era un robot fabricado especialmente para encargarse de los vampiros. A él le conoció en sus inicios.

Horas más tarde, él había llegado y le dijo notando el cambio en el color de su piel y sentir su pulsó agitado.

—Eun… ya tienes las contracciones… tenemos que llevarte al hospital.

—No quiero -repetía varias veces.

—Eun pero ¿Qué te pasa? Tenemos que llevarte.

—Ani… no quiero tenerla en el hospital…. recibámosla aquí -decía reclinándose del dolor e irse al sofá a recostar.- He oído del parto en agua… Quiero que nazca aquí, tenemos varias áreas con agua, de hecho… al fondo hay un jacuzzi, se que podremos traerla aquí.

—Pero Eun… y si ¿Hay complicaciones?

—¿Qué podría salir mal?

—Ella o tú podrían morir, eso podría pasar ¿Eres consciente de eso?

-al oírle tembló, sabía de todas las posibilidades que se presentaba en un embarazo pero sonriéndole con amplitud negó-

—Ani, nada malo sucederá… pero sí, algo sucediera… Quiero que te encargues de que ella nazca… no importa el precio, quiero que ella viva. -dijo sin más y escondió su rostro entre los cojines sintiendo como de pronto sus piernas se humedecían, al notarlo Ben preocupado le dijo.

—Ya, te tengo que preparar entonces, si es lo que me temo… se ha roto tu fuente y tenemos que actuar ya. -mencionó preocupado mientras la levantaba y cargaba esperando por sus indicaciones acerca del lugar. En lo guió hasta llegar al límite, desde allí, se tenía una hermosa vista al lago, se bajo con cuidado y musitó.-

—Enzo, necesito saber que está bien… Ben, ve por él por favor, yo… supongo que debo preparar el jacuzzi y entrar ¿No? –se decía un tanto confundida ya que era su primera vez en agua, Ben revolvió con ternura sus cabellos y asintió.

—Sí niña, sí… Regresaré lo más rápido que pueda, espérame y ¿Dónde está la habitación del niño?

–Eun le sonrió y dio las indicaciones, ante eso, salió de allí corriendo por el menor, mientras que ella preparaba el agua caliente, aumento la temperatura a hirviendo como le gustaba, después se fue quitando de apoco sus prendas hasta quedar desnuda, se apoyó en la orilla del jacuzzi y sumergió, sentía los dolores cada vez más intensos. Comenzaba a quejarse al mismo momento que tomaba una de las toallas y la estrujaba entre sus manos, era como si le desgarrarán el interior con un cuchillo, gritaba por Ben repetidas veces, hasta que le vio llegar apresurado con su hijo. No tenía más opción, no había nanas, ni servidumbre, sus abuelos habían partido a Japón por mandato de su padre y su hermano mayor también se había ido por la misma razón. Trató de controlarse aunque era imposible ya que Amaia se empujaba con fuerza.

—Amor, Enzo… Amaia, tu hermanitaaa –exclamó al final al sentir un pellizco en el vientre.- Ya vendrá… así que, tranquilo y quieto por favor –decía ella sonriéndole mientras seguía retorciéndose del dolor y las lágrimas fluían por sus mejillas. Ben trajo consigo una sillita especial para que el menor no pudiera estar fuera de su vista, lo sentó y dio algunos juguetes, Enzo lo miraba con atención, respiró su aroma notando que no era humano, entrecerró sus ojitos olivo y volteó a ver a su madre. Él era un pequeño muy inteligente y siempre estaba al pendiente de ella por lo que, hizo un pequeño puchero y sólo mencionó repetidas veces Omma como si le brindará su apoyo. Al oírle ella voltea a verlo y sonríe sintiéndose muy feliz.- Gracias –susurro mirándole y regreso segundos después su vista al frente ante las contracciones. Ben le tomaba el tiempo de las contracciones para saber que tan cercas estaba Amaia del mundo. Primero eran cada 5 minutos, con duración entre 30 y 40 segundos, dilatación de casi 5 cm. Después vario a cada 3 o 4 minutos, con duración de 40 a 45 segundos, dilatación de unos 6 cm. Más tarde a cada 2 o 3 minutos, con duración de 45 a 50 segundos, dilatación de 8 cm Y por ultimo sus contracciones eran cada 1 o 2 minutos, con duración de aproximadamente 1 minuto, dilatación de casi 10 cm.
Así había trascurrido seis horas, estaba por amanecer. Durante ese tiempo, Ben le había pedido que platiquen por lo que la plática se había tornado en que sucedió al irse de Japón y el porqué estaba sola con su hijo.

—Tú padre querrá matarlo…

—No sólo él, mi gente se ha tornado un poco molesta por esto pero, ya les explique que estaré bien y que no vale la pena nada más –decía presionando los ojos ante las contracciones, respiraba y exhalaba para aliviar los dolores.

—No quisiste anestesia ¿Por qué? –ante su pregunta soltó una risilla irónica.

—¿No crees que he soportado cosas peores para ponerme anestesia por esto? No, quiero tener mis seis sentidos despiertos para cuando Amaia venga. –agregaba mientras se encorvaba haciendo que las aguas se agitarán repetidas veces mientras una sensación de calor, desgarre y ardor comenzaba a atormentarla en la vagina, su cuerpo emanaba humedad, recostó su cabeza en la orilla mientras continuaba revolcándose del dolor sujetando aquella toalla.- ¡Idiota! –comenzaba a maldecir ante el desgarre que sentía en la vagina, la pequeña comenzaba a empujarse con fuerza haciendo que el ardor fuera cada vez más incontrolable, sentía como si brasas ardiendo quemaran sus entrañas.- I hate you, I really hate you asshole, How could you do that to me? The mother of your children, Stupid, Aaahh –maldecía en ingles para que su hijo no entendiera a lo que se refería mientras continuaba revocándose del dolor presionando la toalla, Ben inmediatamente la inspeccionaba notando como sus paredes se contraían había carne tapando la entrada.

—Eun, Amaia… -ante aquello él le pide que puje, las contracciones disminuían pero el ardor era más intenso. Enzo cabeceaba hasta que la escuchaba gritar y miraba como pujaba. El agua de la tina cambiaba de coloración a escarlata. El sudor, las lagrimas, los quejidos, ella continuaba pujando mientras que Ben le ayudaba tratando de abrir las capas de piel, entonces apareció la mollera de su hija.- Sigue, vas muy bien, ¡Puja! –repetía varias veces mientras que Eun obediente continuaba pujando haciendo que sus colmillos se pronunciaran al crujir de sus dientes.

—¡Ah! –exclamaba entre gemidos de dolor, la cabeza se asomó, Enzo miró atónito lo que estaba pasando desde su lugar mientras que Ben, inmediatamente decía.-

—Un poco más Eun, ya casi –al decirle eso, Eun gritó con fuerza ante su ultima pujación, al hacerlo los hombros salieron a relucir y en un instante todo su cuerpo estaba saliendo de sí al agua rojiza. Ben la tomó entre sus brazos de inmediato y alzó juntando sus pies, le dio dos nalgadas e inmediatamente, Amaia comenzó a llorar, su llanto era como el de una muñequita, de voz dulce, delgada, melodiosa. mientras que Enzo exclamaba.-

—¡Amaia! –aplaudía y sonreía ante aquello. Eun envuelta en llanto de felicidad, recostaba su cabeza en la orilla del jacuzzi.-

—Mi princesita, mi vampirita, mía –decía con una amplia sonrisa sintiendo que ese día era extremadamente especial, uno de los mejores de su existencia. Todo, sólo para llegar a ese punto, había valido la pena, no había remordimientos, no había perdidas, el tenerla a ella allí, era su mayor galardón. Ben se la entregó mientras le quitaba el cabello de su rostró con la otra mano y dándole una tierna sonrisa musitó.

—Muchas felicidades Eun, tu hija es hermosa –Eun al tener su cuerpecito entre sus brazos, volvió a llorar entre sonrisas hablándole por primera vez directamente a su rostro.

—Hermosa, bienvenida a casa mi cielo, mi princesa Amaia Keun… Te amo –decía con dulzura mientras que contemplaba el hermoso rostro rojizo de su bebe, la pequeña abría sus ojos con amplitud al oír a su madre. Estaba amaneciendo, por lo que el sol acariciaba sus cuerpos.- El sol también te da la bienvenida hermosa –agregaba acercando su rostro contra el suyo besando su pequeña naricita, la menor la miraba con atención. Eun acariciaba su cabecita, la menor tenía unas pestañas enormes y sus ojos se miraban de color amatista, era como si el universo se contuviera en su mirada, tomó su pequeña manita y la beso con ternura.- Mía.- repetía feliz mientras que alzó su vista a Enzo diciéndole.- Amor, Amaia esta aquí mi cielo –estaba inmensamente feliz. Ben fue por el menor que estaba inquieto por ir con ella, lo bajo de la silla y entonces el menor corrió hacía el jacuzzi, se acercó a ella y hacía pucheros, quería entrar al agua, Ben lo alzó para introducirlo y entonces Enzo emocionado, se quedo quieto por unos momentos, contemplando a Amaia, quien al sentirle cercas presionó un poco su boquita, Eun al ver eso soltó una carcajada.- Aigo hermosa, es muy temprano para que empiecen con sus cosas, son hermanos, llévense bien –le decía mientras daba pequeños besitos en sus mejillas. Enzo ladeaba su rostro y en un impulsó, pasó su manita por la de ella, acariciándole con ternura, Amaia manoteo leve, él se acercó aún más y beso su frente.

—Yeppeo –repitió varias veces mientras una sonrisa dulce se plasmaba en su rostro, en ese instante al escuchar a su hijo decirle bonita a su hija, se sintió dichosa, no existe más dicha para una mujer que la bendición de dar vida. A su lado tenía a su estrellita, a su sol y debido a circunstancias su luna hacía falta, por un segundo desvió la mirada, faltaba su hijo mayor, hubiera deseado compartir ese momento con él también, respiró hondo deseando que donde quiera que estuviera nada malo le pasase. Ben la extrajo de sus pensamientos al colocar su mano sobre su hombro.-

—Muy bien Eun, tengo que checar a la pequeña, revisar que este en perfecto estado, después de eso, también tendré que revisarte, haz expulsado demasiada sangre, más de la necesaria. Ante eso, Enzo abrió sus ojos con cierta preocupación e hizo un puchero abrazándola con fuerza Omma, Omma –repetía varias veces sintiéndose asustado.-

—Amor, todo está bien, mami está bien, tranquilo, no los dejaré solos, no puedo –dijo acariciando la redondez de su mejillita y besando su frente al suspirar. Ben se llevó a la menor mientras que Eun abrazaba con fuerza a su pequeño, acariciando su cabellito y cerrando sus ojos por el cansancio.

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Elizabeth just вєtwєєn drєαms MacQuoid

Llega al hospital con los niños. Leo y Enzo la tomaban de la mano mientras la niñera, cargaba a Amaia. Al llegar a recepción preguntó por su doctor, los hicieron pasar ya que tenían previa cita. Al abrirse la puerta y verle, Ben se levantó de su asiento, tenía el rostro desencajado mientras miraba a los pequeños y a ella.-

---Elizabeth… hablemos en otro lugar por favor –dijo al sujetarle del antebrazo y llevársela fuera del consultorio para que los niños no escucharán. La llevó a la cafetería, pidió dos cafés y fue con ella afuera, se sentaron en una mesa con una hermosa vista al lago, entonces allí ante la tranquilidad del panorama musitó.- Es… una locura, lo que intentas hacer es una locura ¿Sabes lo que significa?

---Sí –musitó moviendo aquel pequeño popote de su café mientras lo enfriaba- Significa –suspiró- Que dejaré de estar atada emocionalmente a alguien que no siente el más mínimo amor por mí. Eso significa…

---¿Pero los niños? Ellos aman seguramente a su padre y…
---Y su padre ha tenido la gentileza de no mandarles nada en sus cumpleaños, no estar con ellos en la muda de dientes, no llevarlos de compras, a paseos, no continuar sus lecciones de francés… y puedo seguirme con la lista y ¿Sabes por qué se ha olvidado de todo esto? Porque es un adolescente que quiere ir de flor en flor, repartiendo polen para que se haga la fotosíntesis… -decía con cierto sarcasmo mientras manoteaba al aire molesta- Ya… ya me canse Ben, digo ¡Mírame! No soy la sombra de lo que era antes… he cambiado demasiado y eso no está bien –decía al recargarse en el respaldo de la silla al tiempo que soltaba un suspiró pesado.- Una relación destructiva… eso es lo que fuimos, lo que somos y lo que seguiremos siendo sino pongo un “Hasta aquí” Porque, la única que se lastima soy yo… Él no, él se escuda en me tachan de esto, dicen esto de mí, blablabla, se escuda en querer ser la victima del cuento y ese no es el propósito de todo esto, en esta vida, todos elegimos que queremos ser… Protagonistas ó Antagonistas, simples espectadores tal vez ó extras… Yo –hizo una pausa- Elijo ser feliz… elijo estar sola con mis hijos, salir adelante y no volver

mi vista a él nunca más –se acercó a él tomando sus manos mientras trataba de no llorar- Ayúdame Ben, te lo imploro, ayúdame a superar esto, necesito de ti –decía al sentir un nudo en la garganta.

—Es que… lo que me pides es que haga con ustedes, lo mismo que hice con él… Es peligroso, además tú quieres…

—Sí, por favor, se de tu técnica con aquellas personas “El estilo holograma” Ellos verán otro rostro pero en realidad seguiré siendo yo… de esa manera… de esa manera, no habrá quien pueda encontrarme y con aquellos recuerdos eliminados, pues, obviamente no podré recordarle ni ellos, estaremos libres…

—No sé Elizabeth –musitó al levantarse de su lugar soltándose de las manos de ella con cierta brusquedad.

—Ben… por favor, te lo ruego, hazlo… No me dejes hundir en esta agonía, ya no quiero, no deseo estar así, me voy a volver loca, en serio… -hizo una pausa recordando aquellas ideas suicidas que llegó a tener en que ella y sus hijos morirían, negó con suavidad, al tiempo que Ben la miraba detenidamente. Pasó su mano por la redondez de su mejilla empapada, la limpió con delicadeza y sonrió con dulzura.-

—No llores Elizabeth, sabes que… me rompe el corazón verte de ese modo. No puedo verte así sin sentirme hecho un monstruo –dijo al respirar hondo y terminó de limpiarle las mejillas con su pañuelo.- Entonces… ¿Quieres que sea esta misma noche? –le preguntó mirando el atardecer, ella se levantó de su asiento y con la mirada fija en sus ojos asintió.

-Horas más tarde-

Daniel, Mi lunita

—Omma ¿Por qué tenemos que estar en estas camas? ¡Quiero ir a mi cama! –Refutaba Leo mientras pateaba en la cama haciendo un puchero- ¡Quiero ver a appa! –Hacía berrinche mientras Elizabeth exhalaba pesado.-

—Leo… Basta por favor, cálmate –decía al acercarse y besar su frente deteniéndole por un segundo aquel berrinche, él abrió los ojos como plato al sentir aquel dulce beso de su omma.- Te amo Leo, tengo muchas razones por las cuales amarte… Eres la prueba de mi más grande amor, el único que he sentido en verdad… Gracias –susurró al tiempo que la enfermera inyectaba el líquido en el tubo que conducía a su pequeña vena. Leo no entendía el trasfondo de sus palabras, sólo la miró detenidamente, pasó su manita por su rostro, acariciando sus mejillas, ella dejo un beso sobre la misma, mientras él continuó deslizando su mano por sus cabellos rizados y de pronto, su manita cayó a un costado, cerrando así de apoco los ojos. La inyección estaba haciendo efecto. Elizabeth soltó en llanto. Leo era tan parecido a Jang tanto físicamente como emocionalmente, ambos eran unos niños pequeños, caprichudos, rebeldes, pero también, dulces, llenos de ternura, se escondían dentro de una coraza de seguridad, pero en el interior tan sólo eran unos pequeñuelos. Elizabeth retrocedió varios pasos, Ben la sujetó por detrás y abrazó con fuerza.-

—Sé que… esto no es fácil… ¿Quieres…

—Quiero continuar… la personita más difícil ya ha dormido… Mi amor –dijo al voltear al frente mientras susurraba.- Amor… verás a papi dentro de tus sueños… continuarán jugando, practicando francés… serás como él mi vida pero, sólo al anochecer, mi lunita… -susurró con la garganta entrecortada. Ben le dio un calmante diciéndole-

—Elizabeth, tienes que estar serena, iremos con Enzo y tu pequeña… fuerza –le dijo tomando su mano apretándola.

“ Richard MacQuoid -rie un poco sonrojado mientras leo los miraba, después el habla francés-
Leo: Qu’est-ce que vous vous parlez et ma mère?
JK: Choses fils adulte que vous n’avez pas besoin de savoir
Leo: Papa de m’apprendre plus frances temps, mais ma mère ne sait pas
JK: Maman ne peut pas parler français, ne vous inquiétez pas fils -rie un poco-

-les mira con cara de chinita que no entiende nada pero se escuchan y ven tan hermosos que suspira diciendo- Aaww que hermosos, ¿Qué tanto hablan eh? -les dice arqueando una ceja mientras llegan los platillos y ella comienza a partir las carnes en trocitos pequeños para ambos.
Richard MacQuoid -niega sonriendo mientras empieza a comer un poco de carne probándolo, sus ojos se convierte en color vino, leo se asusta un poco al verlo así- Nada amor… Cosas de chicos -asiente riendo mientras come la carne más rápido- esta buena… Quiero un poco más de esa carne…-después pide al mesero una botella de vino para su prometida, y jugo para los niños, al final pide más carne.”

Damien, Mi ojitos de lluvia

¡Mi solecito! –exclamó Elizabeth al tiempo que corría a estrechar su mano, la sujeto con fuerza dando sonoros besos en la misma, acarició sus cabellos dorados diciéndole- Amor…

—Omma ¿Por qué estoy aquí, estoy enfermo?

—No mi ricitos… Es sólo un chequeo de rutina amor –respiró hondo mientras presionaba sus labios contra su frente sonriendo.- Gracias amor, muchas gracias por cuidarme, por velar por mí, siempre te esforzaste porque estuviera contenta, eres el hombrecito de la casa –dijo entre risas leves y beso su mejilla con dulzura.- Te amo mi bebe, omma siempre estará a tu lado, eres mi fuerza Enzo, me trasmites mucha fuerza, no en balde eres mi sol.- decía sonriéndole al tiempo que la enfermera colocaba aquel liquido de nuevo en el tubo. Enzo, se miraba en los ojos tornasol de su madre, la contemplaba en silencio, siempre le había parecido muy hermosa, maternal, fuerte, una mujer admirable para su corta edad, su secreto, era desear al crecer casarse con alguien como ella. Acarició su mejilla quedando su mano en los labios de ella, que los presionó contra su manita al tiempo que le sostuvo entre sus manos y Enzo cerró sus ojos de lluvia- Hasta mañana mi ojitos de lluvia, mañana… será un nuevo día, te amo. –dejó caer unas lágrimas recordando muchas de las conversaciones que tuvo con él, Enzo no amaba del todo a su padre o al menos, se ponía de parte de ella, cosa que le lastimaba, porque era verdad y no tenía forma de excusarle y su único recurso era, pedirle que no guardará eso en su corazón y ahora, jamás le tendría allí de esa forma, jamás, eso la tranquilizaba.

“Elizabeth MacQuoid -Él estaba por leerlo cuando descubrió de quien se trataba, abrió los ojos amplio y cerró la laptop diciéndole.- Nada de trabajo omma, sólo desayunemos -decía un tanto nervioso y entonces le dijo.- Oh, quiero ver algo en la laptop ahorita vengo,- se la llevó mientras que Daniel y ella se quedaron extrañados, Valery, gritó con fuerza, distrayéndolos de momento, entonces al encerrarse a su habitación Damien respondió.-
—¿Jang, donde estás? -escribía tratando de imitar la manera de hablar de su madre.-
Richard MacQuoid -sonríe mientras camina yendo a la cocina por algo de tomar al escuchar el sonido en su laptop va hacia él y contesta- en casa en Japón… ¿De que hablaron tú y omma? ¿De dónde se conocen?
Elizabeth MacQuoid -al recibir la respuesta, abre aún más los ojos y escribe.- ¿Cómo esta appa y la abuela, cómo estás tú? -preguntaba mientras se sentía un tanto nervioso, apretaba sus puñitos ya que se sentía con cierta tristeza.-
Richard MacQuoid -empieza a escribir- appa tiene un resfriado… no se encuentra bien… no sale… se ve como si hubiera visto un fantasma y abuela siempre está bien y al pendiente de todos…. oye no me has contestado mi pregunta… ¿cómo conoces a mis padres y abuela? ¿Eres algún familiar cercano o una prima extranjera?
Elizabeth MacQuoid -al recibir la respuesta, exhaló pesado.- Cuídalos… omma, vendrá a ver… me, así que yo cuidaré de ella, tú cuida de ellos -respondió e hizo una pausa, quería decirle muchas cosas a su padre pero ¿Qué podía decirle si ni siquiera sabía que era él? derramó unas lágrimas al sentirse impotente y entonces escribió.- ¿Sí tuvieras hijos… les dirías que los quieres o los amas? ¿Cómo les dirías? -mandó el mensaje mientras se abrazó a sus piernas y escondió su rostro por unos segundos entre sus piernas. Aquel tic de su madre le había quedado como herencia sin saberlo.-
Richard MacQuoid -lee el mensaje y sonríe escribiéndole- Oh… Me dijo que iba a ir a un asuntos de negocios… hará contigo negocios… oh si los cuidare…. -al leer la última pregunta sonríe tierno- Si tuviera hijos lucharía por ellos para verlos y estar con ellos… haría todo por estar juntos….
Elizabeth MacQuoid -al leer su mensaje sus lágrimas salían automáticamente, por lo que escribió con la vista borrosa.- ¿Lucharías por ellos? Supongamos que soy tu hijo y acabo de despertar, ¿Qué me dirías? -escribió el menor mientras presionaba sus labios tratando de evitar hacer algún sonido.-
Richard MacQuoid -piensa y siente un poco de dolor en su pecho- Bueno primero miro como duermes… acaricio tu rostro, después te doy un beso en tu mejilla y susurro diciéndote príncipe buenos días despierta dormilón… te cargaría y así te haría el avioncito… después iríamos a desayunar juntos… con tu omma…
Elizabeth MacQuoid -al leer, presionaba más sus labios y ojos <<No, no, no>> se reprendía para no llorar, <> se repetía mientras trataba de calmarse, entonces escribe.- Parece que… si tuvieras hijos los harías muy feliz, eso… es bueno… ¿Por qué le dirías príncipe? ¿Eres de la realeza o algo así? -escribía Daniem tratando de reírse un poco, envió el mensaje y se quedó imaginando la escena de él y su appa.-
Richard MacQuoid -suelta una risita mientras escribe- jajajaja para mí siempre serán príncipes… pero bueno la verdad si los haría muy feliz… una pregunta y quiero que me conteste la verdad… En verdad donde conoces a mis padres y de donde me conoces… ¿cómo sabes tantas cosas de mí? ¿Fuimos algo antes… Desde niños?
Elizabeth MacQuoid -al leer el mensaje ríe y se queda sonriente hasta que lee lo último, entonces suspira pesado y se dice.- Aigo, Enzo… piensa, piensa… Tienes que inventar algo, anda… -se decía pensando en su omma y responde.- Sí conozco a tu familia, te conozco a ti, lo que no entiendo es ¿Por qué no puedes recordarme a mí? Yo… fui alguien importante en tu vida, hasta donde recuerdo, sí, nos conocemos desde mucho tiempo atrás -mandó el mensaje, sin tener una idea fija de como acomodar una historia inventada ya que el niño no era escritor.”

Valery, Mi estrellita.

Entonces, Elizabeth caminó con lentitud, su vista era cabizbaja, mirando sus pisadas al trascurso. De pronto, se detuvo Ben en la habitación de su pequeña. Elizabeth entró mirándola con atención, sonreía con dulzura al tiempo que la pequeña balbuceaba y se chupaba los deditos mirándole con sus enormes ojos rosa-violeta.- Eres hermosa preciosa… -susurraba mientras tomaba su manita libre y la besa con dulzura, eres la mezcla perfecta entre Jang y yo… -dijo al acariciar su melenita castaña, la abrazó con cuidado suspirando.- Sé que… tú le conociste antes, en aquel sueño… Y, las cosas permanecerán allí, perdóname Amaia… Quizás al crecer quieras buscar respuestas de tus sueños pero –dijo al respirar hondo- Por lo pronto, necesito que esto sea más llevadero para todos, quiero que seamos felices, quiero verles sonreír sin sentir la ausencia de él, no quiero que se planteen cosas que no deben ser, ustedes merecen lo mejor siempre, son mis hijos y como tal… recibirán siempre lo mejor de mí, además tenemos mucha familia, sé que ellos estarán felices de consentirlos y mimarles como un padre a sus hijos, sé que así será hermosa, confía, que yo me encargaré de que se realice –asintió con seguridad y beso su mejilla con lentitud.- Mi hermosa vampirita… heredera del gen de los afortunados… Larga vida y dicha a mi princesa… Te amo mi estrellita, descansa. –susurró y la pequeña de pronto cerró sus ojitos cediendo a Morfeo mientras que Elizabeth la abrazaba con delicadeza y respiraba su aroma a dulce y rosas.- Tan dulce mi bebé, mi preciosa, siempre, siempre velaré y los protegeré contra quien sea, son mis hijos… Te tuve nueve meses en mi vientre, eres carne de mi carne, sangre de mi sangre. –decía en voz baja mientras la colocaba de nuevo en su camita y tapaba bien para que no tuviera frío, acarició su cabellito mientras aquella sonrisa aparecía instantáneamente, amaba a sus hijos pero Amaia, era el vivo recordatorio de que en un instante de su vida se sintió plena y ella misma se encargaría de que eso volviera a suceder.

“ Richard MacQuoid -en su mente se acuesta en el suelo mientras cae unas lágrimas, se sentía solo encerrado pensando en sus hijos, en varias cosas- quisiera saber qué pasa… porque estoy aquí… no hay nada no hay nadie no hay ruido nada… quiero escuchar una vez la voz de mi prometida solo una vez… -susurra llorando en silencio-
-al llegar a la puerta de la habitación, un hombre la retiene del brazo- No -le decía sabiendo lo que pensaba- ¿No qué? -le decía de forma retadora para quitar su mano de encima y entrar a la habitación, se encontraba conectado a tubos y entonces notó la bolsa de sangre que de apoco lo iba alimentando, niega con suavidad susurrando- Eso no te será suficiente… -entonces llamó a su doctor diciéndole- Ben, necesito de tu ayuda, necesito que me instruyas como inyectarme a Jang… -Pero ¿Que locura dices? -No es locura, él lo necesita y yo puedo hacerlo… dime rápido que debo hacer- decía con cierta desesperación mientras cerraba con seguro la puerta y colocaba muebles para que nadie entrará. Entonces, poco apoco siguió las instrucciones que su doctor le daba para después ya que tenía una aguja la conecto de vena a vena en el antebrazo, al mismo tiempo que lo colocaba en su cuello para que al despertar pudiera absorber su sangre y fortalecerse.
Mientras que, dentro de aquel sueño, al caer sus lágrimas una se va formando una pequeña silueta, una niña, muy similar a Eun pero con la sonrisa de él y su mirada idéntica, lo abrazó con fuerza limpiando sus ojos, besando con ternura su mejilla mientras le susurra al oído- Appa -decía con ternura al mismo tiempo que sus manitas sujetaban las suyas.
Richard MacQuoid -su corazón empieza a palpitar un poco lento al no sentir sangre, luego siente como recorría mas sangre en su cuerpo, recupera el tono de su piel y de su cabello en el sueño al mirar esa niña idéntica a Eun pero sus ojos y su sonrisa de él, se sorprende al escuchar cómo le decía appa- ¿Amaia? ¿Eres tu bebe? -susurra mientras caían más sus lágrimas- ¿Qué haces aquí hija? Tú deberías estar en el vientre de tu mama…. -hace preguntas mientras la abraza con ternura-
-mientras él se iba recuperando, ella iba estando más débil como pudo se recostó sobre él tratando de mantener sus labios sobre su cuello para que la mordiera al despertar, de pronto se desmaya entre sus brazos.
La pequeña sonreía mientras sentía la calidez de su padre, limpia sus mejillas con sus manitas al mismo tiempo que le daba un tierno beso sobre los labios- Mmm ¿No debería estar aquí? -preguntaba algo confusa- Yo debo estar donde tú estés, donde estén mi omma y mis hermanos… -decía con dulzura mientras pegaba su frentecita a la suya- No me dejes sola appa, quiero sentir tus mimos, escucharte cantar… -decía al recordar cuando escuchaba que le cantaba a su madre- Quiero, que juguemos por las tardes, que me cuentes cuentos antes de dormir y también… quiero verte celoso cuando los niños vengan a casa -decía entre risas- Quiero vivir mis días junto a ti y junto a mi mamá, los quiero conmigo… No iré con mamá hasta que tú vengas conmigo. -decía la pequeña con gran soltura, era pequeña pero con mucha sabiduría, sus poderes iban más allá de lo normal. Suspiró abrazándolo cerrando sus ojos mientras derramaba unas lágrimas, vámonos, anda appa, vamos a casa con omma y mis hermanitos, ¿sí? -susurraba con ternura.
Richard MacQuoid -tocan la puerta con fuerza intentando abrirla mientras reaccionaba todo su cuerpo.
En su sueño abraza a esa niña besando su rostro- Si Hija… regresare con tu omma… serás mi princesita hermosa… serás mi única niña que cuidare de todo y si los chicos vienen a verte a tu casa lo asustare con mis colmillos… y tus hermanos me ayudaran a asustarlos… solo eres mía y de tus hermanos al igual tu omma… perdóname sí… regresare con tu mama… Vámonos con tu omma.. Salimos a donde tu veniste.
-trataban de tumbar la puerta pero no lo conseguían aún. Mientras que Eun yacía inconsciente.
La menor escuchaba atenta a su padre mientras las comisuras de sus labios se ampliaban y reía ante sus amenazas contra los chiquillos para después lanzársele encima de nuevo muy feliz, le daba muchos besitos en las mejillas y pasaba sus manitas entre sus mechones asintiendo mientras jugaba con estos- Sí, anda vamos appa, tú princesita te guiará -decía al pararse rápido y estirar su manita para que su appa la tomara de la mano diciendo- Appa, yo quiero que me enseñes muchas cosas, quiero aprender todo de ti -decía feliz mientras caminaba por un camino de pétalos de cerezo.
Richard MacQuoid -seguía aun en coma, mientras rompen la puerta, estaba ben el doctor de ella, después los separa llevándolos a diferentes habitaciones.
Seguía a su pequeña hija en el camino de los pétalos mirando alrededor-te enseñare lo que tú quieras… hablaremos francés con tu hermano leo… Haremos bastante cosas estaremos juntos amare a tu omma como un loco hare todo para que seamos felices-
-su sangre esta más de la mitad en sus conductos pero necesitaba beber de ella para lograr su recuperación completa. Varios hombres, incluidos su doctor tumbaron la puerta encontrándola sobre él inconsciente, Ben se la llevó de allí poniéndola en la oficina del director general de hospital, la tendió sobre el sillón, y sacó un pequeño paquete con jeringas y frasquitos. Le inyecto un suplemento de nuevo en dosis muy altas para que su bebe se alimentara y ella volviera en sí. Sabía que los doctores estarían con Jang, atendiéndolo, por eso no se preocupaba pero sí, le preocupaba que Eun no respondía como debía a la inyección en su vena- Habló con una de las enfermeras para que los condujeran a un consultorio de ginecología, allí, la tendió en la camilla y destapo el vientre para ver que sucedía con su bebe. Al poner el frío gel en su vientre, su bebe saltó, esa acción se pudo apreciar al mover el aparato por su vientre, lo que tranquilizó a su doctor. Le pidió a una de las enfermeras que estuviera con ella mientras él revisaba que hacían con Jang.
La menor al escuchar todo lo que su papa le decía, brincaba de la emoción y aplaudía con mucha alegría, movía su cabellera de lado a lado presumiéndola mientras que alisaba los pequeños pliegues de su vestidito. Entre sonrisas respondió- ¡Sí! Yo quiero aprender francés, también italiano, japonés, portugués, alemán…. Hmmm no sé quiero hablar muchos idiomas y también quiero viajar mucho ¡como tú! -decía feliz mientras caminaba de su mano por aquel camino de pétalos y susurraba- Appa agáchate, tengo que decirte algo al oído…
Richard MacQuoid -los doctores le ponían una bolsa de sangre pero era un poco contaminada por lo cual sus venas se volvían negras
Seguía caminando con su pequeña-Si muchos idiomas amor… pero será en secreto… y mataremos a omma de curiosidad jajaja… -al escuchar que se agachara lo hace mirándola- ¿Qué pasa amor?-susurra mientras la mira-
-Ben entro notando la sangre que alimentaba sus venas por lo cual, molesto les pidió salir de aquella habitación, dada su amistad con el director general nadie se oponía a lo que decía aunque le miraban con gran extrañeza. Al quedarse a solas, quita el tubo conductor diciendo- Los humanos cada tontería que hacen… -respiraba hondo pensando como contrarrestar lo que miraba en sus venas, entonces recordó a los hijos de Eun y él, por lo que buscó en su celular los contactos tratando de ver quien podría estar con los pequeños.
La pequeña le miraba con cierta travesura al verle agacharse a su altura, entonces le dio un tierno abrazo y beso en la mejilla susurrándole al oído- Sí, haremos muchas travesuras juntos, por eso… es tiempo de volver, nos vemos pronto papi, recuérdame todos los días hasta que me tengas en tus brazos de nuevo ¿sí? Te amo -dijo mirándole con dulzura y separarse un poco para después golpear sus pectorales- ¡Hora de volver! -exclamaba mientras que de sus manos salían choques eléctricos para traerlo en sí, ya que en su realidad, Ben estaba usando un método distinto para hacerlo reaccionar, descargó varias veces en su pecho para hacer que su propio corazón bombeara oxígeno y produjera glóbulos rojos, de esa manera podría circular su sangre e ir drenando la poca sangre intrusa que obstruía sus venas.
Richard MacQuoid -al ver como su hija lo abrazaba y besaba su mejilla sonríe amplio, hasta despertar luego de los choques, mira muchas luces algo borroso, siente dolor en su cuerpo como si hubiera sido atropellado, se sentía como nuevo mientras recordaba el rostro de su hija Amaia, sonríe amplio sintiéndose cansado durmiéndose de nuevo.

No te conocí, no te conozco, no te conoceré

Elizabeth, fue a quirófano, llevaba puesta una bata azul, ella pasaría por una cirugía más delicada, se le implementaría un chip para el famoso cambio estético, guardaría algunas facciones y otras desaparecían por completo ante el ojo humano, sólo sus hijos la verían tal cual ha sido siempre, nada más. Se recostó con cuidado en aquella cama metálica, mientras iban conectándola a tubos en el pecho, las venas, la sien, respirador en el área de la boca. Ben se preparaba para entrar en cirugía, era algo delicado porque iba conectado del cerebro al corazón y aquel aparato, iba en una vena intermedia para ambas. Le inyectaron aquel liquido también a ella provocándole dormir, su ultimo pensamiento fue- Arishiteru… -cerró los ojos al tiempo que una lágrima se deslizaba por el contorno de su mejilla cayendo en sueños.

“ http://www.youtube.com/watch?v=hrISn5jmaAY
January 3 at 7:20pm
Yoon Eun Hye -miraba por la ventana cuando de pronto se reproduce la música, voltea y al verle una sonrisa brota en sus labios, lo llama con sus manos para que la abrace y al estar entre sus brazos le dice- Linda canción hermanito.
Jang Geun Suk -va hacia ella abrazándola por detrás recargando su mentón en el hombro de la menor mientras mira por la ventana- hermana ¿por qué estas triste?
Yoon Eun Hye -al escucharle suspiró diciendo- Debe ser la temporada invernal hermanito pero ahora -mencionó mirándole detenidamente y con su mano izquierda pasar un mechón por detrás de su oreja sonriéndole- pero ahora que estas aquí, ya me siento mejor, te extrañe mucho -mencionó frotando sus brazos con ternura.
Jang Geun Suk -sonríe mirando sus ojos y su cálida sonrisa acariciando su cabello admirando su belleza- Yo igual me siento mejor estando a tu lado.. Te extrañe mucho más de lo que te imaginas hermana… -cierra sus ojos y lentamente se acerca a su frente dándole un beso con sus labios calidos-
Yoon Eun Hye -le gustaba sentir aquellos brazos cálidos y protectores a su alrededor, era una mujer pero en esencia aún sentía la necesidad de protección, era lo que más extrañaba el calor a hogar. Al escucharle y sentir aquel beso sobre su frente, sus mejillas se ruborizaron con levedad, de pronto recordó muchas cosas y le sonrió con ternura frotando su mano derecha con sus yemas- Entonces de ahora en adelante, no nos separemos hermanito, sea el trabajo u otra cosa, veré la manera de que no sientas mi ausencia, somos tú y yo contra el mundo, ¿Arasso? -le dijo con ternura acariciando brevemente su mejilla feliz.
Jang Geun Suk -asiente moviendo su cabeza sin dejar de sonreír cálido mirando sus ojos que tomaban brillo aun abrazándola mas fuerte sin lastimarla- Si… siempre estaré contigo…. me hisistes mucha falta y en verdad nunca me separare de ti.
Yoon Eun Hye -ante su abrazo suspiró, de verdad le hizo mucha falta, por lo que, con cada palabra que le decía su corazón danzaba de alegría, le miraba con atención, ante su último gesto, colocó sus manos sobre las ajenas frotándolas con suavidad asintiendo a sus lindas palabras- Arasso hermanito, palabra de chica exploradora -mencionó en broma al final y lo abrazó con cierta fuerza como si fuera su osito de peluche susurrándole al oído- Sí, siempre juntos, siempre estaré presente para tí cuando necesites un abrazo, unas palabras de aliento, cuando estés enfermo, cuando te sientas triste, en los buenos, los malos y los peores momentos también, porque es cuando se demuestra quien realmente te quiere y yo… te querré siempre por sobre todo lo demás, te quiero Jang -le dijo con ternura depositando un dulce beso sobre su mejilla y frotando su cabello con levedad, recargando al final su cabeza sobre su hombro.
Jang Geun Suk -sonríe escuchando sus palabras haciendo que su corazón latiera rápido, acaricia su espalda mientras mira por la ventana- No quiero que seas más mi hermana… si alguien más… Sé que me rechazaras porque no soy el indicado para ti… pero esperaré.
Yoon Eun Hye -ante sus palabras abrió los ojos amplios sintiendo como su propio corazón latía a prisa, de pronto fue como si el alrededor desapareciera y solo quedarán aquellos dos seres al descubierto, sus mejillas se habían tornado carmesí, quería pronunciar palabras pero su propio nerviosismo ante lo dicho no se lo permitía. Cerró los ojos y lo abrazo con todo su ser quedándose entre sus brazos en silencio, escuchando los latidos del corazón ajeno y los propios. pensaba mientras estaba en sus brazos.
Jang Geun Suk -la mira mientras miraba sus mejillas tomando un color rojizo, después siente como la abrazaba quedando en silencio pensando que lo iba a rechazar, cierra sus ojos respirando profundamente. sonríe mientras acaricia su espalda sonriendo- Eun Hye… no contestaste lo que comente…. -susurra nervioso pensando-
Yoon Eun Hye -ante lo que le menciona toma sus manos y dice mirándole directamente a los ojos- Jang Keun Suk -menciona con calidez mientras sostiene sus manos- Quiero ser honesta contigo pero… necesito lo mismo de tu parte, quiero dejar… liberar lo que siento pero… necesito que tú me expongas bien tu situación… -menciono serena- Háblame de tu pasado que al parecer es de unas horas -dice serena entre risas- Quien es la chica que me dio like a lo que te mencione? -le pregunto con franqueza por lo que estaba por decirle.
Jang Geun Suk -sonríe sentándose bien y la sienta en sus piernas rodeando su cintura suspirando- Esa chica es mi ex esposa… con ella tengo 1 hijo… y tres adoptados… con ella siempre me la paso pelando de celos… de todo… siempre discutimos… ya la estoy olvidando… Pero ella siempre llega a mí… A decirme cosas… Que me confunde… Le he pedido que no me vigile… Que deje de meterse en mis cosas… siempre estamos peleando… me canse… me harte de todo… Por esa son mis razones de irme de aquí e iniciar otra vida…
Yoon Eun Hye Todo un pasado ¿eh? -inquirió suspirando y acarició su mejilla con ternura, depositó un dulce beso sobre su nariz y recostó su cabeza sobre su hombro acariciando sus manos- Ahora entiendo lo que comentabas al principio… y sí, iniciaras otra vida ¿cómo sería? -le preguntó con cierta curiosidad.
Jang Geun Suk -sonríe- seré el mismo… ya he olvidado todo…. solo quiero ser feliz y libre sin confusiones y peleas… sin enojos nada de eso…. enamorarme de nuevo y amar…. dar a esa persona el 100% de mí.
Yoon Eun Hye -al ver su sonrisa tiene deseos de besarlo pero se queda quieta y suelta un suspiró diciendo- Ahora sigo yo supongo -dice un tanto nerviosa al meditarlo, voltea a verlo detenidamente y dice- EunHye…. soy… una mujer que le gusta vivir historias, me gusta viajar, explorar, conocer, quiero hacer eso con mi pareja, puedo ser quien él quiera que yo sea, ese es mi propósito en este mundo Jang… Hace unos meses, dos me parece, inicie una relación con una persona… una semana fue lo máximo de convivencia real -dice al reír negando suave- de ahí en adelante, ha sido visitas prolongadas, cinco minutos a lo mucho quizás en una o dos semanas maso menos… yo había terminado las cosas pero por mi corazón de pollo acepte estar allí de nuevo pero -dice al entrelazar sus manos y derramar una lagrima- pero no me es normal que llegues tú y sienta que mi mundo se ha volcado por completo, contigo siento algo que no sentía antes, tengo miedo no lo voy a negar, soy fuerte y consciente de muchas cosas pero -dice al pegar su frente a la contraria- Si estás dispuesto, yo también lo estaré, tú y yo contra el mundo… esa frase me gusta para los dos -susurro
Jang Geun Suk -limpia sus lágrimas mirando sus ojos- Yo… daré todo lo mejor de mí… te conquistaré tu corazón. A mi también me gusta viajar y explorar nunca lo he hecho con mi ex por tanta discusión… Pero contigo siento que sería diferente
Yoon Eun Hye -sentía una fuerza oprimiendo su pecho, por lo que lo abrazó con fuerza escondiendo su rostro en su cuello y meditando en lo que haría mencionó- Creo que… lo mejor será que bloquee a esa persona para que no se lastime ni lastime, ¿sí? Me arriesgare contigo a todo -musito al mirar detenidamente sus ojos depositando un corto beso sobre sus labios.
Jang Geun Suk -agarra su mejilla acariciándola- Yo… ya le puse fin con mi ex…. le dije que me enamore de ti… ella dijo que nunca se meterá conmigo ni contigo… ella leyó todo la foto donde comentamos…, yo dejare todo para tenerte a mi lado… soportare todo… Tu y Yo contra el mundo enfrentaremos juntos todos tipos de obstáculos… nos apoyaremos en todo para ser felices… daré todo de mi… todo.
Yoon Eun Hye -ante sus cálidas caricias asiente mirando su reflejo en sus ojos y escuchándole con atención hasta sus últimas palabras, lo abraza, aferrándose a él- Neh, ya… ya no habrá manera de que esa persona tenga acceso a mí- musitó segura- Tú y yo contra él mundo -finalizó acariciando su mejilla y acoplar sus labios a los ajenos sintiendo que su corazón vibraba con tan solo sentir aquella fina y suave textura del contrario- Amor… -mencionó un tanto sonrojada ya que era la primera vez que llamaba así al mayor pero esperaba que no fuera la última.
Jang Geun Suk -Esboza una sonrisa tierna al escucharla haciendo que sus mejillas tome color rojizo- Sí… Amor… -acaricia sus brazos lentamente apegándola más a él respirando el aroma de su hermoso cabello.”

Elizabeth mira a su alrededor, la brisa jugaba con las telas de su vestido blanco con hilos escarlatas, se sentó en el pasto con los pies hacía el lago que estaba frente a ella, a su espalda estaba un enorme y frondoso árbol de cerezo, llovían cerezos, sus pétalos caían sobre las aguas, creándose leves hondas, Elizabeth estiraba sus manos sosteniendo algunos pétalos sobre sus palmas, de pronto era la melancolía de saber que sólo sus sueños eran eternos. Respiró hondo, sin sonreír, su mirada era triste, cansada, de esas veces que el corazón ya está por demás agotado, cuando sólo quiere ya descansar, no pensar, no sentir, ausentarse de su realidad.

Las horas trascurrían en aquel quirófano. Mientras los rayos del sol, atravesaban las ventanas de sus tres pequeños, que de apoco abrían sus ojitos. Ben, terminaba de la cirugía; la llevaron a una habitación normal, aparentemente todo había sido un éxito.
Ben fue a revisar a los niños, les mostró fotografías de personas, entre ellas había escenas de Jang pero los niños no mostraban gran sorpresa. <> se decía él mientras miraba a las enfermeras con cierto agrado. Más tarde, Ben fue a ver a Elizabeth, ante sus ojos, era distinta, aunque en la esencia era la misma.

—Elizabeth… -susurró. Mientras que ella, se encontraba en sus sueños mirando al cielo sintiendo la lluvia de pétalos sobre su rostro, respiraba hondo al sentirse en paz consigo misma y de pronto, sus ojos tornasol, se abrieron, al verle, ella le sonrió y preguntó-
—¿Ben?
—Sí… soy yo Elizabeth…
—Mis hijos…
—Tranquila, ellos están bien, pronto vendrán a verte… pero antes de eso, necesito que… veas algunas fotografías y reconozcas a familiares.- ante su indicación ella asintió. Entonces fue pasándole de sus hermanos, de su appa, de sus hijos y entre esas fotografías, se encontró una de él, al verla, Elizabeth la tomó entre sus manos por unos segundos, frunciendo el entrecejo, por un momento Ben se preocupó pero entonces sonriente musitó.- Este joven se parece a mi bebé Leo jaja pero no le conozco, ¡Next! –decía con naturalidad mientras continuaba tomando las fotografías. Ante su reacción, Ben respiró hondo, sentía alivio. Fue por los niños y al verle, Leo y Enzo corrieron hacia ella mientras que Amaia sonreía animada y aplaudía balbuceando. Elizabeth, tomó a la pequeña entre sus brazos llenándola de besos para después hacer lo mismo con Leo y Enzo.- Mis hermosos, mis principitos, mis tesoritos, míos, sólo míos.

<Está bien Elizabeth, así será.>>

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Elizabeth Pastel de Chocolate MacQuoid

Llega después de la indicación contraria, mira alrededor algo satisfecho por el lugar buscando directamente el sofá mas cercano para dejarse caer en el, era bastante cómodo, sin duda ayudaría demasiado a pasar un buen rato. Momento después su mirada se posó en ella, sus labios se enarcaron mostrando una ligera sonrisa.-
Entonces... ¿Prefieres algo en especial? ¿Alguna temática o simplemente así?

-sin duda, su casa era bastante amplia, tenía una hermosa vista pardisiaca de Liverpool, por lo que, al verle sentarse en el sillón de su sala, hizo una indicación a su sirviente para que trajera una botella de Champagne y otra de vino tinto. Le miró detenidamente formandose poco a poco una sonrisa traviesa mientras le escuchaba, fue caminando un pie tras otro pie hasta llegar a escasos centimetros de él, inclinó su rostro al suyo y mirandose fijamente en sus ojos avellana musitó- ¿Tienes alguna fantasía por cumplir querido? -preguntó con cierta picardía para despues agregar- Elizabeth MacQuoid, creo que es indicado saber como nos llamamos ¿Cierto? -le interrogó sin apartar su rostro del contrario contemplando por unos momentos aquellos labios un tanto seductores para su gusto.

-aquella forma contraria de aproximarse hacia él le había parecido absolutamente seductora, más allá de ella y su físico era la manera de comportarse, de acercarse hacia él. Notó como despedía al mozo y lo que había encargado, sin duda el plan era pasar un buen momento. Una de sus cejas se enarcaron al tenerla tan cerca, en ningún momento su sonrisa mediana desapareció del rostro. El cuerpo se inclinó hacia adelante ligeramente quedando aún más cercano a ella, tanto que sin tocarle ella podría sentir su propio aliento.-Mucho gusto, Yong Hwa a tu servicio... Jung Yong Hwa, y mi único requisito es que no tengas pena de nada, eso me agrada aún más.

-aquel tono de voz del contrario creó cierta reacción en su interior, por lo que al poder sentir aquella caricia en sus labios con la calidez de su aliento, musitó.- ¿ A . . . mi servicio? Entonces puedo despedir a la servidumbre -mencionó en leve broma para despues negar levemente sin apartar su rostro de él y ante lo ultimo meditarlo un poco agregando.

-¿ Sabes preparar postres YongHwa? Porque tengo cierto antojo por los pasteles decorados.-mencionó sin apartar su vista de su rostro y delinear con su dedo indice sus labios, desde que les miró llamaron por completo su atención-

-sintió esa mirada sobre los labios propios, sin duda era algo a lo que la chica había gustado. Aprovechando el hecho humedeció ligeramente los labios deslizando la lengua sobre estos con discreción dejando en ellos un brillo sutil. Su sonrisa ahora se marcó un poco más y ladeó ligeramente el rostro.- Postres, jamás los he preparado, pero no me niego a experimentarlo una primera vez, de hecho pensarlo ha hecho crecer mi curiosidad. ¿Qué se te antoja? .-al mencionar lo último levantó la diestra acariciando la mejilla ajena y con el pulgar deslizar sobre los labios contrarios en una caricia.-

-ante aquella acción del contrario, sentía como una voz interior deseaba calmar su sed, de pronto aquellos labios acolchonados eran un oasis en un desierto. Por lo que, en un impulso, rozando sus labios sin besarle musitó.- Podría ser un pastel de chocolate, un pastel de cerezas ó un pastel de tres leches. . . Estoy segura que en mi cocina se encuentran todos los ingredientes YongHwa -susurró al final sin despegar su vista de la ajena, sintiendo aquellas yemas sobre la redondez su mejilla, estaba por sonreir cuando aquel desliz sobre sus labios provocó que sintiera un aire tibió recorrer su espina dorsal por lo que estilizó su figura separandose un poco al instante que, tomaba aquella mano para guiarle a la cocina. Mientras mencionaba.- Chef YongHwa tendremos mucho que cocinar -dijo al entrelazar sus dedos y mirarle por encima del hombro con cierta picardía.-

-sus labios se abultaron un poco cuando su mano se unió a la ajena haciendole levantarse del sofá, era mas alto que ella. Su mirada al caminar un poco mas atrás no dudó en recorrer el cuerpo contrario e imaginar al momento ir un poco mas allá en una situación mas candente, vaya que le gustaba la idea.- Chocolate, me gusta el chocolate, comería el postre entero.-susurró sin detener sus pasos tras ella sin fijarse bien en el recorrido, no era algo que le robara la atención, ahora estaba a la expectativa de lo que sucedería.-

-el sirviente había llegado a la sala y al no verle se preocupó, por lo que regresaba a la cocina por una de las entradas cuando les miró llegar, al verles hizo una reverencia un tanto apenado a lo que Elizabeth le dijo.- Por este día, el servicio tiene el día libre, excepto los guardespadas, ellos deben continuar cuidando los alrededores de la casa. Puedes retirarte y no quiero que pasen más de diez minutos cuando todos se hayan ido ¿Entendido? -habló seria al sirviente mientras este asentía con la cabeza. Al retirarse, ella se giró con cierta sonrisa en su rostro y colocó sus brazos por encima de los hombros ajenos, pasó su diestra por la nuca del contrario, acariciando sus finos hilos azabache. Definitivamente era más alto que ella, por lo que alzó su rostro y presionó suavemente sus labios en su cuello, separó un poco mirandole y musitó.-
Saca del refrigerador. . . Chocolate liquido, fresas, piñas, uvas, crema batida, Fresa liquida . . . Esos serán nuestros ingredientes Chef -mencionó mientras le sonreía.-

-escuchó la autoridad con que la mayor hablaba, sin duda era la sensualidad en voz. Miró al mozo retirarse, no hacía falta dar palabra alguna que completara la acción hacia aquella persona, quedó observar con la mirada hasta que esa persona desaparecía de la escena y al verle girarse a el abrazandose al cuello las manos en el instante se posaron en la cintura ajena, era muy delicada, fina. Tal como a él gustaba, presionó un poco los dedos para sostenerle con firmeza y levantarla un instante hasta dejarla reposando al borde de una de las superficies, una barra con suficiente espacio. A su pesar se separó para ir hasta la nevera y abrirla, su mirada ubicó todo lo mencionado y con cuidado sacar todo. Sus manos se llenaron, tuvo que usar una de sus piernas para empujar la puerta y se cerrara nuevamente. Regresó hacia ella dejando todo en un costado. Sus manos libres tomaron las rodillas ajenas separandolas dejando así espacio suficiente para su cuerpo entre estas y sus manos ahora recargarlas en la parte exterior de sus piernas.- Se me antoja bastante este postre.

-Elizabeth tenía muchas facetas, sin duda era una vida un tanto compleja, a veces era como un rompecabezas pero de momento una de esas piezas se llamaba “désir” como se le conocía en francés. Al sentir aquellas manos firmes, gruesas alrededor de su cintura no pudo evitar sonreir con cierta travesura, era una de las cosas que más le provocaban, sentirse sujetada por alguien con decisión. Deslizó su dedo indice por su perfil, delineando de nuevo sus labios, aquel labio inferior le retaba a cada instante, era como un “look at me, I’m here for you” Aquella frase causaba estragos en su interior pero con temple sólo mostró aquella sonrisa traviesa. Se dejó colocar por él como muñequita de aparador sobre aquella barra y al verle alejarse respiró el aroma que dejaba el mayor a su paso. Sus ojos le miraban con cierta curiosidad al inclinarse, aquel perfil, varias ideas pasaron por su mente por lo que agitó con levedad sus cabellos castaños y de pronto, al verle regresar a su lado, desvió su vista a los ingredientes que quedarón a un costado, aquela distracción le dió ventaja al mayor por lo que, una mirada sorpresiva se apoderó de ella al instante que sintió aquellas caderas encajando con sus muslos, río con levedad mientras le acercó de la corbata a hacia ella, rozando sus labios al decir.- Ah, el chef esta ansioso, me gusta su espiritu aventurero chef -mencionó con cierta diversión y fue desatando el nudo de su corbata al mismo tiempo que sin resistirlo más mientras sus ojos se detenian en aquellos labios, ladeó su rostro y acopló sus labios a los ajenos, moviendolos lentamente de arriba hacia abajo con cierto deseo.-

-pensaba contestar, pues sus palabras sin duda le incitaban cada vez más, el simple ambiente que ya se había formado entre esos dos cuerpos en el espacio le era suficiente para querer mas de ella. No pudo pronunciar palabra puesto que sus labios se callaron ante el beso, sin duda el haber sido atraído de la corbata le había causado un placer momentaneo, si bien ella no lo conocía el mismo sabía que esos tintes salvajes le volvían loco, tal vez después ella lo notaría, no le preocupaba en el instante. Sus labios ahora entreabiertos recibieron los contrarios, dejando claro que la punta de su lengua, húmeda y caliente comenzara a actuar por cuenta propia masajeando los labios ajenos con el fin de segundos después encontrar la lengua ajena y enredarse una y otra vez. Al mismo tiempo sus manos se inquietaron más, rodearon una vez más su cintura, bajando despacio a su cadera para recorrer esta, luego sus muslos apretando de distancia en distancia su piel haciendo que ella pudiera sentir sus dedos claramente y luego volver a hacer el recorrido hasta dar con su espalda baja, aquella parte que por la posición hacía que su trasero se marcara más, hizo una nueva presión con las manos. pronto podría hacer su propio postre, idea que le tenía fascinado.-

-su cuerpo ardía en cierto deseo, por lo que al sentir el roce humedo de aquella lengua, un jadeo se pronunció entre sus labios entre abiertos, jaló por completo aquella cortabata y le acercó más a su cuerpo, presionando sus yemas por encima de aquella camisa, continuó con el juego de sus labios pero ahora al contrario, su lengua acariciaba la contraria por sus laterales para despues por su alrededor y más tarde, succionandosela repetidas veces para finalmente succionar los labios ajenos y soltarle lentamente mientras retomaba su aire con cierto placer. Aquellas manos demostrandole su poder, sin duda lograban su cometido, estaba desiosa de él, de su calor, de su cuerpo. su mirada brillosa se clavó en el rostro ajeno y sus dedos fueron desbotonando esa camisa mientras susurraba entre sus carnosidades- Sin duda un postre exquisito a la vista.-al lograr desbotonar aquella camisa por completo, la fue deslizando dejando ver aquel torso desnudo, no dudo y llevó sus labios a su hombro, rasgandole con suavidad mientras presionaba con sus muslos las caderas ajenas sintiendo un tanto más sobre su cuerpo.

-dejó que lo acercara más, su abdomen que era de músculos bastante marcados ahora se juntaba al vientre ajeno, la diferencia de altura así lo requería, le encantaba sentirse deseado. La separación ahora de sus bocas le sirvió para retomar aire mientras su vista se posaba en las expresiones contrarias, era una mujer sumamente sensual, lo que lo tenía encantado, mantuvo sus manos quietas hasta tener que retirarlas para deslizar completamente su camisa y sacarla, la dejó a un lado. Mientras recibía las caricias sobre el hombro el mismo tomó una de las manos ajenas haciendo que su palma caliente vagara por sus propios abdominales, claro que así podría sentir cada borde de sus marcados músculos, él le ayudaría a eso, la otra mano libre acunó directamente uno de sus senos por sobre la ropa, no iba a esperar mas para comenzar a rozar sus curvas, sus ganas ya no le permitían dejar pasar el tiempo sin actuar. Sus párpados cayeron para cerrarse y disfrutar tanto de las caricias ajenas como de las propias.-

-rasgaba con sus dientes aquel hombro del mayor al mismo tiempo que respiraba su aroma, aquella fragancia entre maderas y citricos le deliraban. De pronto, al sentir como su mano era guiada, se estremeció, desvió su rostro contemplando aquella danza entre sus yemas y el abdomen ajeno, deslizó sus digitos por su pectoral, acariciando su tetilla con cierta lentitud mientras presionaba sus labios en su otro pectoral, continuó deslizando su dedo indice por enmedio para delinear cada linea marcada, se relamió los labios dejando que sus sentidos se agudizaran, sin duda era exquisito sentirle, y su imaginación crecía al imaginarle sobre su propia piel de porcelana. Deslizó su dedo hasta llegar a la orilla de aquel cinturón, jugó un poco mientras alzo su rostro hacia el ajeno y chupó lentamente su barbilla continuando con su recorrido por su cuello, succionandole y jalando aquella capa de piel con lentitud, dejando así tatuajes purpuras sobre el mismo, le gustaba el juego de tonalidad sobre aquella piel. Su otra mano, fue deslizandose lentamente por su espina dorsal, hasta llegar a su espalda baja, entonces, con sus labios fue continuando aquel recorrido, siendo ahora sus labios quienes sintieran aquellas lineas marcadas del cuerpo ajeno.
-YongHwa -susurró con cierto placer mientras sus labios recorrían su abdomen.

-estaba completamente inmerso en el placer que cada caricia ajena le otorgaba, los labios marcándole la piel, en momentos sentía las mordidas provocando las marcas más oscuras, en ningún momento haría por detenerle, le encantaban sus maneras, la humedad que iba dejando a su paso. Ahora cada caricia manual ajena le aumentaba la expectativa, pero ahí era.. el momento del juego, la notaba excitada, deseosa.. por lo que se apartó un momento con la sonrisa más marcada en su rostro.- Ahora me toca a mi preciosa.-una vez con poca distancia de por medio recorrió la barra quedando por la espalda de ella, sacó despacio el saco negro que portaba, la vista de la blusa azul y bordes de encaje le era entallada, sus curvas se marcaban perfectamente dejando también ver sus hombros, la blanca piel llamaba a ser atendida.- Disfrutemos del sabor del ingrediente principal.-susurró mientras apartaba el suelto cabello hacia el lado contrario y al final pegar sus labios a la piel ajena comenzando con suaves mordidas a su cuello, a la par de obtener el olor del perfume que usaba, deliciosa. Sus manos por debajo de los brazos contrarios en el momento buscaron los senos para acariciarlos por encima de la prenda, marcando círculos con las palmas, presionando y liberando una y otra vez.-

-sus labios se presionaron con suavidad por arriba de su ombligo cuando un aire refrescaba su rostro al ser separada. Le miraba atenta mientras aquellas palabras eran la entonación de una dulce melodía. Sentía como poco a poco aquel saco le abandonaba. Notaba como aquella mirada se detenía en el juego entre los bordados y tela de su blusa aquamarina, una sonrisa coqueta se plamaba en su rostro mientras que ante lo dicho suspiró sintiendo una breve rafaga de aire por su cuello al movimiento de sus cabellos castaños. Al sentir sus labios acolchonados sobre su cuello, un jadeo se apoderó de sí. su mano derecha acarició entre los cabellos de su nuca mientras la otra mano se sujetaba de su antebrazo izquierdo, cerraba los ojos dejando que sus sentidos dominarán en ella por lo que estiró su cabeza hacia atrás sintiendo como de pronto sus yemas fueron al contacto con su busto, aquellas circulos continuos arrancaron un gemido al instante que su cuerpo se contraía ante aquel placer, de pronto sentía que aquella blusa quemaba su piel por lo que susurró entre gemidos.-YongHwa. . . me quema la blusa.

-estaba jugando, sí, sabía que ella deseaba más, tal vez menos de lo que ahora él deseaba y que intentaba no dar a notar, ya se había vuelto un juego sumamente placentero; las palabras no sobraban, a él gustaba en extremo escuchar cualquier mención emocional, ya fuese de gusto, de queja, de petición. Sus manos sostuvieron firmemente las muñecas contrarias levantándolas para que sus brazos quedaran arriba y enseguida levantar la blusa hasta lograr eliminarla del panorama, ese sostén que delineaba el diametro de su figura, echó un vistazo desde atrás de su cuerpo, podía ver por encima de su hombro esas curvas que el sostén cubría, cada vez su instinto despertaba mas, que encanto, desde ahí podía saborear la piel que aún no probaba. Una mano deshizo el broche del sostén dejando caer este y liberando sus prominentes senos que acarició impaciente volviendo ahora a recorrer la piel de su hombro y cuello con los labios mostrando un poco mas de agitación y susurrando cerca de su oído.- Quiero más, quiero chocolate.

-al sentir como aquella prenda acariciaba su piel, respiraba hondo sintiendose liberar. Al quedar sólo en aquella capa de tela de encaje aquamarina, le miró por detrás del hombro con una sonrisa picara.- Existen muchas clases de chocolates -susurró y de pronto al regresar su vista al frente. Fueron instantes cuando se cambió aquella tela de encaje por aquella tela de nieve, unas manos gruesas y prominentes que cubrían sus senos.- ¡Ah! -jadeo al contacto firme de su piel contra la suya y recostó su espalda en su pecho al mismo tiempo que escuchaba sus palabras y podía sentir el calor ajeno, por lo que su mano izquierda fue palpando hasta llegar a aquellos recipientes, su mirada encontró lo que buscaba y le tomó. Lentamente virtió el chocolate frío entre sus senos, arrancandose un gemido al instante que recostaba su cabeza sobre su hombro e iba chupando su cuello susurrando.- Disfruta el chocolate. . .

-una sonrisa teñida de perversión apareció en sus labios, aquel camino de chocolate que iba bajando poco a poco por sus senos le llamaba, le antojaba, su boca lo daba a saber, salivaba con ganas de probar. Terminó por recostarla completamente en aquella superficie de la barra, ahora estaba expuesta totalmente a él, con el chocolate brillando sobre sus senos que se acomodaban a gusto de la gravedad, sus labios nuevamente se relamían, no iba a esperar más. Disminuyó la distancia comenzando a pasear su lengua y labios por el vientre ajeno, un poco mas arriba despues hasta dar con lo que buscaba, el chocolate que adornaba perfectamente sus senos, el cual fue tomando poco a poco con la lengua parando en uno de sus botones, rosado y erecto, lo sostuvo entre sus dentes acariciandolo con la lengua y en un solo movimiento de succión envolverlo entre sus labios para ingresarlo a su boca. El sabor que ahora embargaba su gusto era fabuloso, la textura de su pezón era perfecta, le había pedir mas. Una vez que terminó de lamer el chocolate de ese lado pasó al otro, en ningun momento despegando sus labios de la piel del pecho y repitiendo el procedimiento en el otro seno, era una de las zonas favoritas, le volvía loco. Claro no era la única forma de placer para ella pues su mano mas cercana a los muslos femeninos se coló entre estos para acariciar su zona vaginal por encima del negro pantalón, la atención era clara, quería hacerla disfrutar cada instante.-

-el chocolate iba bañando sus senos con lentitud, y fue entonces como cual muñeca de porcelana, se fue dejando acomodar en aquella barra, respiró hondo haciendo que sus senos se pronunciarán ante él, eran como dos montañas ergidas y él, era el viajero que recorrería sus caminos. De pronto la humedad de su lengua le refrescaba y provocaba que su respiración se agitará. Aquellas succiones de sus labios frondosos contra sus pinceladas coral, provocaban que su vientre se contrajera y sus piernas se movieran tratando de evitar alguna reacción pero era imposible, ya estaba dentro de aquel mar de placeres. Por lo que, leves gemidos procedían de sus labios y de pronto, sintió sus yemas acarciarle por encima de su pantalón sastre.-¡Ah! -exclamó en un hilo de voz mientras se mordía el labio inferior y estiraba sus brazos por detrás de su cabeza al disfrute de su roce, por lo que una de sus piernas, en reacción rozó por encima del pantalón sastre del mayor, pudo sentir aquella frondocidad atrapada en aquella tela oscura, se sentía duro, firme, por lo que centró su vista en la ajena mientras una sonrisa llena de lujuría se clavaba en la ajena, bajó lentamente su dedo indice derecho por el perfil del mayor, deslizandose por su clavicula, pasando por en medio de aquel abdomen marcado y entonces se detuvó en la orilla de aquel pantalón, de nuevo su dedo quería liberarle, por lo que mencionó.-Al chocolate se le debe quitar la envoltura por completo, para apreciar su forma, textura y gustar a gusto y placer de su sabor ¿No te parece Chef? -preguntó mientras su mano desabrochaba aquel cinturón y jaló el mismo con precisión, tomandole y colocando por detrás suyo, quizás más tarde le usaría. Y de nuevo, regresó su mano a aquel pantalón acariciandole suavemente por encima.-Exquisita textura de este chocolate -susurró.

Te gusta el chocolate, esta a la espera de ser degustado.-respondió, su voz era baja, entrecortada, apenas había logrado ingerir aire suficiente para poder emitir palabra, le había sorprendido esa forma hábil de deshacerse del cinturón, sorpresa agradable, se separó incorporando su cuerpo un momento para poder verla ahí, tendida en la barra, tan suave la piel, brillando ante él y a la espera de la unión de esos cuerpos, ya llegaría su hora. Para dejarle espacio a que lo acariciara tal como había iniciado y que sin duda le había fascinado bajó una de sus manos, la colocó sobre la ajena en su propio cuerpo haciendo que se presionara a él, a su pantalón para que notara la dureza, el tamaño y la anchura que esperaba impaciente por ella, exigía mas de esas caricias. La mano que se encargaba entre las piernas ajenas subió a la pretina del pantalón que ella vestía, le ajustaba perfecto, mas quería tenerla mas expuesta, desabrochó así el pantalón y bajó el pequeño cierre comenzando a bajarlo como podía, incluso dejando que ella se encargara de acariciarlo y con las dos manos ir descubriendola, despojando aquel pantalón que le detenía de tener la piel ajena mas expuesta a el, dejando ver esa prenda inferior a juego con el sostén que yacía distancia sobre el suelo; Lo bajó hasta sacarlo completamente, solo esa pequeña prenda le cubría. Hizo el mismo recorrido acariciando sus pantorrillas, sus muslos y para comenzar empujar a un lado la delgada y sensual prenda con un dedo y con un dedo mas comenzar a acarciar por encima de sus labios vaginales. Aún no miraba,pues su vita se posaba en cada gesto ajeno, amaba ver lo que en ella provocaba.-

-aquel timbre de voz provocó que su mirada se tornará un tanto profunda, meditativa y misteriosa. Era una invitación que quería no tuviera fecha de caducidad. Por lo que las yemas de su delicada mano continuaron su travesia y fue una sorpresa el sentir aquella mano fuerte y algo caliente por encima de la propia, al presionarle contra su bulto, sus labios se entreabrieron al sentir aún más su miembro por encima de aquella tela. Sus yemas se movieron a las orillas del mismo deslizandose de arriba hacia abajo, para con su pulgar acariciar por el largo del mismo, al bajar hundió un poco más su mano mientras una sonrisa traviesa le invadía, continuó con su juego un par de caricias más para ascender hasta su punta y con sus yemas acariciarle al tiempo que se relamía los labios, sin duda aquel chocolate prometía ser una delicia al paladar. Ante aquellas acciones del mayor, sus el color de sus ojos cambiaba en tonalidades, tenía el beneficio de cambiar bajo el estado de sus emociones, pasaron de avellanas, a aceitunados, para despues tornarse aqua y reducir su intensidad a grises, estiró su cuello hacia atrás sintiendo aquella caricia del aire al quedar sus piernas desnudas, liberadas de aquella tela sastre. De pronto, al sentir como sus yemas ascendían de sus pantorillas hasta aquella delgada tela de encajes y satin que cubrían su monte, jadeo, mientras en su interior un liquido caliente le recorría, estiró de nuevo su cabeza hacia atrás cerrando por un momento sus ojos mientras sus pies se colocaban en punta dado sus años en el ballet, una de sus manos se apoyó en su hombro derecho mientras su respiración acortada no le permitía emitir palabra alguna, aquel dedo comenzaba a ponerla en dificultades mientras su vientre se contraía y su otra mano en respuesta de nuevo acariciaba el largo de aquel bulto.-

-por el momento tenía una mano libre, descansando al lado de su cuerpo, la mirada perdida en el rostro ajeno y también en las caricias que ella atendía en su propio cuerpo. El cuerpo contrario respondiendo a las caricias que el daba era exquisito, era un panorama sin igual el cual no cambiaría por nada. La mano libre se encargó de desabrochar el propio pantalón y bajarlo lo suficiente trayendo consigo el boxer, le era necesario pues la tela que cubría comenzaba a lastimar, su erección estaba plena. Ahora el ancho y largo pene se hacía presente, tomó la mano que antes lo acariciaba sobre el pantalón e hizo que esta lo envolviera, así de autoritario se había visto en el momento, no le importaba pues necesitaba esa atención. Giró su mirada a las piernas que tenía frente a el y con mas énfasis acarició su zona vaginal empapando sus dedos de los jugos que comenzaban a emanar de ella, ahora lucían aperlados, bañados de ella, de su calidez, sin dudarlo insertó el medio en la cavidad estrecha, regalando un fuerte gemido, era perfecta.-

-al sentir como la mano ajena comenzaba actuar, regresó su vista a él, contemplando el espectaculo que estaba frente a ella. Le gustaba lo que miraba, sus dientes rasgaron su propio labio al imaginarle de otro modo, erecto, duro, frondoso, sin duda era un chocolate que merecía ser degustado, por lo que, su mano le envolvió mientras le sonreía con cierta travesura, con su otra mano le acercó de la nuca a su rostro chupando sus labios al mismo tiempo que su mano comenzó a friccionar de arriba hasta su base con cierta lentitud, deslizó sus yemas a sus testiculos y fue masajeandole al tiempo que entre sus labios, su lengua le acariciaba por sus laterales, conforme aquel beso se intensificaba, su mano agilizaba su movimiento con más rapidez sintiendole de pronto caliente en su mano. Se separó creandose un hilo trasparente entre sus labios, sus mejillas estaban carmesí, mientras sentía que su interior le quemaba. Ante lo hecho por el contrario en su interior, gimió moviendo sus piernas a sus costados en reacción, acercó su rostro al suyo pegando su frente a la suya, mientras su mano continuaba frotando su miembro notando como este vibraba, por lo que sintiendo como su propia intimidad se humedecía susurró.- Quiero mezclar los ingredientes Chef -mencionó en jadeo mientras su mirada se clavaba en la ajena y su otra mano acariciaba entre sus cabellos, de pronto sólo quería sentirse suya por completo.

-sus labios se entreabrieron, después de aquel beso que se profundizaba al igual que las caricias recibidas le estaba provocando entrar en un intenso y delirante placer que no buscaría detener en momento alguno, todo lo contrario. Su mano caliente recorriendo su pene, que no podía presentarse ya mas erecto, daba un placer que le llenaba de ansias, la mano propia vagando en el interior contrario las aumentaba, no podía esperar mucho mas. Removió el mismo sus prendas ayudado por sus piernas, moviendolas hasta lograr sacar la tela por debajo de sus pies y haciendo que ella soltara su miembro, no quería, pero al igual que ella necesitaba “combinar ingredientes”.- Hagamos el postre, pero antes debo calentar mas el horno.-dicho lo último guiñó un ojo hacia ella, sabía que lo que venía le gustaría, tomando las caderas contrarias bajó completamente la última prenda que le cubría el cuerpo, la retiró con algo de sutileza pues ya no era algo que deseara tener en su camino, ahora podía mirarla completamente desnuda y expectante hacia el. Cambió su postura, ahora le ayudo a girar el cuerpo ligeramente así, recostada, frente a el. Con las palmas tomó sus rodillas y dobló las piernas y sin dudar palpó el camino hasta dar con el chocolate dejando caer solo una gota en aquella zona mas sensible que el cuerpo entero.. su clítoris, dejó la botella y acarició sus muslos sin retirar la vista de sus gestos, así detallarlos hasta dar el primer toque lingual en aquel camino trazado por la gota de chocolate.-

-ante aquel juego de palabras, no pudo evitar sonreír un tanto divertida por lo dicho pero su sonrisa quedo estatica al momento de aquel guiño, aquel hombre tenía un porte un tanto interesante para sus ojos, era la mezcla de un hombre y un niño, no había mejor combinación que esa. Por lo que, al sentir como aquella delgada capa era quitada, su mirada se fue deslizando por el cuerpo del mayor, era lo justo, por lo que, al tener la mirada ajena clavada en su anatomía, estilizo su postura, era como una muñequita modelando ante sus ojos.- ¿Al chef le gusta la forma de su chocolate? -preguntó un tanto coqueta para entonces ante lo hecho por el mayor, sentir como su cuerpo temblaba, un aire tibio recorría su espina dorsal, aquel liquido dulce se deslizó como en caricia sobre su intimidad.- ¡Mmm! -sólo pudo salir de sus labios al sentir como su corazón latia a prisa. Entonces, suspiró expectante a las acciones ajenas que más tarde serían recompensadas.

Este chocolate es perfecto, me gusta que se derrita en mi boca.-habló con seguridad para proseguir con sus acciones, la punta de la lengua se encargó de acariciar su clítoris, succionarlo hasta eliminar el chocolate que había resbalado y enseguida hacer paso entre sus labios vaginales, esa suavidad y jugos que presentaba no podía darle menos deseo, era perfecta, le provocaba desear cada vez mas de ella, aun si no había manera de darlo a notar pues su erección había llegado a su punto máximo. No podía perder oportunidad de recorrer sus muslos con las palmas, calientes ya por la temperatura interna que su ser había alcanzado, esas piernas blancas y suaves que rodeaban su torso, las que se llenaban de lujuria para el, solo para el y nadie más. Su lengua ya no paraba, recorrió desde su clítoris hasta su ano en movimientos precisos, volviendo para insertarse lo más que podía en su entrada vaginal, absorbiendo sus jugos quedando su aliento con sabor a ella, no había mayor premio que ese, saberla de él, por lo menos en ese momento sin importarle nada más que eso. Una de sus manos bajó para comenzar a estimularse el mismo mientras la atendía, ya pronto se uniría a ella, eso le hacía aumentar el deseo.-

¡Ah! ¡Sí! -exclamó en jadeo sintiendo como aquella lengua se movía con cierta habilidad en su intimidad, ante sus sentidos, sus manos buscaban algo a que aferrarse por lo que usó el borde de la barra como sosten, sus piernas se movían levemente mientras su respiración acortada y caliente denotaba que era llevada al filo de sus emociones. Aquellas manos resultaban como seda sobre su piel de porcelana, sus senos se ergían como resultado de su respiración, mientras su vientre se contraía, con sus plantas acariciaba su espalda suavemente.- ¡YongHwa! -salía de sus labios entre gemidos mientras aquella lengua le recorría por completo entre sus piernas. Su cabello quedaba suspendido por momentos en aquel borde pero entonces tomó un poco de aire y entremetió sus dedos entre sus cabellos, disfrutaba cada acción del mayor y deseaba corresponderle de la misma manera por lo que susurró. Eres un exquisito Chef YongHwa. . . Quiero -susurraba entrecortada- Complacerte tambien, quiero el chocolate en mi boca -susurró y su mirada buscó la ajena.

-tener ese sabor dulce del chocolate ahora combinado a los jugos que provenian de ella daba en su aliento un sabor inigualable, era perfecto, sus olores, sus sabores, sus sonidos, escucharla gemir para él era música para los oídos, era algo que disfrutaba en exceso pues le dejaba conocer el sentir de lo que él mismo causaba; sus labios se separaron un instante y sonrió para el mismo.- ¿El cliente quiere el postre del chef? Al cliente lo que pida.- se levantó y recorrió la barra para quedar de pie al lado de la barra, mas en ningún momento dejó de atender su entrada vaginal, ahora con los dedos que jugueteaban en su interior.- Vamos, prueba tu postre.- tomó el chocolate dibujando una línea a lo largo de su falo y mantuvo su vista en ella, esperaba que actuara a placer pues para eso estaba.- ¿Podrás con todo?

Eso habla de un servicio exclusivo, personalizado. -susurró un tanto divertida mientras que miraba como aquel liquido se iba virtiendo como cascada por aquella punta, deslizandose lentamente por el largo del mismo. Ante sus palabras era como un reto el cual sin duda tomaría, por lo que una sonrisa ladina se posó en su rostro al mismo tiempo que asentía en silencio. Acercó su rostro a aquella parte de su cuerpo, presionó sus labios por aquella linea que le dividia para ir bajando lentamente en vertical, chocando por instantes sus senos contra su miembro y así, su rostro quedo de frente al mismo, deslizó su lengua de su punta, frotandose en aquel orificio de adelante hacia atrás con cierta rapidez para despues, presionarse sus labios e irlos descendiendo por el largo del mismo hasta llegar a sus testiculos, succionó con lentitud los mismo, acariciandole con su lengua el contorno, les fue liberando lentamente y comenzó a ascender por el largo de su miembro succionandole suavemente hasta que llegó al contorno de su punta redonda, allí, colocó sus manos en sus caderas y en un instante, le adentró a su boca presionando sus labios para darle placer, haciendo un movimiento de adentro hacia afuera cubriendose así sus labios carmesí de aquel dulce al tiempo que sus yemas acariciaban sus caderas.-

-estaba a la espera, su cuerpo bajando lentamente le hacía aumentar las ganas de estar en ella, la notó frente a él, a nivel bajo, no podía creer tan excelente vista, tan buena escena. Con esa primera caricia sobre su miembro totalmente erecto y sus testículos jadeó alto, en voz ronca con los ojos cerrados, era tal el placer que no podía reprimir sonido alguno. Su mano izquierda por reflejo viajó a la cabellera contraria cuando por fin había entrado en su boca, se enredaron ahí sus dedos para seguir el ritmo de sus succiones, era perfecta su manera. Abrió los ojos encontrándose con ella totalmente entregada a la atención, sus labios se presionaron un poco relamiendose el sabor que ella en estos había dejado, era magnífico el intercambio de tiempos y atenciones que habían experimentado. Su cadera se empujó un poco a ella, con el objetivo de llegar lo mas profundo en su cavidad, ansiaba que esos labios rodearan todo el largo de su miembro ancho, tan deliciosa vista que más jadeos le regalaba al espacio.-

-sus labios continuaban presionandose en ciertos momentos, para despues continuar adentrandole en su boca hasta que su punta rozaba por instantes su campanilla. Sus manos se deslizaban por aquellas caderas acariciando con cierta suavidad sus gluetos, sus gemidos continuaban reprimidos en aquel frondoso miembro, de apoco fue retirando su boca hasta salir, alzó su vista a él mientras una sonrisa traviesa se plasmaba, le gustaba escuchar sus gemidos roncos, le gustaba aquella expresión de satisfacción en su rostro por lo que regresó su rostro a su miembro y fue dejando delicados besos por su largo, deslizó su nariz entre besos, eran caricias para el mismo, volvió a lamer con lentitud sus testiculos para despues volver a ascender a su punta, le chupó como si se tratará de un helado y volvió a introducir a su boca para esta vez junto con su mano friccionar su base con cierta fuerza al compas de su boca dentro y fuera repetidas veces.-

-estaba totalmente hipnotizado con cada caricia, cada succión, cada lamida y cada movimiento sobre el miembro, sin duda ella sabía como llevar a la locura con atenciones. Sus ojos se abrieron bajando la mirada de nuevo, ahora la necesitaba, guardó esa imagen un segundo más, seguro jamás olvidaría tales labios rodeandolo, tomó sus antebrazos y la jaló delicadamente para que se levantara y una vez de frente dibujó una sonrisa para que ella notara el placer que sentía, el deseo y los ojos llenos de lujuria que ella misma había causado en el.- Ahora necesito el plato principal -susurró y sin esperar más enarcó su cuerpo para poder tomar las rodillas ajenas cargándola para que rodeara su cuerpo, aprovechando para apretar los muslos y posarla al borde de la barra sin perderle la mirada un solo instante. Juntó sus labios de nuevo, inició ahora él el masaje labial y lingual con un dejo de desesperación. Su mano colocó su miembro mas que listo en su entrada, ella estaba perfectamente lubricada y de ello aprovechó para comenzar a entrar lentamente en su cuerpo, disfrutando ese nuevo lugar centímetro a centímetro haciendose uno con ella.-

-su boca le succionaba para alejarse de nuevo lentamente cuando sintió aquellas manos acomodarle. Al ver aquella sonrisa en su rostro, su mano por inercia se posó en su mejilla, era la mezcla de dulzura y pasión en una misma expresión, respiró hondo mientras le escuchaba y acercó su rostro al suyo colocando sus brazos por encima de sus hombros apoyandose de esta manera para que sus muslos encajaran perfectamente en sus caderas ante el impulso. Su mirada continuaba hipnotizante en la ajena mientras sus ojos volvían a cambiar a aquella tonalidad aqua. De pronto, al sentir sus labios un gemido se ahogó entre sus lenguas al entrelazarlas, le acarició por detrás de la nuca con cierta pasión, sin duda era lo que más deseaba, solamente sentirse suya. Por lo que, al instante que su miembro entraba su vientre se contrajo, mientras su intimidad se apretaba y un jadeo escapa de entre sus labios, con una de sus manos se aferró a su espalda, presionó sus yemas con cierta fuerza mientras que su otra mano la deslizó por el largo de su espalda, mientras continuaba mirandose en sus ojos con aquel brillo, con aquel deseo intenso y fue entonces cuando sus labios comenzaron a rozarse al mismo tiempo que ella lentamente movía sus caderas al contrario.

-una vez que sus movimientos comenzaban los brazos la aferraron, rodeando así su cintura, era esbelta, podía notar claramente las curvaturas que en su silueta se formaban. Los muslos rozandose a su cadera le producían una excitación aún mayor, si es que esto fuera posible, ahora estaba en el límite. Bastó un par de segundos para que el beso se tornara en uno más hambriento, mostrando cada vez más el placer que sentía al ser el interior del cuerpo ajeno el que se contraía aprisionando su miembro que llenaba en cada resquicio de su interior, ansiaba escucharla, sus gemidos y sus cuerpos, el chocar que tanto disfrutaba, dado a hizo un movimiento, casi saliendo de su cuerpo quedando solo el glande en su interior que ahora serviría para tomar fuerza y empujarse fuerte y conciso en ella, el sonar del choque le arrebataría un gemido que se ahogaba entre sus labios y que le haría presionar las palmas al cuerpo ajeno como deseando más de aquello que tan grato momento le regalaba.-

-era el poder escuchar su respiración entrecortada, sentir su aliento tibio acariciando su piel que poco a poco comenzaba a tornarse carmesí, levemente bañada en sudor, pasó sus dedos entre sus cabellos provocando que su cabello quedará a su lado derecho de su cuerpo mientras que en el espacio de piel desnuda dejaba que fuera el aliento ajeno el que le acariciará, le refrescará aún en contradicción. Sus piernas estaban enroscadas en sus caderas, su otra mano rasgaba con suavidad su cadera izquierda mientras seguía en aquel impulso de arriba hacia abajo, aquel choque humedo entre sus gluteos y genitales era un sonido de aplauso, era la respuesta a tal melodía que sus cuerpos entonaban.- ¡Ah, YongHwa, así . . . -gemía con cierta suplica.- Más, quiero -apenas salía de entre sus labios dada su respiración acortada, se relamía los labios mientras los llevaba a su cuello y comenzaba a chuparle este con cierta fuerza, era el sentirse fundida en su piel, le disfrutaba y su cuerpo no le daba tregua ante las emociones que iba sintiendo, era la mezcla de adrenalina y fuerza precisa, necesaria, por lo que jaló su cabello hacia atrás y mientras seguía en aquel vaivén, sus labios seguían marcandole, tatuandole de una manera que denotara “Eres mío”.

-su cabeza se tiró hacia atrás, sus labios ahora entre abiertos dejaban salir gruesos gemidos, era reflejo de las sensaciones multiples que tenía, primero al entrar, seguido de las embestidas fuertes y profundas que hacía en el cuerpo contrario, podía notar claramente las olas que se formaban en sus muslos cuando se producia el choque de los cuerpos, era una delicia, cada sonido, cada aplauso era un trofeo para él, lo disfrutaba inmensamente. Sus manos abandonaron la cintura y en el acto cubrió nuevamente los senos, paseando sus pulgares sobre sus pezones totalmente erectos pero suaves al tacto.- Más, te haré desear cada vez más -sus palabras eran agitadas, en tonos bajos pues no deseaba perder energías, sus labios ahora fueron dirigidos a esos botones rosados que relucían frente a él, mordiendo y succionando una y otra vez, de uno al otro.- Exquisita, eres perfecta.

-al sentir aquella boca caliente degustando de sus pinceladas carmesí, jadeo dejando caer su cabello como cascada por su espalda al tiempo que cerraba los ojos y sus manos masajeaban su cabeza en respuesta.- Mmm que delicia de labios -mencionaba agitada mientras ante aquel juego, sus caderas comenzaban a menearse con cierta lentitud en circular, sintiendo como su interior se estremecía, era el sentir aquel miembro acariciar su interior por completo, aquella punta estocar sus paredes una y otra vez, ante su excitación le bañaba por instantes de sí, esta complacida con él. Fue deslizando sus manos por su espalda y rasgando esta con levedad hasta llegar a su espalda baja y allí apretar con un poco de fuerza sus gluteos, provocando que le estocará con más fuerza, arracandose así gemidos mientras sus senos quedaban en el vaivén de su rostro al agitarse un poco.-Yonghwa. . . -gemía su nombre con cierta ansiedad mientras sus labios quedaban entre abiertos y podía sentirse sedienta, su cuerpo adormeciendose lentamente ante los orgasmos que comenzaba a sentir.

-a medida que escuchaba su nombre salir de los labios ajenos más énfasis se hacía presente en sus succiones, sus redondos y firmes senos le estaban robando mucha atención, el cuerpo ajeno era perfecto, medido para él, por donde su vista paseara encontraba placer, por donde sus manos tocaran su tacto se impacientaba.- Recuestate, esto te gustará -el tono de sus palabras era ligeramente imperativo, de algo si estaba seguro, que ahora lograría hacerla gemir más alto. Sus manos se encargaron de rodear sus tobillos y levantarlos una vez ella estaba recostada, colocando estos en su hombros, aquella posición exquisita provocaba una mayor profundidad en sus embestidas, a la vez de darle una panorámica magnífica, podía detallar cada gesto, cada movimiento que la gravedad causaba a sus senos en cada embestida, podía morder sus piernas dejando pequeñas marcar rojizas sobre la blanca piel.-

-al denote imperativo de su voz, su mirada se clavó en la suya, mientras una sonrisa complice aparecía en su rostro. Elizabeth no era de obedecer pero por una curiosa razón dejaría que las cosas se marcarán así de momento, por lo que, de nuevo, aquella barra fría le servía por unos instantes de alivio ante aquel cuerpo que hervía, sus tobillos estaban sobre sus hombros, su mirada estaba puesta en aquel abdomen, respiró hondo estilizandose su cuerpo por unos momentos haciendo sus senos erguirse. De pronto, aquellos movimientos de frente hacia atrás regresarón, provocando que su cuerpo se moviera en sincronia, al tiempo que podía notar aquella fotografía en movimiento, era él, sus labios recorriendo y marcando su piel de porcelana, al tiempo que aquella punta continuaba arrancandole gemidos, estiró sus pies en punta dado un orgasmo que estaba sintiendo, un liquido caliente de nuevo le bañaba al tiempo que se iba escurriendo de entre sus piernas.- Dios, que exquisito, ah ah ah Chef ah ah ah -musitaba entre gemidos mientras cerraba sus ojos y sus manos trataban de aferrarse a algo porque sentía que parte de ella le iba abandonando, era la sensación de morir y renacer en un instante, le estaba convirtiendo en un ave fenix y sin duda lo disfrutaba.

-una y otra vez entraba en ella, cada vez con más fuerza pues ya su interior pedía dejar de lado cualquier amabilidad, por lo menos en ese momento. Aquellas calientes y jugosas paredes anunciando el orgasmo contrario apretaban su miembro, más no dejó de moverse, cambió su ritmo, un poco más lento, en círculos y en ochos, donde sus paredes pudieran sentir claramente la fricción de cada embestida. Sus piernas escurridas de los líquidos provenientes le había provocado sonreír, sin duda alguna ella sabía como nublarlo, su piel le llamaba a ser acariciada, su abdomen se contraía con el simple hecho de aplicar mas fuerza para un más profundo choque. Sus manos se estiraron quería tener entre sus palmas de nuevo esos prominentes senos que se realzaban frente a él, jamás se cansaría de atenderlos.- El postre, pronto viene tu parte mas dulce -comentó tomando sus talones y abriendo sus piernas para que mostraran esa perfecta V que le dejaría espacio para bajar la mirada y disfrutar de la vista de la perfecta unión, esas embestidas que lucían mas que delirantes, que a ambos les robaban gemidos sonoros.-

-le era desquiciante, era la sensación de que abandonaba aquella ciudad y se perdía en un nuevo mundo donde sólo él tenía el dominio. Fue en el cambio de movimientos cuando su lengua y mente se sintieron adormecer, jadeó ante aquella danza que habitaba en su interior. Moviendose lentamente al contrario con algo de esfuerzo, creandose así de nuevo un choque, sus manos se estiraron hacía atrás quedando suspendidas en el aire. Ante aquella voz ronca, las comisuras de sus labios se marcaron mientras respiraba hondo tratando de recuperarse, abrió sus ojos mirandose en los avellanas ajenos, movió lentamente su cabeza asintiendo y de nuevo ante aquel liquido tibio que recorría su espina dorsal gimió. Arqueo su espalda, pronunciandose su silueta, de pronto al sentir como sus piernas eran separadas sintió la caricia del viento y sonrió un tanto traviesa mientras de nuevo su mirada observaba sus movimientos, era de cierto modo un tanto dulce a sus ojos, por lo que, le hizo una indicación para que acercará su rostro contra el suyo y entonces, al tenerle de cercas, respiró hondo su aroma, presionó sus labios sobre su frente humeda, deslizó sus labios por la punta de su nariz, y al acoplar sus labios, los movió lentamente, chupó su labio superior y lo jaló con lentitud mientras acariciaba por detrás de su nuca y susurró.- Llename de crema batida -mencionó traviesa y le hizo una indicación con la mirada a su izquierda donde estaba la botella.

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Elizabeth In the darkness MacQuoid

Elizabeth regresó muy tarde a casa, estaba a una semana de que la revista de Octubre fuera publicada y aún no estaba terminada.

Al llegar a casa, todo a su alrededor estaba en silencio, los niños ya dormían. Cerró la puerta de su habitación, prenda por prenda, zapatos, accesorios fueron creando un camino hasta el baño, se quedó a oscuras dentro de él, respiró hondo mirando como aquella luz de la luna iluminaba el lugar, de pronto, las memorias le inundaban, caminó un pie tras otro pie hasta llegar a la tina, se introdujo y presionó aquel botón provocando que aquella lluvia cayera desde su techo, estiró su cuello hacia atrás sintiendo como aquella llovizna se deslizaba por su piel.-

---Yong. . .

-susurró inconsciente estirando su cuerpo, imaginando que aquellas gotas calientes se convertían en sus yemas, en sus manos de pianista tocando aquella melodía sobre su piel, intercaló un pie contra el otro, deslizó uno por el largo de su pierna, algunos suspiros eran arrancados de sus labios, era recordarlo, era desearlo, era aquella sonrisa asomandose por su rostro ante las memorias de aquella mirada hazel, trasparente, dulce y con cierto toque de misterio. Era el sentir aquellos labios carnosos dejando su firma por aquella capa delgada de porcelana que la mayor poseía.-

---I want you so badly. . .

-jadea al tiempo que una de sus manos se iba deslizando por su clavicula, era el seguir las huellas que él había dejado en su cuerpo, siguiendo su camino por la redondes de sus senos, descendiendo por enmedio de los mismos, acariciando su vientre deteniendose en aquel tatuaje que llevaba en su vientre bajo.-

—Daneepsul. . . Eso eres para mí

-susurraba mientras su mirada se desviaba a aquella luna. Sus yemas continuaban su camino, colocó su dedo en medio de sus labios menores frotando de abajo hacía arriba, aumentando la intensidad al sentir que un liquido recorría su espina dorsal, se arqueó por unos instantes presionando los ojos al mismo tiempo que sus pies se colocaban en punta, sus labios se entre abrieron la punta de su lengua sintió aquellas gotas hirviendo, era una sensación de placer, un gemido se escapó mientras que los flashback de él sobre su piel cobraban vida. Apretaba, jalaba y soltaba al final con lentitud sus labios mientras aquel liquido caliente humedecía su interior en su mente no podía dejar de invocarlo, lo quería de nuevo sobre su piel, quería de nuevo sentirle encima o debajo de sí, quería sentir de nuevo aquel aire caliente en su cuello, quería sentir la sensación de ardor ante los tatuajes purpura y escarlata que dejaba al succionarla, era su vampiro, su amo, su amante, su chef. Un gemido un poco más agudo procedió de sus labios ante un orgasmo, se giró y estilizó su figura en posición felina, entremetió sus dedos entre sus cabellos provocandose una rafaga de viento tratando inutilmente de refrescarse, se sujetó al borde de la tina e impulsó sus caderas de arriba abajo, su piel rebotaba contra la firme estructura de marmol y eso le provocaba placer, era revivir la dureza y firmeza de él sobre su interior, se mordía los labios intentando detener sus gemidos, sintiendo como su pulso se aceleraba, su respiración se agitaba y su cuerpo sufría de un choque entre frio y calor, poco a poco su mente comenzaba a nublarse, le abandonaba y se convertía en sensaciones de placer, cosquilleos que iban descendiendo hasta sus caderas provocando que estas en un intento por satisfacerse se movieran con soltura, se soltó de aquel borde y estiró sus manos a aquel techo lluvioso, ladeo su rostro mientras la lluvia la acariciaba al tiempo que sus memorias se cruzaban y de nuevo estaba él allí, sujetandola con aquella fuerza de la cintura, marcandola como suya, recorriendo con sus labios cerezas su porcelanica piel, haciendole olvidarse de su propio nombre para adoptar sólo una frase entre las estocadas que le otorgaba.-

—Sólo tuya -susurraba entrecortada.-

Con cada acción recordada su cuerpo respondía al instante hasta que un gemido agudo salió de sus labios provocando que su cuerpo se detuviera por completo, atravesaba un orgasmo, se sujetó de las orillas de la tina tratando de recuperar la cordura, una sonrisa con cierto toque de travesura y satisfacción aparecía en su rostro.-

—Y esto. . . sólo es el principio, siempre es así Yong, no hay prisa por llegar al climax del placer.-

pensaba recordandolo, sin duda amaba el pincel con el cual escribía sus memorias sobre su lienzo.

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Elizabeth 5to mes MacQuoid

Haré de cuenta que no sucedió esa estupidez ayer.

Se decía Elizabeth mirando por aquella ventana, los días otoñales al fin se hacían presentes y apesar de eso, ultimadamente tenía mucho calor, dormia al natural en la habitación de su pareja, desvió su vista a la cama, él no estaba y ella sabía el motivo <> pensaba mientras regresaba su vista al frente y suspiraba pesado, fue al closet de él y tomó una de sus camisas blancas a rayas. Se la pusó mientras se miraba al espejo detenidamente la silueta, de tenía tres hijos y parecía que el tiempo no trascurría por su piel ¿Cuál era su secreto? Más bien, su realidad, era un ser de oscuridad, una vampireza.

De pronto, su garganta se secaba, necesitaba aquel vino especial que siempre tomaba pero oh detalle, en Tokio aún no llegaban sus pertenencias de Liverpool, por lo que, fue a la cama a recostarse, tratando de que los sueños alejaran de su mente aquellos pensamientos constantes diciendole que fuera al bosque a cazar. No quería, no era su especialidad, se revolcaba entre las sabanas luchando consigo misma y de pronto, sin control de si misma, en un instante salió disparada de la ventana cayendo al jardín de la casa de sus suegros donde permanecerían la temporada.

De pronto, ante su sed, sus sentidos se amplificaron, comenzo a correr a velocidad entre los pastizales, adentrandose en el bosque, dejaba a su paso toda variedad de arboles de sakura. Los ruidos de aves, ardillas, lobos en la lejania se escuchaban con claridad, como si estuvieran a corta distancia. Mientras que su mirada divisaba el hermoso plumaje pinto de tonalidades castañas de un halcón.
Y entonces, toda su concentración giró a un ser, un joven se bañaba en las aguas del rio. Elizabeth se escondió detrás de uno de los árboles mirando como cazador a su presa entre las hojas otoñales. El joven jugaba con las aguas con cierta diversión, hacía frío por aquella zona pero él parecía vivir en otra estación, ella no entendía como era eso posible. Continuó mirando sus acciones con cierto recelo, su aroma era distinto, no sabía a que se debía pero no era humano, no era lobo, <<¿Entonces qué es?>> se preguntaba ella con su mirada entrecerrada.

 El joven giró provocando una danza entre el viento y las gotas que se deslizaban de los cabellos platinados del menor. Una sonrisa dulce, inocente aparecía en su rostro y de pronto, con cierto hipnotismo Elizabeth salió de entre su escondite, un pie tras otro pie, clavando su mirada en la turquesa del platinado chico. Ël al verla, se giró mirandole por encima del hombro con cierto jugueteo, eso no podía ser normal, algo debía estar detrás de aquella serenidad del chico. Elizabeth se fue acercando sintiendo como el agua de apoco iba devorando su cuerpo de porcelana. y con ella aquella tela de su camisa danzaba entre las aguas. Al llegar hasta el chico, este se miró detenidamente en sus ojos tornasol, pasó sus yemas por la carnosidad de los labios acerezados de Elizabeth, con su roce, Elizabeth sentía como su cuerpo pedía de su liquido escarlata, estaba fuera de control, tenía hambre del chico. Él lo sabía, acercó su rostro contra el suyo dejandole sentir sobre su piel su calor y susurró.-

—Haz venido por mí, ¿cierto? Tomame, hazlo y vive para contarlo. -aquellas palabras tenían un trasfondo pero no sabía en ese momento el poder de sus palabras. Por lo que hipnotizada por su voz melodiosa, abrió su boca dejandose ver aquellos resplandecientes colmillos afilados, Elizabeth poseía una excelente y letal dentadura. Como dagas, se clavaron en un segundo en el cuello del platinado, éste, jadeó con cierta agonía, al tiempo que abrazaba a Elizabeth de la cintura con cierta fuerza, creaba un cinturon con sus manos imposible de safarse. Elizabeth no lo sabía, sólo podía estar absorta en el sabor de aquel liquido que iba saciando su sed, era la combinación de las mejores cosechas de vino, frutas como mangostino, blue berry, fresas, cerezas, piñas, mango. Aquel chico poseía un sabor muy exquisito, distinto ¿Quien era? Alguien que hubiera sido mejor que jamás le encontrara. Sería el inicio de su fin. Ella continuó degustando su sabor sintiendo como aquel liquido purpura, se iba fundiendo en su interior, era como si cambiara parte de su ADN y la trasformara en algo más. De pronto, Elizabeth sentía como su liquido absorbía su propio nectar.-

—¡Ah! -exclamó en queja al desenvainar sus colmillos de su cuello, el joven se sonrió ladino y en un instante Elizabeth cayó entre sus brazos. El lobo estaba disfrazado de cordero. Deslizó su mano por las facciones de su rostro, respiró su aroma a frutas y flores, estaba por respirar su cuello cuando un movimiento sobre su vientre le hizo detenerse.-

—¿Qué? -se preguntó asustado y le llevó a tierra firme, abrió su camisa, llevó su mano por el largo de su frente, de sus senos hasta su vientre, al detener su mano allí, sus ojos se abrieron como platos ante lo que sus ojos lograban mirar.-

—Gem. . . gemelos -exclamó con cierto temor sintiendo cierta fuerza en su vientre. Elizabeth no estaba sola. El joven, tenía pensado usarla como parte de sus conjuros, era un brujo trotamundos pero ante aquello lo único que podría hacer era matarle o esperar que el tiempo trascurriera y llevarse a los menores. Fue hasta donde estaba su maleta, sacó un arma de fuego y le colocó una bala, aquello no era un arma común ni aquella bala simple metal, no, era un veneno que que carcomía el cuerpo en segundos hasta volverle polvo. Apuntó a la cien de Elizabeth y justó cuando estaba por disparar se escucharon ruidos.

Richard MacQuoid -se encontraba en un bar con varios dd sus amogos, era una celebracion, no disfrutaba mucho la fiesta por alguna razon <> pensaba, estaba celoso por algunos comentarios, fruncia sus labios cads rato pensando en eso, Se sirve muchas veces soju para aliviar un poco su enojo, Pasan horas y va hacia su casa, entra llendo al cuarto, al entrar la mira salir como rayo, se sorprende, se quita la camisa, empezando a correr a seguirla, rn unos minutos la pierde de la vista, empieza a buscarla por todos lados, de pronto escucha ruidos del lago, va hacia ella y al verla acostada y aquel hombre diferente apuntandole, corre rapido hacia el empujandolo con fuerza, enojado va hacia elizabeth cargandola, la recarga en el tronco de un arbol, le busca si no esta lastimada, voltea a ver a que hombre que se levantaba, se prepara para pelear poniendose delante de ella para defenderla gruñendo-

MacQuoid Elizabeth -Elizabeth estaba un tanto ida, aquel liquido purpura se alimentaba de su propio liquido escarlata, la estaba consumiendo, estaba trasformando parte de su ADN. Comenzaba a quejarse con levedad mientras su mano rasgaba su vientre, sentía algo peleando en su interior, se revolcaba en el pasto mientras su respiración se entrecortaba, sus latidos se tornaban cardiacos. Al percibir el aroma de él, inmediatamente lo llamaba en quejidos.-

—Jang. . . -trataba de caminar pero no podía, se sentía muy debil. De pronto se sentía entre sus brazos, quería aferrarse pero le fue inutil al colocarla detrás de sí, recargada en el árbol, estuvo a punto de caer, por lo que se sostuvo de su espalda. Mientras tanto, el mago lo miraba detenidamente, ladeó su rostro estudiando sus movimientos. No pensaba perderles de vista aunque así parecería en aquel instante. Una sonrisa ladina apareció en su rostro y clavando su mirada en ella musitó.-

—Cuidalos bien. . . nos vemos pronto Elizabeth. -dijo sin más y en un abrir y cerrar de ojos desapareció de la vista de ambos y entonces Elizabeth se desmayó cayendo al pasto.

Richard MacQuoid -ftunce sus labios al verlo irse, despues va hacia ella, la acomoda sentandola en sus piernas, muerde su propia mano que empezo a salir sangre, abre un.poco su boca dejando caer gotas de sangre para que reaccionara.un poco-Elizabeth despierta… -Susurra mientra presionaba un poco su mano para que saliera mas de su sangre-

MacQuoid Elizabeth -al contacto de su sangre en sus labios, abrió los ojos un tanto fatigada.-

—Llevame a casa Jang

-alcanzó a decir y de nuevo cayó inconsciente. De pronto, sentía su cuerpo arder en fiebre, era como si su organismo luchara contra una bacteria. Aquel liquido purpura estaba cambiando su interior por completo, su piel comenzaba a tornarse carmesi con un leve destello a diamantina. Mientras que sus ojos cambiaban a tonalidades azules de rey a turquesa para despues estancarse en un azul cielo. Su cuerpo comenzo a temblar mientras balbuceaba inconsciente.-

Richard MacQuoid -al verla asi, se levanta, la carga bien sujetandola con fuerza, empieza a correr llendo a la casa, al llegar la acuesta en la sala, saca su celular buscando el contacto de ben, el doctor de elizabeth, empieza a marcarle, al escucharlo, alterado pide su ayuda-Ben por favor ven a tokyo donde viven mis padres, elizabeth esta rara, esta hirviendo su piel cambio de color, en verdad ven por favor te necesito… -sus padres bajan alterados al escuchar, el cuelga y mira a su padre-Por favor papa pase lo que pase no dejes salir a mis hijos que sten en su cuerto con la abuela, omma por favor sacame unas bolsas de hielo y ayudame a bajarle la.fiebre a elizabeth, -sus papas asiente llendo rapido por los que le dijo, el rompe la camisa a ella dejandola en ropa interior-

MacQuoid Elizabeth -Elizabeth inconsciente sólo podía navegar entre sueños. En aquel sueño, se encontraba frente a las aguas cristalinas de Jeju, podía sentir la fresca brisa acariciar sus mejillas, delinear su cintura, extendió sus brazos dejandose querer por aquella brisa, sonrió con cierto suspiro. De pronto al sentirse observada volteó detrás de su hombro y allí estaba, imponiendo su presencia a la de ella.-

—¿Cómo haz estado? -se limitó a decir mientras ella regresaba su vista al frente diciendo.-

—Bien, han sido días mejores desde aquella vez. . . -dijo en voz baja y de pronto llevó sus manos a su vientre plano, a lo que el hombre replicó.-

—Oh pequeña. . . pobre de ti, no sabes lo que esta por venirte, no tienes ni la más remota idea. -dijo entre carcajadas a lo que ella giró y con cierta molestía se miró en aquella mirada verde olivo e indagó.-

—¿Qué me espera según tú?

—Desolación. . . eso que esta en tu vientre, será tu fin -le dijo con cierta diversión y se giró alejando sus pasos de ella. Elizabeth intentó detenerle pero entonces la arena fue tragandose su cuerpo lentamente hasta sumergirla en otro sueño.

Richard MacQuoid -llega su mama con varias bolsas de hielo, un traste con agua fria y trapo, el agarra las bolsas y se lo pone en sus piernas, uno en.la frente, despues unos en los brazos, su madre le limpia su abdomen hacia su voentre, notandoalgo.raro en ella-
Sra. jang:Hijo… Su vientre esta raro..
-jang mira a su mama lo que dice para luego mirar su vientre, se sorprende empezando acariciarle con suavidad, niega varicas veces mientra susurra-No creo que sea eso mama, a lo mejor aquel hombre la lastimo e hiso que su vientre se inflamara…

MacQuoid Elizabeth -de pronto, Elizabeth despertaba en una cama de petalos de cerezo, estiró con cierta desconfianza mientras miraba a su alrededdor. Era tan extraño, se levantó de la cama mirandose en el espejo, de pronto tenía una tiara de rosas en su cabeza y un vestido holgado con los hombros descubiertos, estaba preparada para una boda. En su mente, lo primero que vinó a sus pensamientos fue su pareja, por lo que salió de la habitación apresurada buscandole, sus hermanas emocionadas la guiaban a lo que sería la ceremonia, era un manojo de nervios y de pronto, al ver el altar y quien era el novio a su espera, se aferró a los brazos de sus hermanas negando preocupada. Pero ellas la aventaron al frente cerrando las puertas tras de si. Sólo estaban el notario y él, les miró con cierto nerviosismo e intentó abrir las puertas pero estaban selladas. Aquel hombre sonriente, caminó con paso firme hasta ella dandole su brazo para enlazarse.-

—Vamos preciosa.- decía el hombre con cierta seguridad mientras que Elizabeth temblaba por dentro, desvió su vista al altar y rogaba porque algo interrumpiera la boda pero nada sucedía, el notario estaba por terminar su parlamento y en el momento de la pregunta Elizabeth despertó.

Abrió los ojos mirando la fachada de la casa, respiró hondo sintiendose en casa, al ver el rostro de Jang, sus yemas trataron de alcanzarle pero dolían al tocarle, estaban cortadas, su piel abierta ardía ¿Cómo se había hecho aquellas heridas? No, ella no había hecho nada, era parte de la reacción de aquella sangre purpura en sus entrañas.

—Jang. . . -susurró en quejido mientras respiraba con dificultad.- Me duele mucho. . . siento como si algo estuviera peleando dentro -decía con dificultad quejandose en momentos al sentir que su cuerpo ardía en llamas por dentro.

Richard MacQuoid -mueve las bolsas de hielo por todo su cuerpo intentando bajar la fiebre, al escucharla suspira acariciandole su rostro-tranquila amor, ben ahorita vendra, no tardara, aguanta por favor…. -susurra preocupado mientra pensaba <> Pasan dos horas y aun la fiebre no habia bajado, en ese momento tocan la puerta, va rapido abrir y al ver quien era lo hace pasar rapido, lo guia a la sala, era ben habia llegado de liverpool hasta aqui, se acerca a ella tomandole la temperatura y revidandola, despues saca una dosis avanzada donde la sangre se limpiaria y se multiplicaria, se lo inyecta en su brazo sin dejar de mirar su vientre algo raro notaba en ella-

MacQuoid Elizabeth -sus lagrimas se deslizaban por sus mejillas mientras sentía aquellos paquetes de hielo deslizarse por su anatomía, en segundos pasaban de helado a tibios debido a su temperatura interna. En su vientre, era una lucha extraña era como si sus hijos se resistieran a aquella sangre, apretaban el conducto cerrando su acceso a ellos, por lo que Elizabeth se revolcaba y gritaba con cierto dolor pidiendo clemencia.

De pronto, al llegar Ben a su lado, Elizabeth se sorprendió, su llanto se intensificó mientras que él dejaba su maletin en el centro de mesa y comenzaba a sacar sus instrumentos. Le colocó el antidoto para que su sangre se purificara pero la miró detenidamente y al ver su vientre abultado se preocupó. Le pidió a Jang que saliera de allí pero Elizabeth no quería que la dejara sola, Ben insistió, muy a su pesar le dejó ir y al quedarse solos musitó.-

—Elizabeth. . . ¿Haz sentido algún sintoma?

—-¿De qué o qué? -preguntaba ella mientras se revolcaba del dolor en el sillón.-

—Vomito, mareos, esa clase de cosas ¿Lo has sentido?

—Hmm hace tiempo como en septiembre pero de pronto deje de sentirme mal. . . ¿Por qué? -preguntaba entre quejidos para despues negar e ir a su cuello susurrando.-

—-Ya sabes la rutina, te debo morder para checarte. -ante eso ella asintió y apretó los labios con fuerza mientras cerraba los ojos. En minutos, Ben ya tenía listo lo que debía hacer para subir sus defensas y bajar su fiebre, mandó llamar a Jang y al tenerle allí, le entregó la receta no sin antes decir.- Necesito que la lleves a mi consultorio, quiero hacerle un ultrasonido. . . tengo ciertas sospechas -dijo un tanto meditativo para despues darle una palmada- pero dudo que sea algo grave, ya con esto, estará fuera de peligro.

Richard MacQuoid -al escuchar como ben y ella discutian suspira pesado, asiente retirandose con su omma llevandose las bolsas y el traste, se sienta en la.mesa recargando su cabeza en sus manos pensando, su mama al verlo asi masajea un poco su cuello susurrandole-
Sra. jang:Todo saldra bien Hijo, ya veraz que si…
-asiente mientra mira la mesa, despues va hacia ellos al ser llamado, al escucharlo asiente, toma su abrigo y se la pone a ella, despues la carga sujetandola-Lo llevare en mi coche vamos.. -Asiente ben mientra el camina saliendo de la casa, va hacia su auto y la mete en.la parte trasera, despues se sube al piloto, al ver que el doctor entra al copiloto, enciende el auto, empieza a conducir llendo al consultorio del doctor mientra suspira-elizabeth esta fuera de peligro?

MacQuoid Elizabeth -Ben hizo unas llamadas para que les dieran acceso a uno de los hospitales de la ciudad. Ante su pregunta asintió.-

—El antidoto que le he dado la ayudará a sentirse mejor. Lo que ella sufrió fue una invasión. Esa sangre es muy dificil de eliminar porque se adhiere y cambia el ADN, los brujos tienen una sangre muy peligrosa, con efectos extremos menos mal, me llamaste a tiempo, un poco más de tiempo y Elizabeth hubiera muerto calcinada. -decía con seriedad mientras que ella se aferraba a sus brazos mientras temblaba de frío entre balbuceos.

Al llegar al hospital, les indicó el camino del consultorio, prendió las luces e indicó que la acostará en la camilla. Prendió los aparatos y se colocó los guantes mientras revisaba que todo estuviera en orden.-

—-Correcto, ahora sí, respira Elizabeth que el gel estará algo frío- ella asintió mientras miraba a Jang con cierto temor apretando su mano.

Richard MacQuoid -suspira pesado mientra conduce rapido, al llegarl al lugar se estaciona, se baja del auto para luego cargarla a ella bajandola del auto, sigue al doctormientra la abraza con fuerza, al llegar aquel consultorio, la acuesta en la camilla, toma su mano.con fuerza mientra mira cada accion del doctor, despuez la mira, sonrie leve suspira acercandose a ella robandole unbeso-Tranquila amor todo saldra bien si

MacQuoid Elizabeth -ante sus labios tibios, le detiene por unos momentos sintiendo como su interior cobraba vida con su acción, le acarició por detrás de la nuca mientras se miraba en sus ojos, una sonrisa aprecía en su rostro y respiró hondo tomando valor.
Ben comenzó a colocar el aparato en su vientre deslizandole por el largo del mismo musitando.-
—Bien. . . veremos que hay aquí. Entonces a principios de septiembre comenzaste con malestares ¿Verdad? -ante eso Elizabeth recordando asintió.-
—Neh, incluso, estuve por ir al ginecologo con uno de mis hijos para saber que me estaba pasando porque todo me daba nauseas y de pronto, las nauseas desaparecieron. . . estaba muy bien, hasta esta mañana, de pronto me sentí sedienta y de alli todo es confuso, ya no recuerdo más -decía frotandose los cabellos con cierta desesperación, suspiró entrecortada y entonces tomó la mano de Jang con cierta fuerza, trataba de sentirse segura.
Segundos despues, Ben interrumpió diciendo.-
—-Elizabeth. . . Estas. . . esperando cuates. -se lo dijo sin anestesia mientras que Elizabeth abría los ojos con amplitud y con cierto titubeo musitó.-
—¿Cu-cu-cuates?

Richard MacQuoid -al escuchar la platica de ellos la mira-por que no me lo habias comentando antes? -murmura sin dejar de mirarla, dedpues mira aquel aparato-Que es lo que tiene? -al escuchar la palabra cuates rie un poco mientra lo mira-Ben no estamos bromeando, eso no es un juego, elizabeth no esta embarazada, ella se ha cuidado, ella se ha tomado las pastillas verdad? -la mira esperando su confirmacion mientra mira sus ojos-

MacQuoid Elizabeth -al escuchar acerca de anticonceptivos voltea a verle extrañada- No, yo jamás me he cuidado con anticonceptivos Jang. . . sólo que, existe un riesgo muy leve de que quede embarazada, mi cuerpo se supone que no debería dar a luz pero ya ves. . . Leo, Enzo y Amaia -decía al suspirar meditando.- Ben. . . ¿En verdad son dos pequeños? ¿Ya puedo saber el sexo de los bebes? -preguntó con cierta curiosidad mientras desviaba su vista a la pantalla con cierta curiosidad, estaba en cierto shock por la noticia pero de alguna forma, era un anhelo que tenía, tener de nuevo esa sensación de paz y dicha en su interior.

Richard MacQuoid -la.mira sorprendido-pense que si las tomabas… por que dijimos que ibamos a tener.otro.bebe pero cuando amaia creciera un poco mas nose cuando tuviera 4 o 5 años… no ahorita… -suspira sentandose a una silla que estaba en la camilla mirando aquel aparato las dos figuras-

MacQuoid Elizabeth -al escucharle una breve sonrisa apareció en su rostro, le pidió a Ben que retirara el gel de su vientre.

—Tienes nueve semanas, aún es muy pronto para saber el sexo de los bebes, eso es hasta los cuatro meses, te faltan meses pequeña.- mencionó al retirarle el gel de su vientre, al terminar se abrochó los botones de aquel abrigo, no llevaba más que ropa interior, no estaba en posición de salir de aquel sitio, por lo que respiró hondo y pidió a Ben una copia de aquel ultrasonido. Ben salió de la habitación dejandoles a solas, Elizabeth de pronto se sentía más fuerte que antes, quizás eran ellos su motivo, su razón de ver las cosas tan diferentes a antes, por lo que se acercó a él mirandose detenidamente en sus ojos.-

—Un hijo, llega en el momento preciso para cambiar, para mejorar la vida de uno. En mi caso, estos niños me darán esa fuerza. . . desde que nos conocemos sabes mi postura, jamás te he obligado a nada, no lo hice antes, no lo haré nunca -dijo sonriendo con levedad- Necesito darme un baño, dormir, me siento muy cansada, este día fue extraño y al mismo tiempo, tengo mucha hambre, tengo antojo de una hamburguesa Jang. . . -decía respirando hondo- Anda por este día, se mi niñero, cuida de esta niña. 

Richard MacQuoid -suspira pesado cerrando sus ojos pensando, sin hacer caso de lo que hablaban, al estar solos y escucharla, niega mientra camina mirando a la ventana-No es eso amor, en verdad estoy feliz de que tendremos dos bebes, pero me preocupa… -volte a mirarla con sus ojos cristalinoz-son vampiros, te podrian matarte… estas arriesgandote y no qyiero perderte amor en verdad no quiero….

MacQuoid Elizabeth -al escucharle recordó parte de sus memorias al ser entrenada por aquel vampiro, sus planes de que los herederos controlaran la corona Inglesa y entonces suspiró acercandose aun más a él, colocó su rostro en medio de sus senos, haciendo que su cuerpo se viera envuelto entre sus fuertes y protectores brazos mientras ella deslizaba sus yemas entre sus cabellos y respiraba su aroma a durazno.-

—Esta mujer es fuerte. . . podré sobrevivir lo que venga, ellos serán gentiles conmigo, ya verás -mencionó al sonreir mientras acariciaba sus cabellos- Te amo Jang. . . mucho, gracias, gracias por darme de nuevo un pedacito de nosotros. . . dos pedacitos, amor esta vez fuiste una bestia haha -decía al final en broma y besó su frente feliz.

Richard MacQuoid -niega sentandose en la silla tomando su mano-No amor no me arriesgare a perderte, estas a tiempo, nose se puede detener eso.. no crees? En verdad amor te amo tanto, pero no puedo permitir eso, sufristes mucho con amaia.. me lo comento ben… y pense mucho en eso… no quiero que pases de nuevo por eso.

MacQuoid Elizabeth -ante sus palabras sus pupilas se dilataron, retrocedio dos pasos quedando su mano suspendida en el aire tomada de la ajena. Entonces Ben entró con el sobre, ella se giró de inmediato tomando el folder, soltandose en segundos de su mano, en shock, callada salió de allí apresurada hacia la salida, de pronto sentía que no podía hacer más que eso, salir huyendo de allí.

Richard MacQuoid -al verla asi, suspira pesado, corre rapido detras de ella, la detiene abrazandola por detras dejando caer varias lagrimas-Perdoname amor perdon…. no debi decir eso en verdad perdoname, lo dije sin pensar amor en verdad, deseo a mis dos bebes… pero tengo miedo nada mas amor, a los riesgos… -se aferra con fuerza para que no se zafara-eun hye… amor… perdoname…

MacQuoid Elizabeth -estaba por cruzar la puerta corrediza del hospital cuando se sintió atada, trató de salir con todas sus fuerzas pero fue inutil, aquel cinturon humano era más fuerte que ella, su cuerpo quedo suspendido mientras sus lagrimas caían en picada al frío piso, su voz entrecortada no le permitía decir nada con claridad. Hasta que tomó valor y con cierta indignación musitó.-

—Jamás vuelvas a expresarte así de un hijo mío Keun Suk. . . Para mí, mi sangre es muy importante, ellos son seres importantes, con vida, con sentimientos, no se esta a tiempo aún siendo apenas un embrión, ya son vida, ya son seres pensantes, que sienten, que viven. . . -decía furiosa mientras sus lagrimas ardían en su piel- No temo a la muerte. . . Pero dudo que algo así me suceda, Amaia es prueba de eso y si en su momento estuve muy debil, fue por los problemas que teníamos, no comía, no dormía, era un choque de emociones. Era muy inocente, muy vulnerable a los problemas. . . pero esta vez, no existe ni una gota de debilidad en mi cuerpo -decía sería.- Ya no soy la EunHye que conociste hace tiempo, he cambiado, madurado y veo la vida de distinta forma Keun Suk. . . será mejor que me vaya a Liverpool -arrastró las palabras al final mientras se limpiaba las mejillas, y safaba de sus manos, subió a uno de los taxis que estaban allí pidiendole que la llevaran a la embajada Inglesa.

Richard MacQuoid -al escucharla suspira pesado, la sujeta del brazo para mirarla-Si te vas a liverpool, en ese momento en verdad ya no sabras mas de mi y mis hijos sufriran por mi ausencia, Buen viaje Elizabeth MacQuid, -la suelta para irse a su auto, lo enciende empezando a conducir llendose-

MacQuoid Elizabeth <>

Aquellas palabras eran un vaivén en la mente de Elizabeth, durante el camino sus lagrimas como días lluviosos opacaban el panorama. No podía sacarse de la cabeza aquellas palabras ni el hecho de que sus bebes eran demasido importantes para ella. De pronto con la voz entrecortada a mitad del camino musitó al taxista que se desviara de su camino, que la llevará a otra dirección.

Los minutos trascurrían y de pronto sentía como en su vientre había movimiento de un lado hacia otro <<¿Por qué no me percaté de ustedes antes?>> se preguntaba mientras con cuidado metía sus manos dentro de aquel abrigo dando breves caricias a su vientre, sintiendo como sus pequeños se acercaban al tacto, a aquel calor que ella les proporcionaba, sonrió entre lagrimas y suspiró entrecortada mientras les imaginaba con sus hermanos. Al llegar a su destino, se bajó pidiendo que esperara, Dentro fue por la cartera para pagarle, entonces se encontró con su suegra, al verle así semi desnuda se preocupó, le quitó la cartera y fue ella a pagar al taxista. Volvió a cada y entonces Elizabeth rompió en llanto con ella. La señora Jang se la llevó a su habitación, se encerró con ella en el baño y le ayudó a desvestirse, la adentró a la tina mientras el agua caliente iba mojando su piel, suspiró y tomó una silla cercana para darle un breve baño. Elizabeth estaba un tanto ida y musitó.-

—-Omma. . . serás abuelita de nuevo, espero cuates. . . -susurró al final entre lágrimas.

Richard MacQuoid -iba conduciendo llendo a su casa, al llegar mira a sus padres, suspira pesado llendose a su cuarto sin decirle nada, los niños estaban dormidos, el al entrar al cuarto, saca varias maletas, despues de eso empaca su ropa del closet, va por varias cajas empacando sus pertenencias, llama al mayordomo, cancela todas las pertenencias que iba llegar a tokyo, le pide que lo ordenen ya que la señora se iba a regresar, al final se acuesta en la cama mirando el techo, buscaba la forma de decirle a sus hijos lo que pasaba, leo y amaia se iban a poner triste, enzo.no tanto ya que siempre apoyara a su mama, pero mas le preocupaba amaia, aquella vez que se habia ido se enfermo y no queria que sucediera de nuevo-

MacQuoid Elizabeth -sentía la caricias de sus manos masajeando su cabeza con aquel shampoo, suspiraba entrecortada balbuceando.-

—Jang no me quiere. . . -sabía que el fondo que la amaba pero se sentía tan pequeña, tan indefensa con aquellas palabras que le había dicho que no podía pensar más allá de eso, que su amor ya no existía, no podía interpretar de otro modo aquellas palabras que para ella habían sido como bofetadas. Su suegra negaba mientras la bañaba. Al terminar de bañarla, la envolvió en la toalla y dejó en su cama para que descansara en lo que le buscaba algo de ropa.

Mientras que, al ir a la habitación de su hijo, al verle empacando preocupada negó y se encerró con él para debatir que había sucedido con Elizabeth.

Richard MacQuoid -se levanta y va hacia la ventana, al escuchar alguien entra murmura-Omma no quiero hablar con nadie por favor, dejame solo…

Sra Jang:Madura ya de una vez, y haste cargo de tus responsabilidades, se un hombre ya con pantalones puestos y deja hacerte la victima de todo, Eun hye esta lastimada, es verdad que no los deseas? Por actuas asi, ella esta sensible por el embarazo y debes apoyarla en todo…

-al escuchar aquellas palabras voltea a mirarla, niega mientra toma.algunas cajas-Todo se termino omma ella se regresara a liverpool con.mis hijos yo no hare ya nada, que haga lo que quiera ella sabra lo que hace.. -sale del cuarto llendo hacia el garaje, la sra. Jang le grita muchas veces su nombre estando furiosa, sale el papa y posa sus manos sobre la espalda de su mujer para tranquilizarla y decirle que ya esta grande para que piense mejor como una persona madura-

MacQuoid Elizabeth -Elizabeth escuchaba gritos por lo que se levantó en toalla y salió de la habitación en el camino se encontraron cara a cara, al verle con aquellas cajas, le detuvo del brazo musitando.-

—Deja eso, tenemos que hablar. . . -su voz estaba entrecortada, por lo que con dificultad, le jaló y encerró con el en la habitación de su omma. se quedo parada en la puerta mientras le miraba detenidamente, sus lagrimas no podían detenerse, estaba muy lastimada por lo que le había dicho antes pero recordando sus palabras musitó.- No regresaré a Liverpool porque lo tomarías como si terminara nuestro vida y no es así. . . Jang -susurró al acercar sus pasos y deslizar sus yemas por su mejilla.- Yo te amo demasiado y haberte oido decir eso, jamás creí que me dijeras algo así -mencionó con aquella mirada cristalina por las lagrimas.- De pronto. . . sentí que debía proteger su existencia a toda costa. En el camino a la embajada me preguntaba ¿De quien los estoy protegiendo al final? ¿De su padre, por qué? Entonces entendí que debía volver a casa con mi familia. Cuando algo me lastima, por regla huyo. . . me alejo para no seguir lastimandome pero -menciona al adherirse a su piel en un abrazo y susurrar a su oido.-

—-No quiero nunca alejarme de ti otra vez, no quiero, seremos padres de nuevo, disfrutemos de esta etapa juntos, quiero hacerlo así -susurró rozando sus labios con lentitud mientras su aliento calido la cubría del frío que sentía.

Richard MacQuoid -al encontrarla niega suspirando para irse, al ser jalado intenta safarze pero no lo logra, se queda encerrado en el cuarto, auspira pesado antes de que hablara-Las cosas que iban a venir aqui los detuve, regresaran a tu casa antigua, yo regresare a seul a trabajar, los niños no saben, no te preocupes omma te ayudara vale.. -al escucharla ya lo que habia dicho baja la mirada-Yo solamente queria protegerte, tengo miedo de algo malo te pase, por que son vampiros completo como amaia, leo y enzo no… son mitades.. por eso reaccione asi… elizabeth seria mejor que regresaras a liverpool, hay estaras bien con mis hijos y estaras cuidada, ben estara haya contigo vale… te dare tu tiempo que necesitas pensar, y al final que ya lo hayas echo me dices lo que has pensado…

MacQuoid Elizabeth -negó mientras se aferraba más a él.-

—No tengo nada que pensar, ya lo he decidido. . . tú, tú eres lo que yo quiero a mi lado en estos meses, estas semanas, estos días. Jang, sólo quedate conmigo, tus niños y esta niña necesitan de ti -mencionó mirandole con cierta ternura mientras entrelazaba sus dedos y rozaba con lentitud sus labios.- Dame de tu calor que mi cuerpo se congela sin ti -mencionaba en susurró y pasó sus brazos por encima de sus hombros al tiempo que se impulsaba y colgaba de él como pequeña koalita.- Tú eres lo único que quiero Keun Suk, mi vampiro.-repetía con cierta firmeza mientras sus labios se deslizaban entre sí de arriba hacia abajo con lentitud.-

Richard MacQuoid -al escucharla la abraza.con.fuerza, despues la acuesta estando encima de ella, besa sus labios presionandolos para luego moverlos con lentitud y suavidad miebtra acaricia su cintura, disfruta de su aroma su piel suave-uhmmm… -entre beso murmura-Te amo amor, en verdad perdon por lo que dije hace un rato, pense en ti pero no en ellos, en verdad perdon…

MacQuoid Elizabeth -le estrujó entre besos mientras podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo.- Oh Jang -susurró con cierto placer al deleitarse en el juego de sus labios, su aroma, su voz, si algo amaba de él era aquella voz melodiosa que la hacía olvidarse de todo tiempo. Ladeó su rostro moviendo sus labios al contrario chupando su labio inferior, como si se tratara de un durazno jugoso.- Te amo -decía entre sus labios y fue deslizando sus yemas por el largo de su espalda, entremetiendo sus dedos en su camiseta, sintiendo su piel con deleite.-

Richard MacQuoid -estaba a punto de quitarle la toalla pero se detuvo, habia escuchado varios pasos, eran sus hijos, entraron al cuarto al ver que sucedia, al escuchar los gritos se alarmaron, amaia lloraba,.leo la habia calmado y decidio ir a ver que pasaba, se sienta y va hacia ellos, carga amaia mientra sonrie leve mirando a sus hijos-Tranquilos era una discucion no pasa nada… -leo y enzo corre a ver a su omma subiendose a la cama, va hacia.ellos y se sienta a su lado-Niños les tenemos una noticia, les gustaran mucho… -mira a su mujer-Tu mami esta esperando dos bebes…. tendran dos hermanitos o hermanitas…

MacQuoid Elizabeth -sentía un aire tibio recorrerle y de pronto, al escuchar los pasitos acelerados de sus hijos sus ojos se abrieron con asombro. Fueron instantes cuando sus hijos entraban en la habitación. Elizabeth al verles sonrió con ternura, Enzo y Leo corrieron a la cama, mientras que ella se tapaba bien dentro de las sabanas, los recostó a sus costados besando sus frentes.-

—Mis pequeñitos -decía feliz volteando a ver a su pequeña que se aferraba al cuello de su padre. Ella suspiró y dejó que él hablara, al escucharle, se ruborizo mientras sus hijos voltearon a verla y Leo con cierta curiosidad bajo sus oidos a su vientre tratando de escuchar algo, podía percibir sus pequeños latidos.-

—Omma, puedo oirlos hacen bum bum bum. . . Hola -susurró en pegandose a su vientre, me llamó Leo, y soy su hermano mayor -mencionó con cierto orgullo mientras que Enzo acariciaba la mejilla de su omma.-

—Omma ¿Estas bien? -preguntó preocupado mientras frotaba su brazo.- Tengo miedo. . . recuerdo cuando tuviste a Amaia, el charco de sangre y y -susurró escondiendo su rostro en su cuello.- Omma no quiero que nada malo te pase otra vez. . . son dos, son como Amaia. . . serán igual de salvajes -susurró preocupado pensando en su mamá. Elizabeth respiró hondo y volteó a ver a Jang, de pronto, aquellas palabras cobraban sentido, al menos entendía que los hombres piensan distinto a las mujeres. Sonrió negando, acarició entre sus hilos de oro y susurró al oido.-

—Serán gentiles conmigo, no me lastimarán, descuida, los tres saldremos muy bien al final, confía en mí -le dijo sonriendole y estrujando entre sus brazos mientras Leo platicaba con sus hermanitos. Amaia miraba a la distancia la escena y con cierto brillo en su mirada rosa-violeta le dijo a su papá-

—Appa ¿Por qué Leo habla al estomago de mamá? ¿Qué pasa? -preguntó con cierta curiosidad mientras le miraba atenta.

Richard MacQuoid -al mira a sus hijos supira aliviado ante su reaccion despues mira a su hija-Tendras mas hermanitos y vienen de la pancita de tu mami por eso tus hermanitos le hablan de hay… Tranquila bebe ok

MacQuoid Elizabeth -ante eso los ojos de la pequeña cambiaron de color de pronto al ver a su hermano portarse de aquella forma le hizo preguntarsr ciertas cosas. Volteó a ver a su padre y haciendo un breve puchero se aferró a su cuello.-

—No, no quiero otros niños. . . No quiero niñas a tu lado appa. . . No, sólo yo soy tu princesa nadie más! -gritó al final volteando a ver la pancita de Elizabeth.- Mi appa es mío -dijo molesta y escondió su rostro en el pecho de su papá balbuceando- No. . . No me dejes appa. . . No. . .

Richard MacQuoid -se sorprende al escuchar a su hija, no sabia que hacer o decir solamente la miraba, frota su espalda mientra murmura-Amaia no seas asi con tus hermanitos, tendras mas con quien jugar y divertirse…

MacQuoid Elizabeth -la menor suspiró negando mientras lo escuchaba- I don’t care. . . -exclamó frotandose los ojitos mientras sentía unas lagrimitas recorrer sus mejillas.- Tú eres sólo mío -dijo con cierto recelo besando repetidas veces sus mejillas y labios con cierto berrinche- mío.

Richard MacQuoid -suspira mientra besa su cabezita, se sienta en la cama recostandose un poco mientra frota su espalda-Amaia siempre sere tuyo amor ya te lo dije eres mi reina, dueña de mi corazon, ok.. no te enceles y no hagas berrinches ok amor… mi princesita.. mi pequeña vampirita, tienes que aceptar a tus nuevos hermano o hermanas… Ok amor..

MacQuoid Elizabeth -Elizabeth platicaba con los pequeños acerca del ultrasonido, les mostraba las radiografias y de pronto al sentarse a su lado les miró detenidamente les pidió a sus hijos que le hiciera campo para abrazar a su pequeña.

La menor aceptaba los mimos de su padre pero le miraba con cierta indignación por encima de su hombro con cierto desdén. Elizabeth reía al verle así, la tomó entre sus brazos y comenzó a mecer de derecha a izquierda mientras la pequeña entrecerraba sus ojitos rosa violeta mirandole.-

—Omma. . . No tendré hermanas ¿Verdad? No quiero hermanas. . . Otro Leo y Enzo esta bien nada más eh! Te lo prohibo! -ante sus palabras Elizabeth abrió los ojos con amplitud y besando sus mejillas susurró-

—Sí omma. -le causaba gracia su mandato como si eso fuera posible. Volteó a ver a Jang y en un descuido mientras la menor tenía sus ojos cerrados ante su arrullo, le robó un beso susurrandole- Te amo. . 

Richard MacQuoid -suspira mientra la mece, al verla como se la quitaba y decia esas cosas niega con su cabeza intentsndo no reir, desphes de eso antes de que se separa la detiene mordiendole el labio inferior apegandose mas a ella besandola con suavidad moviendolo conlentitud, amaia abre sus ojitos y al ver eso se enoja mas pegando un grito, al escucharla se asusta y rie nervioso-mi niña tranquila,.. omma quiere que la mime no te enojes -se acerca besandole su naricita acariciandole su cabello-Te amo mi niña, mi esposa, mi mujer, te amo mucho solo soy tuyo si.

MacQuoid Elizabeth -estaba por separarse cuando de pronto ante aquellos movimientos sentía que sus bragas se caerían, la manera tan clandestina y al mismo tiempo tan atrevida de besarle le hacía estremecer, estaba por pronfundizar su beso al introducir su lengua y de pronto ante el grito de su pequeña se muerde la lengua por el susto.-

—Ouch, ¡Amaia! -exclamó molesta y adolorida mientras se recostaba en la almohada.- Ouch mi lenguita. -al oirla sus hijos se carcajearon mientras que la menor continuaba con sus mejillas infladas cruzandose de brazos mirando con cierta indignación a su appa mientras le escuchaba halagarla.-

—Quiero chocolate ahorita. . . Hazmelo appa -decía con cierto berrinche mientras sus ojos rosa-violeta se clavaban en la mirada turquesa de su padre. Se safó de su omma colgandosele como koalita a su papá y comenzó a besuquear repetidas veces en sus mejillas y labios.- Mío, sólo mío, mi papi, mi novio, mío Omma -decía mirandole fulminante a su madre mientras que Elizabeth entrecerraba los ojos balbuceando a un sonido imperceptible.

Richard MacQuoid -shspira mientra frota su espalda cargandola, al sentir su besos le corresponde-Si mi niña solo tuyo… Tranquila, iremos a ver a la abuela para que nos haga un chocolatito, niños quieren beber chocolate? -sus hijos asiente riendo mientra mira a su mujer-Amor quieres chocolate de beber o quieres tu hamburgesa?

MacQuoid Elizabeth -la mejor suspiraba con cierto quejidito dramatico como si su corazón estuviera muy herido, colocaba su manita en forma dramatica en su frente como si tuviera fiebre mientras escuchaba a su padre. Sus hermanos trataban de ocultar su risa al verla así mientras que Elizabeth sólo la miraba con cierto balbuceo entrecerrando los ojos. De pronto ante las palabras de su pareja, ella volteó a verle un tanto sonriente musitó.-

—Ambas cosas. . . chocolate y hamburguesa amor, tengo antojo de salado y dulce al mismo tiempo -decía un tanto feliz para susurrar- Y vienes a quedarte a. . .quí -dijo en voz baja para que la menor no los escuchara.

Richard MacQuoid -al verla asi a su hija intenta no reirse para luego besuquearla, despues le hace muchas cosquillas riendose-hay mi vampirita, Elizabeth lo siento ya no te besare ni nada solamente soy de mi mujer Amaia… -Le guiña el ojo riendo mientra amaia le miraba a su omma victoriosa luego le saca la lengua riendo-

MacQuoid Elizabeth -al ver aquella acción de la menor le dijo ella-

—Ajam anda, entonces disfrutalo Amaia porque clandestinamente es mi hombre, en las noches es mío -al decirle eso, la menor abrió sus ojitos y volteó a ver a su papá con cierta incredibilidad.-

—Appa ¿Duermes con omma y no conmigo? -volvió a hacerle un puchero inflando sus mejillas y se sonó el pecho.- Mi corazón, ouch me duele. . . -dramatizaba- Quiero mi chocolate ahorita mismo, ay. -decía para llevarse a su papá de la habitación mientras sus hermanos se despedían del vientre de su mamá, le dieron un beso en la mejilla y se fueron con su padre a prepararse chocolate.

Richard MacQuoid -rie negando mientra camina llendose-Hay mi niña no levhagas caso a tu mami yo duermo con mis papas ya que ellos… me quieren.. asi que ya no seas asi mi pricensa, vamos por el chocolate… -sale del cuarto llendose a la cocina, se encuentra su omma haciendo hamburgesa y chocolate ya que habia escuchado afuera de la puerta, al verla sonrie, sienta a du hija en la sillita y de hay sus hijos se sientan, va hacia su omma susurrandole a su oido-Has que segundo vaya a un.mandando quiero ir con mi mujer.. si… -la sra jang al escucharlo carcajea mientra asiente, su hija voltea a ver que hacia entrecerrando sus ojos celosa, despues va hacia ella robandole besitos-Abuela sta preparando el chocolate mi niña…

Sra. Jang: jang ve a comprarme ese.mando que esta el papelito en la sala… yo le llevare la comida a elixabeth.. -guiñaba el ojo mientra preparaba la bandeja-

-jang al ver a su mama asiente riendo llendo a la sala, espera a su omma para que le diera la vandeja, despues sale ella con la bandeja, lo toma el y le susurra-Gracias omma cuidalos por un buen rato sii.. -ella asiente sonriendo, el sube al cuarto y entra, deja la bandeja en la mesita que estaba al lado de la cama, regresa hacia la puerta cerrando con seguro-Por fin.. -va hacia ella acostandose a su lado-ahhh amaia es identica a ti… dramatica y celosa…

MacQuoid Elizabeth -mientras esperaba en la habitación fue al closet de su omma, encontró un camison blanco largo y se lo puso mientras tanto. <> se reprendía y de pronto alzó el camison mirando su vientre, una sonrisa apareció y acarició la zona donde sentía a los pequeños.-

—¿Ya vieron el gran recibimiento de sus hermanitos? Son tres, Leo, Enzo y Amaia, a quienes ustedes le quitarán el trono de bebé haha pobre de mi chamaquita -decía entre risas malvadas mirandose en el espejo.- Si dentro esta una princesita, no te preocupes, Amaia es así porque es la única mujer aparte de mí pero sí eres Sakura. . . te prometo que te querremos mucho, compartiremos a tu papá, es muy guapo, no lo voy a negar, pero será sólo de nosotras tres. Y por mi pequeño. . . si eres un Richard, sé, que te llevaras muy bien con Leo y Enzo. . . ambos son muy unidos se protegen entre sí y tambien cuidarán de ti por igual, y serás tambien mi principito consentido -decía un tanto feliz mientras suspiraba y se los imaginaba a los pequeños.- Me pregunto ¿A quien se pareceran o serán una mezcla de ambos? Aaah! No lo sé pero igual los amo, cuando supe de ustedes, simplemente ya los amaba -mencionaba un tanto nostalgica mientras se fotaba el vientre. Volvió a la cama y se acurrucó entre las sabanas.

Entonces, al llegar él, suspiró y se incorporó para comer a su lado, acarició su mejilla y besó de piquito para despues ante sus palabras carcajearse y negar.-

—Eish, no soy taaaan dramatica como ella, me la gana, es de oscar haha -mencionaba en broma y entonces le miró con ternura diciendo.- Alimenta a tu bebé A -abrió la boca para que la alimentara como pajarito mientras le miraba con cierta dulzura.-

Richard MacQuoid -rie al verla y asiente, toma un pedazo de hamburgesa llevandoselo a su boca, despues lo deja en la mesa- omma las preparo, escucho la conversacion en la puerta… asi que se adelanto en hacerlo jajajaja… -besa su cuello mientra respira ondo para luego sacarlo- nose que hare con amaia amor… me chantajea mucho al igual que tu, son celosas, posesivas, amaia siemplemente es como tu solo que en niña chiquita… -se sienta bien para luego mirarla- amor… quien era aquel hombre que te apuntaba con un arma? como supo tu nombre?

MacQuoid Elizabeth -ríe escuchandole mientras medita un poco- Humm lo mismo opino de Leo, cada que me molesto con él hace tus gestos y eish, me veo obligada a olvidarlo, no puedo con ustedes haha -decía entre risas para despues ponerse sería ante sus palabras y tratando de recordar decir.-

—¿Hombre, qué hombre? -preguntó extrañada tratando de recordar pero nada era claro, lo unico que podía recordar era saltando de la ventana. Despues de eso, todo eran fragmentos de pelicula casera cortados.- ¿Apuntandome, donde? -preguntó de nuevo preocupada y de pronto sintió movimiento en el vientre. -Amor, los niños, se mueven -decía un tanto sorprendida y llevó su mano a su vientre sosteniendola allí.- ¿Los sientes?

Richard MacQuoid -al sentir sus hijo moverse le queda mas claro, ella no lo recuerda pero ellos si lo sintieron- Amor… estaba un hombre apuntandote en la cabeza con arma de fuego, creo que tu bebistes de el por que estabas mal, y tuve que morderme para que reaccionaras aunqe sea un poco, pero no… investigare quien era el… no quiero que nada te pase asi que no saldras sola, solo conmigo o con mis padres.. OK? no iras sola con los niños no quiero que arriesge tu vida y las de mis hijos…

MacQuoid Elizabeth -suspiró con cierto pesar dando otra mordida a su hamburguesa mientras trataba de recordar, masticaba repetidas veces, bebió de su chocolate y exhaló asintiendo.-

—Esta bien amor, de ahora en adelante no saldré sola pero sólo estos meses eh! No puedo vivir con miedo todo el tiempo. . . veré la manera de recordar. . . -murmuró preocupada y recargó despues su cabeza en el hombro de él.- Abrazame, ya me dió miedo -mencionó haciendo un pequeño puchero y susurró dandole una probadita de su hamburguesa.- Amor. . . Así que. . . Richard y Sakura ¿verdad? pero y sí son dos niños ¿Cómo se llamaría el segundo y si son niñas, la segunda? -preguntó con cierto asombro meditandolo.- Ay mi vida, menos mal son dos y no me hiciste sixtillizos de un disparo, chiquito, la tenías cargada -dijo al final en broma riendose ruborizada-

Richard MacQuoid -suspira mientra la abraza de costado pensando mientra acaricia su vientre- amor.. no esos meses siempre… Ok… estoy seguro que el hiso algun truco que tu cuerpo estaba hay pero tu alma no… no saldras sola hsta que yo lo encuentre Arasso? -la mira, despues supira- amor.. te toca a ti poner el segundo nombre de niño o niña jajajaja

MacQuoid Elizabeth -suspira con cierta nostalgía, no le gustaba la idea de no poder ir sola a cualquier sitio, era muy impredecible, ocurrente, traviesa, le gustaba conocer sitios nuevos, la ciudad, y sin duda sus planes no cambiarían, al menos eso estaba convencida a hacer. Se quedo callada con la mirada baja haciendo un pequeño puchero para despues ante sus palabras voltearle a ver y sonreírle diciendo.- Hmm Me gusta Mitchell para el niño y Chanté para la niña -decía con cierta alegría, claro que el segundo hombre de todos será Keun, eso es al igual que sus hermanos -asentía acariciando su mejilla- La herencia del padre -susurró con ternura y besó sus nudillos mirandole.

Richard MacQuoid -sonrie mientra acaricia su vientre-no me.importa que vayan a ser mis hijos… yo los amare,,, me preocupa un poco, si tuviera dos princesas amaia simplemente se enojaria y les haria algo a ellas…

MacQuoid Elizabeth -suspira escuchandole mientras se deja consentir por sus caricias.- Hmm si eso sucede tendremos que educarla y hacerle entender que debe compartir, así como son Enzo y Leo, pese a todo, ellos aunque se hacen bullying, se apoyan como hermanos, Amaia es así porque es la unica nena y eso le crea cierto favoritismo pero, nada que unas buenas nalgadas no solucionen -dijo al final entre carcajadas imaginandosela.- Ay no, terminariamos mordidos por ella haha.

Richard MacQuoid -suspira pesado mientra se acuesta en la cama recargandose de las almohadas-Nose… pienso que ella en verdad esta enamorada de mi… pero no debe ser asi… no quiero que mi hija de grande malinterprete el amor de un padre, que el amor de un novio…. nose..

MacQuoid Elizabeth -medita en sus palabras y dice al voltearle a ver.-

—Se llama mal de Elektra, nada que. . . nada que una buena charla y ponerle limites no arregle, además, esta muy pequeña, seguramente cuando entre a la escuela cambiará de idea, ya que conocerá a niños de su edad amor. . . lo siento pero, el amor que te tiene tiene fecha de caducidad -dijo al acariciarle la mejilla haciendole un breve puchero, I’m sorry.

Richard MacQuoid -suspira pesado mientra la mira-Lose… al igual que mis hijos, leo le gusta alguien de su escuela y le estoy ayudando a que la conquiste, enzo conocera a mas niñas y tambien le ayudare.

MacQuoid Elizabeth -ante sus palabras frotó su vientre mientras formaba un corto puchero.-

—No lo dudo, Leo siempre ha sido popular con las niñas. . . Enzo es el que me sorprende -decía con cierto recelo.- Pero al menos me quedan estos dos pequeños para que sean míos de nuevo muajaja -dijo con cierto tono malevolo para despues negar entre risas volteandole a ver.- Los niños creceran. . . se irán de casa y harán su vida -dijo con cierta melancolia- Y al final. . . sólo quedaremos tú y yo ¿Así debe ser, cierto? -preguntó como pequeña mirandose en sus ojos mientras entrelazaba sus dedos.

Richard MacQuoid -asiente-Lose.. por eso hay que disfrutar tiempo con ellos… por que nunca sabremos cuando se.iran.. -al escuchar lo ultimo asiente sonriendo-si.. solo seremosntu y yo

MacQuoid Elizabeth -suspira recostandose en su pecho mientras lo abraza con fuerza y sube su pierna sobre las suyas.-

—Diría llegaremos a viejitos pero la verdad. . . es que siempre nos veremos así -susurró deslizando sus yemas por su rostro, deteniendolas como pincel sobre la carnosidad de sus labios rojizos.- Por siempre me veré en tus ojos como un reflejo. . . por siempre serás mi duraznito, el hombre de quien ya estaba enamorada sin saberlo antes de nacer. . . Mi hilo rojo -susurró entre sus labios lamiendo su labio inferior mientras deslizaba sus yemas por su cuello y pecho- Mmm mi rey -susurró con cierto placer sintiendo su piel tersa.

Richard MacQuoid -suspira mientra laabraza con.fuerza pensando-es verdad… no vamos a envejercer, siempre.estaremos asi,.. no quiero que mis papas se.vallan,.o la abuela,, mis.hijos lo necesitan y nosotros tambien, crees que ven pueda hacer.algo pr ellos?

MacQuoid Elizabeth -al escucharle abre los ojos como platos, por un momento meditó en sus palabras y volteó a verle con cierta duda.- En verdad ¿Quisieras que tuvieran una vida como la nuestra, que fueran seres de oscuridad? -preguntó con cierta extrañeza.- Al principio. . . sería dificil para ellos porque estarían muy vulnerables por su edad y condición. . . Tendremos que ver metodos. . . quizás de alguna otra forma puedan seguir con nosotros sin necesidad de ser vampiros -mencionó acariciando su mejilla.- Buscaremos una forma de hacerles permanecer a nuestro lado, ¿Arasso?

Richard MacQuoid -suspira negando-Perdon amor, lo dije sin pensar nobte preocupes… -se estira un poco cerrando sus ojos mientra respira ondo-Extraño comer bocadillo de la abuela…

MacQuoid Elizabeth -acaricia su pecho y susurra-

—Pues podrás probarlos y le diré que me enseñe para preparartelos cuando tengas antojo cielo -entonces bostezo sintiendose cansada, lo abrazó como almohada susurrando- Vamos a dormir un ratito con los. . . Niños- balbuceó quedandose dormida en su pecho.

Richard MacQuoid -asiente empezanso a dormirse abrazandola de costado quedandose profundamente dormido, pasan unoa minutos y abren la puerta, era la sra. Jang con amaia, ella no queria dormir sin su appa, al verlos dormir asi juntose se encela, llendo con ellos a la cama, se sube con cuidado, se pone en medio de los dos recargandose del pecho de su appa balbuceando enojada durmiendo lentamente.

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Elizabeth נє ѕυιѕ мα∂ємσιѕєℓℓє мυѕѕєи∂єи MacQuoid

Sus negocios la habían mantenido fuera del país y ello comenzaba a ser contraproducente. Los hombres no acostumbraban a una mujer en el poder, por lo que su presencia era necesaria para mantenerlos alineados. Bajó del jet privado en uno de los hangares de su familia y dirigió sus pasos firmes al auto que la esperaba. Sven abrió la puerta y ella subió, seguida de sus perros y su infaltable Rosette.

Sven se sentó frente a ellas y comenzó a recitar una serie de lugares donde Marcel Renard, su subalterno, comenzaba a llamar a los grupos más pequeños de hombres a alzarse contra ella, a desterrarla. A asesinarla, de plano. La mujer se alzó el velo del sombrero y apretó los puños, conteniendo la rabia.

ㅡ Llévame a la casa. Tenemos cosas que hacer.
Su orden fue de inmediato acatada. El auto avanzó entre el tráfico, seguido por dos autos más donde viajaban su equipaje y sus guardaespaldas. Aunque ellos no eran necesarios. Ella podía sola con lo que fuera. E iba a demostrarlo. Una vez en casa, cambió su elegante atuendo de viaje por una sencilla túnica negra, con ribetes plateados.

Se encerró en su cuarto de invocaciones y cogió una tiza, dibujando símbolos cabalísticos en el piso. Extrajo un collar de perlas de un pequeño cofre lacado y la estrechó en sus manos, musitando los antiguos rezos. El dolor de la antigua poseedora del collar serviría como tributo para la diosa.

ㅡ Adrestia... diosa de la venganza... dame el poder de perseguir a mis enemigos. Que conozcan mi poder y vivan sólo el dolor y el sufrimiento. Dame el poder de la destrucción...
En ese momento, su espalda se arqueó hacia atrás violentamente y sus ojos se tornaron de rojo sangre cuando la diosa tomó posesión de su cuerpo. De las paredes y el suelo, de cada círculo de invocación, veloces sombras negras, como jirones de niebla salieron despedidas y la rodearon, alzándola unos momentos antes de dejarla caer con suavidad. El aliento volvió a ella y recuperó posesión de sus capacidades. Pero las sombras no se fueron. Permanecieron con ella, mirándola con sus ojos sin fondo.

ㅡ Tenemos trabajo que hacer...

Murmuró, poniéndose de pie. En pocos momentos estaba de nuevo vestida como una dama de sociedad, con la estrecha falda blanca de Valentino, la blusa negra y el sombrero de velillo. Ella y sus perros, acompañados del taciturno Sven salieron de la casa en dirección a uno de los clubes de Renard. Las runas le habían dicho donde se encontraría y hacia allí dirigió sus pasos.

Al arribar, un hombre se le cruzó en el camino y ella lo despachó de un solo tiro entre las cejas. Rápido, sin piedad. Entró al local y las sombras que la seguían invadieron el espacio, cerrando las puertas, apagando la música y llenando el local de gritos, llantos y sangre. Sus perros perdieron la forma de dos pastores alemanes y se convirtieron en oscuras aberraciones del infierno que se lanzaron sobre todo aquel que se interpuso en su camino, lo mismo que Sven. Ya no era un hombre. Dos largos colmillos asomaron en su boca y las mujeres que bailaban minutos antes en la pista se convirtieron en su presa.

Pero Renard no había sido tocado. Renard era suyo. El hombre le salió al encuentro, apuntándola con un arma. Eso fue demasiado para ella. Le disparó en la mano y entonces, dejó el arma. Lo miró fijamente y su cuerpo comenzó a flotar por el aire.

ㅡ Te metiste con la bruja equivocada…

Le advirtió con una sonrisa sardónica y al abrir su mano, el hombre estalló en llamas. Sus gritos se mezclaron con los de los demás y ella sólo se paró en medio de la sala de baile, sonriendo. Abrió los brazos, riendo y dejarndo ir un grito triunfal.

ㅡ ¡PARÍS ES MÍO!

MacQuoid Elizabeth «¿Estás segura de esto Elizabeth?» se cuestionaba mientras miraba las fotografías de sus cinco hijos en su celular <<Sí, es algo de lo que no tengo dudas>> afirmaba al ver aquellas sonrisas y dulces miradas de sus pequeños. Salió de la galería de fotos e inmediatamente salió del hotel donde ahora se hospedaba; vestía un jeans, botas, una holgada blusa, chaqueta de cuero, el cabello suelto y unas gafas, su plan era lucir lo menos visible posible prefería pasar desapercibida, por lo que su maquillaje era demasiado natural, bajó hasta el lobby notando que un taxi ya esperaba afuera, subió y le dio la dirección que días antes, una anciana le había mencionado, muy pocas personas quisieron colaborar con Elizabeth en Londres, estaban demasiado herméticos y ¿Cómo no estarlo? Los cabecillas de los clanes eran hombres con sus propios interés y aunque su causa no tenía por qué molestarles, para ellos Elizabeth resultaría ser una desertora y deshonra para dos clanes, el que la vio nacer y para el cual ella misma había optado por pertenecer, algo que no era permitido pero que con el carácter y forma de ser de ella, le valía un bledo y eso tenía consecuencias. ¿Cómo decirles que la única causa de que volviera después de tantos siglos eran sus hijos? Era lo peor que un ser de su clase pudo haber hecho, tener hijos con mortales, lo más sucio y repugnante para ellos.

El chofer conducía hasta la dirección que la mayor le había entregado, en el recorrido admiraba de nuevo sus monumentos, sus estructuras, el aroma de las calles, su gente, el ambiente tan distinto de “La ciudad del Amor”. Dentro de sus memorias habían rastros de su pasado cuando su primer esposo había comprado aquella casa, donde creyó que el cuento de hadas continuaría intacto para después reaccionar y verse dando a luz a su pequeña Amaia sola, una etapa muy amarga en la vida de aquella mujer y más tarde, después pedir el divorcio y custodia de sus tres hijos en la corte francesa. Exhaló pesado tratando de olvidarse de aquellas memorias pero entonces al ver aquella fuente en la plaza de la Concordia le pidió al taxista que se detuviera por un momento, fue hasta allí, había más monedas que antes pero de entre aquellos centavos pudo lograr ver el brillo de un diamante, sí, el anillo de casada que ella misma había utilizado para pedir un deseo, fueron instantes pero pudo ver la película de su vida, lo que sucedió después, todos los intentos de él por volver, por atraparla entre sus redes y el como ella había logrado liberarse de su hechizo, ya no había ni residuos del amor que alguna vez sintió por él. ㅡQuizás… malinterpretamos el significado del hilo rojo Jang, quizás nunca fuimos nosotrosㅡsusurró para sí y volvió al automóvil para proseguir su camino.

Por una extraña razón en su mente comenzaron a oírse gemidos, jadeos, era el recordar la sensación de su corazón acelerado, sentirse tan encendida de pasión ante sus succiones, su forma de presionar sus yemas en su cuerpo. Negó con la cabeza y desvió la vista de aquel hotel dónde un día había vivido un tórrido romance con un bailarín en su despedida de soltera antes de casarse por segunda vez ¿Por qué lo hizo? ¿No amaba a su prometido? Con su vida y ¿Entonces? Eso era algo que aún no se podía explicar del todo porque en los labios de aquel hombre, en sus palabras, en su forma de presionarse contra su cuerpo, tomar de él como si le perteneciera se daba cuenta de que algo en ella apenas nacía con aquella mirada hazel, aquel tono de voz tan varonil y autoritario, era menor que ella y sin embargo, su forma de actuar era como de un hombre maduro ¿Cómo era posible?

Ya faltaba muy poco para su destino final, contempló el museo del Louvre de espaldas, se miraba tan espectacular aun de día, había cambiado desde la última vez que un hombre le había entregado su vida mortal y todas sus posesiones por tan sólo la inmortalidad como un ser vampiro, algo que le servía a Elizabeth para subsistir. Sobre sus hombros existía un imperio del cuál nadie sabía y no pretendía que se supiera aun, no mientras la seguridad de sus hijos estaba de por medio. De pronto, el taxista se detuvo y ella pudo respirar el fresco aroma de la hierba recién cortada, el agua chocando entre sí en aquellas fuentes, las voces de algunos niños parisinos, de sus padres, había llegado al Jardín de las Tullerías.

Parecía el típico ambiente familiar, pobres almas no sabían lo que en realidad se ocultaba a sus ojos. Bajó del taxi pagándole al hombre por su servicio, caminó por sus sendas admirando un poco el lugar pero con cierta cautela observando todo detenidamente, mirando más allá de lo que los mortales podían ver, ellos sabían quién era ella y aunque no sabían el motivo de su llegada, no les placía verla. Uno de los árboles extendió un poco más sus ramas dejando caer algunas hojas formando una oración con estásㅡLargo de nuestros dominios, no perteneces aquí. ㅡaquello molestó a Elizabeth, no le daban ni siquiera la oportunidad de explicar el motivo de su llegada y ya le echaban.ㅡNo, no me iré he venido porque una anciana en Londres, me contó de las grandes hazañas de los suyos y he venido a suplicar por ayuda… No tengo intenciones de combatir, tan sólo quiero proteger a los míos, por favor permítame verle tan sólo por unos minutos –suplicó al bajar la cabeza y tomar las hojas del pasto, las aventó sobre el árbol y estás de nuevo se adherían a sus ramas. De pronto, el escenario se transformó a sus ojos, la tierra cimbró abriéndose en dos y con ello unas escaleras subterráneas que le conducirían quizás a su salvación o a su final.

Agatha Mussenden La orgía de sangre había terminado. Ni un aliento volvería a escapar jamás de los labios de las decenas de cuerpos que había regados en el piso. Muchas de esas personas ni siquiera se relacionaban con Renard, sólo habían ido a pasar una noche divertida… pero, ella, en su rabia, no había discernido nada. Antes de pasear sus ojos por la carnicería, volteó su mirada hacia el cadáver en llamas que aún pendía a dos metros del aire, sostenido sólo por la fuerza de su voluntad y su odio. Extendió su mano hacia él, en un puño y la abrió de golpe, haciendo que el cuerpo carbonizado del hombre se rompiera en pedazos. Esos trozos macabros serían un buen regalo para las cabezas de las otras familias. El terror era el mejor arma con el que contaba para manejar a los suyos.

Sus perros y Sven seguían merodeando a su alrededor, en busca de su alimento, igual que las sombras. Ellas deberían volver a su hogar, en los fuegos del infierno… pero aún no. Aún no las dejaría. Agatha sabía como aprisionarlas. Retiró el collar de su cuello y lo rompió, dejando escapar las perlas por en medio del piso ensangrentado. Las pequeñas joyas rodaron por entre los cuerpos, extrayendo las últimas gotas de dolor y agonía los cuerpos frescos. Daeron y Cassandra, sus perros, regresaron a su lado, ya con su apariencia normal y ella los acarició mientras las perlas pasaban de un blanco iridiscente a un negro oscuro como los pozos del Inframundo. Una vez estuvieron listas, regresaron a su mano, volviendo a formar el collar. Pero, el adorno central, seguía siendo blanco y puro. Alzó su mirada profunda hacia las sombras que la rodeaban y alzó la joya, proclamando las palabras antiguas, ya olvidadas por los mortales.

ㅡ Venite ad me, Adrestia umbras. Bibendum dolor mortalium. Nunc meae sunt.

Como un remolino, las sombras incorpóreas se fusionaron una sola masa sibilante y cargada de odio, la que se dirigió como una flecha hacia la joya que sostenía. Se fundieron en ella, tornándola del mismo negro que las demás perlas. Pero, al paso de los segundos, retomaron su color original. Nuevamente era un collar normal. Se lo acomodó en el cuello y una nueva fuerza le recorrió las venas. Sus piernas se tambalearon por la potencia de su nueva adquisición y Sven se materializó a su lado para sostenerla. Se sintió mareada por unos segundos y pestañeó varias veces antes de reponerse. Un humano normal se habría roto en pedazos, pero ella no era alguien ordinario.

Suspiró hondo y miró a su fiel acompañante, con una sonrisa. Se soltó de su agarre suavemente y dirigió sus pasos hacia la salida, seguida de sus perros.

ㅡ Recoge los trozos de Renard, Sven. Llévalos a casa y dile a Rosette que los empaque. Que use esas lindas cintas que compramos en Viena para atar los paquetes. Los cuerpos déjalos donde están. Ya son sólo cáscaras vacías, no nos sirven… me voy a casa. Este sitio apesta a miedo y a mierda.

Tras dar las órdenes, salió hacia el vehículo que los esperaba en la entrada. El chofer les abrió las puertas con una sonrisa y ella subió, seguida de sus perros. Los animales pusieron la cabeza en su regazo y ella los acarició mientras el vehículo se ponía en marcha, en dirección al opulento hogar de la nueva Reina de Francia.

MacQuoid Elizabeth Elizabeth avanzó lentamente por aquellas escaleras de piedras, con cada paso que daba una resplandecía como si de una piedra preciosa se tratara, estaba atravesando el mundo al que había renunciado tiempo atrás. Al pisar el último escalón de los diez que restaban observó con asombro las paredes de agua que se levantaban a sus costados, era otro cielo, otro paisaje, otro mundo. Pequeñas luces danzaban a su alrededor como si le dieran la bienvenida, pétalos caían desde las alturas, alzaba la vista tratando de divisar de dónde provenían y allí estaban nubes de colores, como si lloviera sobre su cabeza. Por un momento recordó a su pequeña, ella hubiera estado fascinada, amaba los cuentos infantiles pero de pronto, el día resplandeciente se fue opacando con el chasquido de unos dedos, todo se desvaneció y sin preverlo una sombra encapuchada apareció de su interior una luz roja resplandecía delineando aquella silueta masculina, podía escuchar su respiración fuerte, tosca, su aroma no distaba mucho de los demás seres de su clase. De entre aquella oscuridad el iris de sus ojos resplandecía como dos luciérnagas, Elizabeth no se inmuto, tan sólo le contempló en silencio esperando a que él dijera la primera palabra.

ㅡTe matarán ㅡfueron sus primeras palabras a lo que ella no indagó en el por qué, lo sabía, sabía los pecados que había cometido hace más de mil años. Hizo una reverencia y musitó ㅡEs bueno verte de nuevo, ha cambiado el panorama desde entonces… Hemos cambiado ㅡNo debería hablar contigo ㅡRefutó el hombre dejando caer su capa, mostrándose ante ella, era un hombre alto, delgado, de una apariencia agraciada con largos cabellos turquesa hasta llegar a sus caderas, en su sienes tenía figuras tatuadas, quizás de una tribu, se acercó a ella y respiró su aroma, deslizó sus yemas por su mejilla, rasgándole con la punta afilada de su uña índice aun así sin lastimarle, trataba de infundir miedo en ella, de hacerla retroceder, alejarse como una pequeña niña a las faldas de su madreㅡ ¿Por qué no estás huyendo? -cuestionó de nuevo mientras que ella colocó sus fríos dedos sobre la mano del hombre respondiendo ㅡPor la misma razón que a pesar de todo no me aniquilas con tu poder… ㅡel hombre abrió los ojos con amplitud, sintió la cólera recorrerle por completo y en un instante al sentir el ardor entre sus dedos, la abofeteó tumbándola al suelo. Existía un pasado entre ellos, uno que al hombre aun le lastimaba, pretendía odiarla pero el verla sólo había intensificado su obsesión. Elizabeth, pasó su mano por la zona rojiza en su rostro, la sentía punzar, se levantó del suelo y agitó sus cabellos quitándole así de su rostro, sus ojos pasaron de un verde olivo a un turquesa para finalizar en un rojo escarlataㅡ Si he venido aquí a buscarte después de tantos años… es porque una anciana dijo que tú podías ayudarme, sólo tú… Esto no lo hago por mí, esto no se trata de ti… se trata de seres inocentes que no tienen la culpa de lo que sucede… Cometí un error pero lo estoy enmendando, ya no estoy con él, estoy sola ¿Así quieren que continúe, cierto? Bien, lo estoy, jamás lo volveré a ver… ㅡTe ofrecí una vida de reina aquí… te coloqué el mundo a tus pies y tú tan sólo desapareciste, te busqué por cielo, mar y tierra y cuando di contigo, ya tenías a una pequeña entre los brazos, preferiste aceptar a un mortal ¡Qué a mí! -sus gritos retumbaban en todo el jardín, por fuera de su mundo en el mundo mortal, la tierra se cimbraba como si de un temblor se tratara. Elizabeth, con los ojos humedecidos y llena de rabia musitó ㅡEso, fue hace muchos años. ㅡPara mí siempre será como si hubiera acabado de suceder, ¡lárgate! Antes de que la locura me haga deshacerte con mis propias manos ㅡAquel ser derramaba acidas lágrimas que destruían todo lo que tocaban, aquello debía atemorizar a Elizabeth pero era tanta su desesperación por salvar a sus hijos que dio un paso al frente y su yema acarició su mejilla, el ácido de su lágrima le tocó quemándole la piel, ella se quejó y el ser sintió que su corazón salía de su pecho, ver el gesto de dolor en su rostro le afectaba.

Agatha Mussenden El viaje de retorno a su chatêau se realizó sin inconvenientes. La muchacha cerró los ojos y se dejó acunar por el ligero movimiento del auto mientras avanzaba con el tráfico hacia las afueras de París. Su casa se ubicaba en los extramuros de la ciudad, en medio de una extensa propiedad de 80 hectáreas. Caballerizas, un lago artificial, un pequeño bosque de robles, todo conformaba parte de sus dominios.

Toda la extensión del terreno estaba cubierto por una suave capa de césped verde y el camino de entrada, luego de traspasar las enormes verjas de hierro forjado estaba bordeado de sus árboles favoritos: álamos romanos. Por en medio de ese camino se internó el Bentley de Agatha y rodó suavemente sobre la grava hasta la imponente puerta de entrada. Esperó a que le abrieran la puerta y los perros descendieron primero. Ella se apeó después, sosteniendo delicadamente la mano de su chofer.

Caminó hacia la entrada de la casa, donde Rosette la esperaba con su habitual semblante sereno. “Hueles a sangre, querida. Deberías darte un baño”. Agatha negó. Aún debía hacer otras cosas. Renard estaba fuera del camino, pero, ¿y sus cómplices? Las runas le habían mostrado muchos hombres que se preparaban a sus espaldas para atacarla. Debía descubrir sus identidades, y pronto.

— Subiré ahora, Rose. Necesito que llames a una reunión del Consejo. Enseguida. Que se presenten lo antes posible…

Dicho eso, subió las escaleras, seguida de los perros que no se despegaban de su lado. Se encerró en su cuarto y se desvistió, cubriendo su desnudez con una bata de seda azul. Se recogió el largo cabello en una cola sobre la nuca y se dejó caer en la enorme cama con dosel. Abrió la mesilla de noche y cogió una caja lacada del interior. Suspiró, cerrando los ojos y posó sus mano izquierda sobre la tapa.

— Hécate, reina invencible, dame la clarividencia para ver a mis enemigos a través de las sombras. Muéstrame el camino de la venganza y abre las puertas de tu justicia para mí…

Tras el rezo sacramental, abrió la caja y dejó caer las pequeñas piedras de diversos colores sobre la colcha de seda. Extendió sus manos sobre los guijarros y cerró los ojos, concentrándose. En su mente, destellos de luz comenzaron a brotar antes de que las imágenes aparecieran como las reproducciones de una película vieja. Distinguió rostros primeros, voces y sonidos después. A medida que movía sus dedos sobre los guijarros, distinguió nombres de calles y vistas de ciudades. Abrió los ojos y sonrió amplio, dejándose caer de espaldas en la cama. Cassandra dio un salto y se subió a la cama, acomodando su enorme cabeza sobre su vientre.

— Ya los tengo, hermosa. Ya los tengo.

MacQuoid Elizabeth ㅡ¿Por qué te empeñas en seguir con esto? ㅡsusurró el hombre mientras tomaba su mano entre las suyas y con sus labios iba sanando la herida en su palma. Respiró el aroma de su piel, le recordaba en aquella época cuando se conocieron por primera vez, había quedado impresionado con su carácter hostil y con aquella dulzura que se desprendía de sus palabras al mismo tiempo, era una joven de muchos matices, eso lo podía percibir, tanto así que se obsesionó con darle todo lo que ella deseara y ella, le hizo creer que podría dejar de ser inalcanzable para él, cedió a los cumplidos, a los regalos, al mundo que él con tanto anhelo le entregaba. “No, la novia no llegará” Esas palabras retumbaron en su cabeza y volvió a su presente soltando su mano al sentir que de nuevo las lágrimas humedecerían sus ojos, desvió la mirada hacía la pared de agua que estaba detrás suyo, si vista se perdió en los peces de colores.

ㅡ¿Empeñarme… seguir? El futuro de mis hijos está en juego y no dejaré que nada ni nadie los destruya, nuncaㅡdijo con seriedad y el volteó a verla, sonrió de lado y de nuevo volvió su vista a la pared, hundió sus dedos en esta mientras que ella le seguía la mirada a sus actos con cautela.

ㅡSoy un ser poderoso pero él no es de mi misma condición, él no es un simple hechicero Elizabeth, es otra cosa… tus hijos, ellos serán tu perdición, sería mejor que los asesinaras con tus propias manos, así dejarías de cargar con su futuro y te librarías de ti misma… ㅡescucharle hablar de aquella forma tan fría de sus hijos provocó que los ojos de Elizabeth se humedecieran, sus ojos estaban abiertos como platos, en sus memorias el momento en que su primer ex esposo le pidió que abortara a sus mellizos, de nuevo Elizabeth podía sentir las dagas clavándose en su alma, la irá, la impotencia, el odio recorriendo su cuerpo hasta canalizarse toda ese energía en sus palmas, fue hacia él y como ráfaga de fuego, su mano se estampó en el rostro de él.

ㅡJamás… vuelvas a decirme una cosa así… ¡Todos ustedes son unos hipócritas! Me dan asco… Me señalan, me cazan porque decidí volver al mundo de los mortales, porque quise ser como ellos… ¡Yo jamás pedí ser uno de ustedes! Yo jamás le pedí que me rescatara de la muerte, yo hubiera preferido haber muerto con mis papás y mi hermano… ¿Cómo podían llamarle vivir al estado en que me encontraba? Confundida, como una marioneta al control de ese ser… Repudié durante siglos esta maldita condición… Intenté asesinarme, leí libros hasta colmarme el cerebro para saber cómo acabar conmigo, lo intenté todo pero no… Nosotros somos distintos a ellos y entonces, acepté e intenté integrarme a ustedes, ser una de ustedes, conviví, aprendí, socialice como ustedes, me volví fría, despiadada, el amor invernaba en lo más profundo de mi alma… Así estuve por muchos siglos pero a pesar de esto, en algún punto de la historia te cansas de esto, te aburre, sientes que estás vacío, que algo te falta… ¿De qué te sirve poseer tanto poder si no encuentras placer, plenitud, paz en él? Dímelo… ㅡle cuestionó mirándose fijamente en sus ojos, él por un instante no pudo responderle, si hubiera sido cualquier otro de un solo movimiento su cuerpo hubiera estado tres metros bajo tierra pero con ella, era demasiado consecuente.ㅡNo me placía tu mundo… jamás quise pertenecer a él… Por eso volví al sitio de dónde había salido “Seúl”.

ㅡ¡Cállate Elizabeth! ㅡle gritó el hombre dándole la espalda mientras sentía las manos temblarle.

Elizabeth bajó la mirada entre lágrimas agregando.ㅡTraté de comprenderlos, de recordar la clase de mujer que había sido antes de que se apagará la luz que existía en mi interior, antes de vivir en un mundo de tinieblas e incertidumbre… Me enamoré, me entregué por amor y también conocí los sinsabores del mismo, la vida de los humanos no es más sencilla que la nuestra, puedo asegurárteloㅡvolvió a ponerse delante de él y tomó su barbilla entre sus dedosㅡSi fuera por el amor a un hombre… mi vida sería eternamente miserable, esa es una parte de mi existencia que aún no puedo completar y dudo, podré completarla en algún punto de mi vida pero… La sensación de llevar un pequeño ser dentro tuyo, cuidarle durante nueve meses y en su clímax, escucharle llorar ¿Has oído el llanto de un recién nacido? Es como si clamará que está vivo y que necesita de ti… La conexión que logras tener con un pedacito que ha nacido de ti es indescriptible, es la prueba más grande de lo que el amor en realidad significa… Cuando aquel hombre me dio una segunda vida fue para que yo entrara al seno de la familia real británica y mis hijos destruyeran el Imperio no sólo político sino religioso… Y ahora, me están cazando porque tuve hijos con dos mortales ¿No te parece algo paradójico? ¿Qué lo hizo diferente? ¿Qué uno tenía poder y los otros dos no? Entonces hablamos de intereses y eso justifica sus acciones ¡Vaya hipocresía! ㅡexclamó con cierta rabia y la imagen de sus hijos vino a su menteㅡMi hijo mayor está muriendo… debo encontrar su cura. Aquel hechicero quiere llevarse a mis bebés, los reclama como sus hijos pero no lo son, aun ellos hayan absorbido sus poderes cuando me atacó embarazada, ¡ellos no le pertenecen! –mencionaba Elizabeth entre sollozos con cierta desesperación. Él sentía el corazón estrujársele con todo lo que le decía por lo que acarició su mejilla y de nuevo, acercó sus labios a su rostro, presionándolos en su mejilla como hace siglos. Elizabeth sintió un frío recorrer su espina dorsal y aun con los ojos hinchados, se miró en su reflejoㅡDicen que tú eres el único que puede ayudarme, te lo ruego por favor… necesito encontrarlo y destruirlo, sé que mis poderes son fuertes con los mortales pero que al estar tanto tiempo lejos de aquí, me he debilitado en este mundo… Sólo quiero proteger a mis hijos, son lo único que me importa ㅡdecía entre sollozos mientras que su cuerpo cedía ante lo débil que se sentía hasta caer por completo al sueloㅡNadie quiere ayudarme porque le tienen miedo a los clanes, le tienen miedo a él y otros continúan diciéndome que mis bebés serán el fin de ambos mundos que es mejor que él se los lleve y no, me rehúso a permitir que me los arrebate, son mis hijos, ¡de nadie más!

Agatha Mussenden Dos días tardó Rosette en reunir el consejo. De todas las ciudades más importantes de Francia, un miembro de cada familia, acompañado de sus hombres de confianza arribó al château de la bella. Para la ocasión, sus sirvientes habían preparado el salón principal, adornando las altas ventanas arqueadas con largos cortinajes de seda negra. Negro como el color de su ajustado vestido de gala. Negro como su cabello y sus ojos al estar decidida a renovar los votos de los hombres que comenzaban a arribar.

Sólo hombres. Ella, la única mujer; una rosa en medio de la podredumbre de ese mundo cruel y violento. Le repugnaba en el fondo. Esa parte de ella que seguía siendo humana lo odiaba. Pero, era necesario. Esa violencia alimentaba a sus demonios y ella debía mantenerlos bajo control. Se terminó de peinar el largo cabello castaño, cogiéndolo con una peineta de brillantes. Los rizos cayeron a un lado de su cuello, sobre su pecho. El contraste entre el sobrio negro de sus vestimentas de diseñador y los brillantes que adornaban su cuello, oídos y cabello la hacía lucir como una reina. Elegante, perfecta.

Entró al salón con paso firme, flanqueada a cada lado por sus fieles perros. Los presentes se pusieron de pie y ella cruzó una mirada con Sven, parado al final de la sala, vigilando todo. Sin armas, los cabecillas de las familias se habían acomodado a lo largo de la larga mesa de caoba tallada. Detrás de ellos, sus guardaespaldas vigilaban cada uno de sus movimientos.

ㅡ Bonsoir, señores…

Saludó, sentándose a la mesa e invitando a los demás a hacer lo mismo. Los miró fijamente, a cada uno, estudiándolos. Las runas le habían mostrado a los traidores. Y fueron a ellos a los que se dirigió enseguida.

ㅡSupongo que todos habrán notado que monsieur Renard no se encuentra con nosotros. Pero, nos alcanzará en un momento…

En ese instante, Rosette y varias mucamas, todas casi idénticas entraron al salón portando cajas blancas con primorosas cintas de color dorado. Las dejaron frente a cada cabecilla y ella abrió las manos, invitándolos a abrir los presentes.

ㅡ Adelante, señores. Reciban a monsieur Renard…

Los hombres, extrañados, abrieron las cajas y se encontraron con los restos carbonizados del hombre. Las expresiones de sorpresa, miedo y escándalo fueron variadas y muy elocuentes. Agatha sólo los miró, seria. Alzó la mano enguantada y ellos comenzaron a guardar silencio.

ㅡ Renard planeaba traicionarme. Y dos más de ustedes, piensan lo mismo que él.

En ese momento, todos se miraron entre ellos, como acusándose mutuamente, pero ella ya sabía de quién se trataba. Se puso de pie y todos la miraron, en silencio.

ㅡ Cuando mi padre me cedió el control de sus negocios, muchos de ustedes se opusieron a ellos. Dijeron que una muchacha de mi edad, mujer encima, no podría con ello. Y aún así, desde que estoy a cargo, la policía nos ha dejado en paz y el negocio de cada uno de ustedes ha prosperado como nunca. A pesar de ello, me traicionan. Eso no me agrada… y por ello, pagarán.

Chasqueó los dedos y las luces se fueron. Daeron y Cassandra se transformaron a sus formas demoníacas y sólo las llamas de sus lomos entregaron algo de luz mientras se encargaban de los traidores. En medio de la confusión, los gritos y los estallidos de las balas de aquellos que a pesar de la prohibición se habían armado. Cuando las llamas se apagaron, la muchacha chasqueó nuevamente los dedos y las luces volvieron. Todo estaba salpicado de sangre, excepto ella. Y los cuerpos de los dos cabecillas de Nantes yacían eviscerados sobre la mesa.

ㅡ Esto es lo que pasa cuando alguien se interpone en el camino de Agatha Mussenden. Que no se repita. Y, por cierto, dije que no quería armas aquí. No vuelvan a desobedecerme. No lo hagan. O mis perros se comerán sus tripas. Ya pueden irse. Y, buenas noches, señores.

MacQuoid Elizabeth Elizabeth continuaba en cuclillas, suplicando entre susurros. El hombre colocó su mano sobre su cabeza tratando de calmarla, le parecía increíble que a pesar del tiempo transcurrido, aun se compadeciera de ella ¿Por qué no podía odiarla al grado que lo deseaba? Meditaba en la forma de poderle ayudarㅡ Necesito… sé vagamente quien es pero necesito ver lo que te sucedió, sólo así podré ayudarte… -le mencionó mientras la levantaba del suelo y limpiaba sus mejillas, la llevó a un sillón y agregó- Necesito regresar a tu pasado… Veré el instante en que aquel hombre y tú se cruzaron, tráeme su memoria –ordenó colocándose detrás de ella, colocando sus manos sobre su cien, de pronto, Elizabeth abrió los ojos con gran amplitud, fue como si fuera un proyector, de sus ojos brotaba la imagen por el gran salón, todo era tan vivido.

Miró a Elizabeth con el vientre abultado, como cazadora buscando su alimento entre las ramas, en su estado más primitivo. Los ruidos de aves, ardillas, lobos en la lejania se escuchaban con claridad, como si estuvieran a corta distancia. Mientras que su mirada divisaba el hermoso plumaje pinto de tonalidades castañas de un halcón. Toda su concentración giró a un ser, podía escucharse un arpa, una voz delicada dando algunos tonos graves con cierta armonía. Un joven se bañaba en las aguas del rio, parecía que se divertía al jugar con el agua ¿Estaba acompañado? No, al parecer no pero lucía como si estuviera con alguien más o esperando a alguien. El clima en esa época era frío pero él hacía parecer que vivían en primavera, podía percibirse cierta tranquilidad en su forma de desenvolverse, eso sin duda llamó la atención de Elizabeth, que salió de entre las ramas y caminó hacia él con cierto sigilo pero conforma avanzaba, el aroma que desprendía su interior le indicaba que no era un ser humano, era de otra clase, no era un animal tampoco ¿Qué era entonces? El joven que estaba de espalda a ella se giró provocando una danza entre el viento y las gotas que se deslizaban de los largos y platinados cabellos del menor. Poseía una sonrisa dulce, un rostro inocente, la miró fijamente a través de sus ojos turquesas y con aquella voz hipnótica le musitóㅡHaz venido por mí, ¿cierto? Tómame, hazlo y vive para contarlo. -aquellas palabras tenían un trasfondo pero no sabía en ese momento el poder de sus palabras. Adiel, furioso grita de rabia, sabía perfectamente quien estaba en aquella imagen, sentía la impotencia de no poder retroceder el tiempo y evitarle a Elizabeth su catástrofe, sí, lo que le esperaba a Elizabeth era peor de lo que imaginaba. Continuó mirando la escena, el cómo hipnotizada, sedienta, hambrienta, Elizabeth se fue acercando, sintiendo como el agua de apoco iba devorando su cuerpo de porcelana. Y con ella aquella tela de su camisa danzaba entre las aguas. Al llegar hasta el chico, este se miró detenidamente en sus ojos tornasol, pasó sus yemas por la carnosidad de sus cerezos. Con aquel roce, Elizabeth sentía como su cuerpo exigía su néctar escarlata ¿Lo poseía acaso? No, lo que nutría sus venas era otra clase de néctar pero de igual forma, Elizabeth lo codiciaba como a un fruto prohibido. Él, acercó su rostro contra el suyo, exhaló dejándole saborear su aliento, su vida, deslizó la punta de su nariz por la suavidad de su piel de porcelana hasta colocar su vena punzante sobre los carnosos labios de ella. Elizabeth podía saborearlo, pasaba saliva ante la ansiedad que recorría su interior y de pronto, desenvainó sus colmillos como dagas afiladas, clavándolas al instante sobre el cuello del platinado, éste jadeó con cierta agonía, al tiempo que abrazaba a Elizabeth de la cintura con cierta fuerza, creaba un cinturón con sus manos imposible de zafarse. Elizabeth no lo sabía, sólo podía estar absorta en el sabor de aquel líquido que iba saciando su sed, era la combinación de las mejores cosechas de vino, frutas como mangostino, blue berry, fresas, cerezas, piñas, mango. Era como si en su interior existieran los placeres de la vida, los manjares que codician los mortales, todo contenido en aquella perfecta anatomía. Sentía como aquel liquido purpura, se iba fundiendo en su interior, era como si cambiara parte de su ADN y la trasformara en algo más. De pronto, Elizabeth sentía como su líquido absorbía su propio néctar.ㅡ ¡Ah! -exclamó en queja arrancando sus colmillos de aquel cuello, el joven se sonrió ladino y en un instante Elizabeth cayó entre sus brazos. El lobo estaba disfrazado de cordero. Adiel no quiso seguir mirando. Elizabeth se reclinó en el sillón ante el esfuerzo que había hecho al recordar esa parte de su vida, él fue delante de ella y tomó sus manos, las besó con cierta devoción, sentía pena por todo lo que había sufrido y lo que le faltaba por sufrir. ㅡSoy un simple esclavo Elizabeth… Mi poder es insignificante a comparación del poder infinito de entre las estrellas, de esa estrella a la que te enfrentarás… No sé cómo protegerte, podría dar mi vida por ti pero le sería tan sólo un aperitivo a su alma. A mi mente llega… Mussenden, quizás ella pueda entrenarte, no será completo pero puede darte armas para defenderte, después de todo, dependerá de ti el desenlace de tu historia. –le susurró acariciando su mejilla, de pronto sentía que estaba frente a una niña pequeña entregándola como cordero a su muerte. ㅡKaled… Ese es al ser que te enfrentas, no repitas su nombre a quien te lo pregunte.-advirtió con cierta tristeza. ¿Qué clase de ser era Kaled para que infundiera tanto temor en Adiel? Elizabeth, se levantó de aquel sillón y musitó- Mussenden ¿Dónde le encuentro?-Adiel, le anotó una dirección y musitó- Ella por linaje es una bruja. En Paris, es la más poderosa de entre ellas, dile que vas de parte mía, que más tarde venga a visitarme para conversar. Por lo pronto, dile que eres mi aprendiz y que deseas te dé un poco de su sabiduría… No es una mujer fácil Elizabeth pero confío en que podrás salir delante de cada prueba que se presente ante ti. No dejes de estar en contacto conmigo, por favor… -finalizó acariciando su mano con cierto denuedo. Elizabeth se soltó de su mano de inmediato e hizo una reverencia. Iré esta misma noche a ese sitio Adriel, gracias por todo. –mencionó sintiendo cierta alegría, por fin había un faro de luz que iluminaba su camino.

Salió de allí apresurada, atravesó aquel mundo para volver al mortal y allí, ya era de noche. Miró su reloj, el tiempo apremiaba, no podía esperar por un taxi, comenzó a correr con todas sus fuerzas hasta la dirección que Adiel le había indicado. No le permitieron entrar era un evento privado; por lo que, fue por detrás del lugar y entró por una de las puertas de servicio del lugar. Se infiltró como un empleado más y justó cuando estaba por llevar las copas de champagne, la escena sangrienta empañó el escenario. Elizabeth le reconoció enseguida, la forma de actuar, de hablar, del placer que trascendía de sus ojos ante sus actos sangrientos. Al salir de aquel lugar, le siguió en un taxi, pidiendo discreción al mismo para no ser descubiertos. Al llegar a las puertas de su mansión, sabía lo que tenía que hacer, bajo del taxi y le pidió se retirara. Se quedó allí en la acera de enfrente, mirando como varios automóviles de lujo entraban en aquellas puertas metálicas. Intentó entrar al pedirle a uno de los guardias hablar con ella pero le dijeron que la señorita tenía una reunión y no podría atenderla. Elizabeth, se quedó allí en espera de aquella oportunidad, sabía que en cualquier momento se daría el encuentro. Hora más tarde, se escuchaban disparos, gritos, parecía todo un espectáculo, los guardias se alejaron de la puerta para custodiar el lugar donde ocurrían los gritos y entonces, Elizabeth se adentró al escalar las puertas metálicas, con cierta cautela, se perdió entre los enormes jardines de la mansión pero de pronto, el gruñido de uno de los perros guardianes perturbó sus planes.

Agatha Mussenden La reunión había acabado.

Nuevamente veía y sentía el terror en los ojos de sus subalternos, como siempre debió ser. No esperaba ser amada por ellos, no quería ser una líder querida. Quería ser temida y honrada; odiada y deseada a la vez. A la distancia, podía sentir las vibraciones de su odio, picándole la piel como una corriente eléctrica. Mientras caminaba hacia sus habitaciones, sus sentidos estaban al máximo, producto de la adrenalina de unos momentos antes.

Sentía el miedo y la frustración de los hombres que se alejaban de regreso a sus hogares, a repartir las noticias de la fuerza y la crueldad de su ama. Sentía los pasos apresurados de la servidumbre, empeñados en limpiar la sangre y las vísceras de los fallecidos; conscientes de que ella no soportaba un mal olor o la fealdad en su casa, volverían a dejar todo perfecto, como ella lo exigía. Sentía los pasos suaves de Rosette, supervisando todo; Sven despidiendo a las visitas; sentía en los labios el sabor de la sopa que preparaba la cocinera en esos momentos.

Y de pronto…

Un aura invadió su círculo. No era nadie de la casa, era alguien extraño, foráneo. Poderoso y antiguo como la vida misma. Pero, llevaba un gran dolor encima. Una pena y una sombra. Sven se materializó a su lado y la miró, informándole de la presencia de una extraña.

— Ya lo sé. No les hará daño. Traéla ante mí, está buscándome. Llévala al estudio.

Ordenó, caminando nuevamente hacia su cuarto. Debía cambiarse antes de recibirla. Se quitó el vestido de gala y lo reemplazó por un amplio y largo vestido de delicada seda roja y tacones de color negro. Soltó su cabello y se quitó las joyas, dejando sólo una cadena fina de plata con un ópalo blanco colgado. Así, más cómoda y sencilla, se dirigió al estudio, seguida por una blanca serpiente, que había salido de su armario. Sus escamas relucían como diamantes y ella la tomó entre sus manos, dejando que se enrollara alrededor de su brazo.

Seguida de sus perros, entró al lujoso cuarto y se sentó en la silla alta frente al escritorio. Allí, acompañada de sus mascotas y con las largas piernas cruzadas, esperaría a su bella acompañante. Ya podía verla caminando acompañada de Sven, a través del espejo que estaba sobre el escritorio.

— Es una vampira, Astharte… mira su aura.

Musitó, perdida en el color áureo y escarlata del aura ajena, en dirección a la serpiente, que la miró con sus radiantes ojillos rojos, como si comprendiese.

— Veremos que es lo que la linda vampira necesita de nosotras…

MacQuoid Elizabeth Como la caída de la arena en un reloj de cristal, así eran los minutos para Elizabeth. Podía sentir el aliento caliente del animal detrás suyo, como si fueran espadas afiladas sus uñas fueron haciéndose más gruesas, daría pelea de ser necesario. Aun en cuclillas y de espalda, colocó sus brazos en posición de defensa y justo cuando estaba por girar, unos pasos sobre las hojas le hicieron ampliar sus ojos, respiró el aroma de aquella fragancia, volteó de inmediato y se reincorporó mirando fijamente a ambos, podía notar los ojos encendidos del animal, no era una simple mascota, eso le quedaba claro. Hizo una corta reverencia al hombre de traje oscuro y musitó.— Necesito… —el hombre le hizo una indicación con el dedo índice de que guardara silencio, le pidió le siguiera, giró sobre sus talones y se encaminó con el perro por detrás de la casa hasta llegar a una de las puertas, le hizo avanzar y en la oscuridad de la noche, con el leve reflejo de la luz de la luna sobre el escenario, pudo percatarse de los detalles en aquella decoración, los aromas que se desprendían de los muebles, las paredes, las esencias. Podía sentir una fuerza provenir del fondo de aquel segundo piso; el hombre avanzó por las escaleras indicándole el camino y el perro guardián iba detrás suyo vigilando sus movimientos. Al final de aquel pasillo, una puerta dividía lo que sería la travesía a su destino. El hombre se adentró y Elizabeth miró cuidadosamente su alrededor, aquel estudio tenía una hermosa vista de la ciudad parisina pero no emitió su observación. Allí estaba ella de pie con su vista fija en la ciudad, ella respiró hondo y entonces musitó— Adiel… me ha mandado con usted señorita Mussenden, quizás debí venir a una hora más apropiada pero, el tiempo para mí es limitado —sacó de su bolsillo la hoja que le entregó Adiel— dice que hay un mensaje para usted —a simple vista era un papel común y corriente pero no para los de su clase, en una tinta especial contenía las palabras:

Debemos hablar mañana mismo de esto, por ahora acoge a Elizabeth, necesita toda la sabiduría que puedas otorgarle, su destino traerá repercusiones para todos. Adiel.

Sven tomó el papel para entregárselo a la mayor mientras que Elizabeth respiraba hondo y con cierta alerta miraba fijamente las acciones que se daban a su alrededor, sus sentidos estaban más alertas que nunca.

Agatha Mussenden Las imágenes en el espejo se hicieron más nítidos a medida de que la pareja se acercaba a su estudio. Podía ver reminiscencias de un aura azul a su alrededor. Esa mujer conocía a Adiel y había estado con él, recientemente. Adiel… llevaba tiempo sin saber de ese hombre, sin adentrarse en su mundo. Y aún debería recibir a una de sus conocidas. Algo contrariada, se puso de pie y caminó hacia la ventana. El aroma de sus rosas siempre lograba calmarla, al igual que la vista de la ciudad dormida. Astharte se deslizó por su cuerpo y reptó hacia el escritorio, enroscándose en el respaldar de su silla.

En ese momento, los pasos fueron plausibles y ya no debió mirar en el espejo. No se giró hasta que los sintió entrar y la voz suave de la mujer no la sorprendió en lo absoluto. Su voz tenía esa misma nota de tristeza que podía sentirle en el aura. Se giró con una sonrisa y tomó el papel que Sven le extendió.

—Sé quién la envía, Elizabeth. Y no se preocupe por la hora, ambas somos seres nocturnos… la noche es nuestro mejor momento.

Dejó el papel sobre el escritorio y caminó hacia ella, acompañada del sonido suave de la seda de su vestido al caminar. Le extendió la mano delicadamente y la saludó con un ligero apretón antes de apartarse y volver a su escritorio, invitándola a sentarse frente a ella. Ella se acomodó en su lugar y quitó a la serpiente del respaldo para dejar que se enroscara en su brazo.

— Ahora, debe decirme específicamente en que puedo ayudarla. ¿Qué necesita de mí? Sea sincera, si no lo es… lo sabré…

Le dijo, tocando el espejo del escritorio, dándole a entender que con él vería sus intenciones.

MacQuoid Elizabeth Fueron aquellas palabras las que la hicieron meditar por unos segundos. Durante tantos siglos Elizabeth repudiaba su condición, recordaba con cierto desagrado las cosas que era obligada a ser por su ahora naturaleza, desvió la mirada hacia la torre Eiffel, recordando ciertas cosas de su pasado, apretó sus puños y labios para después aligerar su postura al ver como la mujer se desplazaba con cierta gracia por aquel lugar, las telas parecían danzar con el poco aire que había en el sitio. Al ver como aquella mano se extendía hacia sí, notó pequeñas manchas de sangre por debajo de las uñas, no hizo gran muestra de gesto y correspondió a su acto estrechando su mano —Un gusto señorita —alcanzó a decir antes de que la mujer se alejara. Le siguió con la mirada mientras que dentro de sus sensores, podía percibir cierta peculiaridad en Steve, no, no era un ser humano, era uno más de ellos, un ser de oscuridad y más específico, podía oler el aroma a fierro y otras sustancias sicotrópicas entre sus labios y dientes.

Respiró hondo y ante su indicación asintió con la cabeza, se sentó con cuidado notando como aquella serpiente le obedecía, ésta le miraba fijamente con sus ojos de reptil, su mirada era tan penetrante como si quisiera envenenar su alma. Desvió su vista a la mujer cuando esta comenzó a hablar y fue en su pregunta que ella meditó unos momentos, notaba aquel cristal sobre la madera del escritorio, este se hacía más brillante o más opaco conforme la mujer pasaba su mano y el calor acariciaba el cristal. « ¿Qué necesito de ti? » Se cuestionaba a sí misma mirándose en los ojos de aquella mujer. —Yo… —hizo una pausa pasando un poco de saliva para después aclarando su garganta proseguir —Soy Elizabeth MacQuoid… durante muchos siglos he estado ausente de este mundo, honestamente siempre he despreciado la clase de ser que soy pero… he tenido cinco hijos de los cuales, dos, los más pequeños corren extremo peligro… existe un hechicero —dijo sin hondar mucho en el tema de la identidad del hombre al no conocer más de lo que Adiel había comentado, mencionó un nombre pero debía investigar primero a que se enfrentaba por lo que ese dato lo reservó —Ese hombre… cuando estaba embarazada de mis mellizos, en Liverpool… bebí su sangre y con eso, mis hijos absorbieron sus poderes, por lo que ahora quiere quitármelos, los reclama como suyos y sé que debo mejorar mis propias habilidades pero también sé, que sola no podré, necesito de sus consejos, de aprender formas para detenerlo, aumentar mis poderes ¿Puede ayudarme? ¿Puede entrenarme señorita? —cuestionó con cierta suplica envuelta en su tono de voz.

Agatha Mussenden “Ella dice la verdad”.

Fue lo primero que pensó, tras escucharla. Era obvio que se reservaba algunas cosas sobre su enemigo, pero aquello no era demasiado relevante en ese momento. Más importante, era la angustia en su voz. Astharte ascendió por su brazo hacia su cuello y se deslizó tras su nuca, rodeándola y transmitiéndole que ella pensaba lo mismo. Elizabeth era sincera. Ninguna madre jugaría con la vida de sus hijos. Y estaba segura que era el amor que le tenía a ellos lo que la impulsaba a buscar su ayuda de modo tan desesperado.

Sven seguía tras ella, vigilante, pero aquello era una conversación entre mujeres. Confiaba ciegamente en su segundo al mando, pero la complicidad femenina no es algo a lo que los hombres debieran tener acceso. Tras escuchar atentamente a su interlocutora, alzó su mirada hacia el hombre y con un gesto, lo invitó a dejarlas solas.

—Lämna oss ifred. Och säg Rosette komma.

La muchacha ordenó en el natal sueco de Sven y él salió del cuarto, tras despedirse con una ligera reverencia. Suspiró pesado y se volvió hacia la mujer.

— Voy a ayudarla. En momentos, vendrá Rosette para llevarla a su cuarto. Se quedará conmigo mientras dure su instrucción. Si quien amenaza a sus hijos es un hechicero, convendría que los trajera también. Créame, esto no será sencillo. Y no será rápido… va a dolerle. Pero, cuando termine con usted… nadie podrá hacerle frente.

No acostumbraba a ayudar extraños, pero ella soñaba con el día en el que se convertiría en madre y de sólo pensar en que alguien podría o querría dañar a sus pequeños, su piel se erizaba. Agatha no era una mujer fácil, ni sentimental…pero, la relación madre-hijos que ella nunca conoció, realmente la conmovía. Y, entrenar a una vampiro resultaría todo un reto… y adoraba los retos.

— Necesitaré más información sobre este hombre. Todo lo que pueda decirme… los hechiceros tenemos distintas habilidades, dependiendo de nuestro entrenamiento y el alcance de nuestro don. Debo saber de qué clase es, qué poder tiene… sólo así podré enseñarle cómo defenderse adecuadamente.

MacQuoid Elizabeth El escuchar “Voy a ayudarla” le fue como agua refrescante en días de completa sequía. Continuó escuchándole con atención mientras le miraba fijamente a los ojos, tan sólo desviaba en momentos la vista al animal que le acompañaba, le parecía curiosa la relación que ambos poseían como en el inicio de la historia, el inicio del mal ¿Tendría relación consigo misma o simple casualidad? Por un momento, ante sus últimas palabras negó —No me importa lo que suceda conmigo, sólo quiero que ellos estén bien… Traerlos no… En este momento mi médico y una bruja se están haciendo cargo de ellos, mi hijo mayor no puede viajar, esta delicado de salud… Si he recorrido más de 1, 500 kilómetros es porque aquí están mis raíces y estoy segura de que aquí podré encontrar las soluciones a mí mal… Los niños están protegidos por ahora pero no puedo confiarme, soy consciente de eso… —hizo una pausa desviando su vista de la mujer hacia la ventana mientras apretaba los puños ¿Qué madre no desearía estar con sus hijos? Ya se sentía una traidora, una desertora pero, sabía que sus esfuerzos no serían en vano, tenía fe de que las cosas mejorarían con su viaje, obtendría preciados tesoros, la sabiduría… es el más preciado tesoro para cualquier ser, es como las piedras preciosas a los mortales. —Adiel… —volteó a verle ante la mención del hombre— Me pidió que atendiera a su llamado en la carta… así que si quiere saber todo ese tipo de cosas deberá hablar con él, no me autorizó a decir más —respondió Elizabeth con seriedad al mirarle, ni ella misma sabía al tipo de ser al que se enfrentaría, el único que sabía los alcances de aquel ser era el mayor. — Debo confesar… que ha sido Adiel quien me ha puesto a su cuidado, en mi búsqueda, me hicieron ir a él… aunque también me advirtieron en más de una ocasión que mejor era que asesinara a mis propios bebés y huyera, que el destino que tenían esos pequeños y la humanidad… —volvió a guardar silencio y bajó la mirada cayendo su cabello como cascada por su rostro mientras que en voz entrecortada musitaba —Mis hijos no son unos monstruos, ellos no…

Agatha Mussenden Agatha escuchó atentamente a su interlocutora, notando que la presencia de Astharte la incomodaba un poco. Y era comprensible, a no todo el mundo le agradan las serpientes, menos una albina. Una vez que la contraria se negó a traer a sus hijos con ella, suspiró pesado al oír quién los protegía. Pero, bueno, ella era la madre y sabía en manos de quién ponía a sus pequeños. De todos modos, conocía métodos para protegerlos a la distancia. La mención de aquel antiguo conocido provocó en ella que frunciera el ceño ligeramente, pero nada más fue visible en su rostro de alabastro.

— ¿Adiel? Bien, yo hablaré con él… no me fascina la idea, pero con la nula información que me da, no puedo hacer nada.

En ese momento, Rosette entró a la habitación portando una bandeja de plaqué con un fino juego de té. La mujer dejó la bandeja sobre una mesita auxiliar y le sirvió una taza primero a la invitada y luego a su señora.

— Beba, querida. La calmará. Luego irá a dormir mientras yo hablo con Adiel. Mañana será un día pesado, de preparación. Como ya dije, esto no será sencillo. Soportará mucho, pero seguro que podrá con ello.

Bebió un ligero sorbo, sosteniendo la taza con una mano mientras la otra sujetaba el delicado platillo sobre su regazo. Antes de seguir, miró su taza un momento y se quedó pensando en sus últimas palabras.

— ¿Teme que sus hijos sean un peligro para la humanidad debido a sus poderes?

MacQuoid Elizabeth Se frotaba los nudillos con cierta ansiedad, por su mente pasaban las caritas de sus hijos, aquel hombre que pretendía llevárselos, Adiel ¿Cómo había vuelto a su vida tan de repente? A veces, los episodios que completaban el libro de su vida le daban pavor, cuando creía avanzar, era como si diera un terrible retroceso y al mismo tiempo, esto era necesario para alcanzar un nivel más de madurez, aun se consideraba a sí misma tan pequeña. —Gracias… —se limitó a decir mirando sólo en lejanía aquella serpiente, por una extraña razón el color de sus escamas le recordaba tanto a aquel hombre, esa mirada penetrante, el jugueteo de su lengua en aquel vaivén, era como el canto seductor de la traición. Exhaló con cierto pesar pero no mencionó más.

Escuchó unos pasos, notó como se servían ambas tazas. Hizo una pequeña venía agradeciendo el gesto para entonces sostenerle con cuidado respirando su aroma a hierbas. Sus palabras se difuminaban entre el aire tibio de su alrededor, quería creerle, no tenía más remedio que confiar que así sería. Bebió un sorbo y ante su pregunta amplió los ojos, por un momento no sabía cómo responder, que tanto debería o no decir de sus hijos ¿Terminarían siendo cazados como en la inquisición? Exhaló desviando su vista al ventanal —Valeska… posee el poder de controlar la energía… Darién, puede controlar el hielo… Es todo lo que sé, aun son muy pequeños y no sé qué tanto se han desarrollado, Ben les ha hecho estudios, él llevó mi parto… Ellos son buenos niños, no harían daño a nadie… Una madre jamás pondría en duda la bondad de sus hijos ¿Lo haría usted? —cuestionó al voltear a verle— Me siento sumergida en una pesadilla de la cual no logro escapar, por más que me alejo, me atrae como Imán. —bebió de un solo sorbo su té y se levantó de su asiento —Disculpe pero… me siento cansada ¿Podría indicarme dónde dormiré? —aun ella se extrañaba de la situación pero según las palabras de Adiel, debía confiar, aquella sensación debía preservarla, algo muy difícil por el tipo de memorias que había tenido a lo largo de su existencia.

Agatha Mussenden — ¿Energía y hielo? Felicidades, mami, sus hijos son brujos elementales…

Respondió algo preocupada. Si los niños no recibían la instrucción adecuada, fueran buenos o no, sería un peligro para ellos mismos y para los demás. Revolvió la taza con delicadeza y bebió un nuevo sorbo antes de dejar la taza sobre la bandeja, tomando la mano libre de la mujer. Miró sus líneas atentamente y vio mucho… mucho dolor. Pasado, presente y futuro estaban manchados por el dolor. Pero, la línea del futuro era borrosa. Aquel destino funesto podía ser cambiado.

— Sus hijos estarán bien, Elizabeth. Lo único que necesitan es aprender a usar sus habilidades sin lastimarse ni lastimar a nadie. Esto no es una pesadilla, es una prueba. Debe superarla, por ellos.

La mención de su cansancio no la sorprendió. Ella se sentiría igual. Rosette se acercó y retiró la bandeja, tomándola con cuidado entre sus manos.

— Rosette la llevará a su cuarto. Puede acomodarse tranquilamente… éste será su hogar por un tiempo. Pase una buena noche.

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Elizabeth El reino de brasas ardientes MacQuoid

Sellas un modelo, lleno de sabiduría y perfecto en hermosura. En Edén, el jardín de Dios, resultaste estar. Toda piedra preciosa fue tu cobertura: rubí, topacio y jaspe; crisólito, ónice y jade; zafiro, turquesa y esmeralda; y de oro era la hechura de tus engastes y tus encajaduras en ti. El día en que fuiste creado fueron alistadas. Tú eres el querubín ungido que cubre, y yo te he colocado a ti. En la montaña santa de Dios resultaste estar. En medio de piedras de fuego te paseabas. Estuviste exento de falta en tus caminos desde el día en que fuiste creado hasta que se halló injusticia en ti.

”Por la abundancia de tus artículos de venta llenaron el centro tuyo de violencia, y empezaste a pecar. Y yo te pondré como profano fuera de la montaña de Dios, y te destruiré, oh querubín que cubre, de en medio de las piedras de fuego.

”Tu corazón se hizo altivo debido a tu hermosura. Arruinaste tu sabiduría por causa de tu radiante esplendor. A la tierra ciertamente te lanzaré. Delante de reyes ciertamente te colocaré, [para que] te miren.

”Por la abundancia de tus errores, debido a la injusticia de tus artículos de venta, has profanado tus santuarios. Y sacaré un fuego de en medio de ti. Es lo que tendrá que devorarte. Y te reduciré a cenizas sobre la tierra delante de los ojos de todos los que te ven. En cuanto a todos los que te conocen entre los pueblos, ciertamente fijarán su vista asombrados en ti. Terrores súbitos es lo que tendrás que llegar a ser, y ya no serás más hasta tiempo indefinido”. [Ezequiel 28: 1-19]

Cuatro mil cuatrocientos setenta millones de años envuelven la antigüedad de la tierra ¿Qué tanto ha sucedido desde el inicio de la historia? Ni carne y huesos, tan sólo un espíritu. Kaled poseía extraordinarios dones, de lo contrario ¿Cómo hubiera podido convencer a miríada de seres que se unieron a sus planes, que prefirieron dejar su lugar en los cielos para usurpar la gobernación que le correspondía al todo poderoso.

Fornicación, inmundicia, conducta relajada, idolatría, enemistades, contiendas, celos, arrebatos de cólera, altercaciones, divisiones, sectas, envidias, borracheras, diversiones estrepitosas, prácticas de espiritismo era lo que unía a estos seres con los humanos, las obras de la carne ¿Realmente eran tan débiles para dejarse mover como títeres por ellos? Quizás. 194 países y todos poseen su jerarquía, sus respectivos títulos nobiliarios: Emperador, Rey, Príncipe, Infante, Archiduque, Duque, Marqués, Conde, Vizconde, Barón, Señor.

En Kaled ya no existía una gota de amor. En su mente, lo único que motivaba sus días hasta aquel enfrentamiento era su sed de destruirlo todo a su paso, los métodos no importaban, si el resultado era el mismo: Que nadie le sirviera, que nadie regocijara el corazón de aquel ser supremo al que el mismo había desafiado, de quien quería ser y que sabía jamás podría ser. Durante siglos, la estuvo cazando, observando la clase de ser que era, él mismo propicio todo para que aquella fatídica noche, Elizabeth exhalara su último aliento como ser mortal y trascendiera a la oscuridad de sus días ¿Por qué ella? ¿Para qué?

Los días habían avanzado desde el enfrentamiento que tuvo con ella, era débil, jamás podría derrotarlo ¿Quién podría? Ningún ser en la tierra ni en sus limitados cielos podría contra él, excepto… quienes le dieron la vida. Ya se había acostumbrado a la forma humana que había adoptado, aunque siempre variaba dependiendo del tipo de ser con el que tuviera un encuentro, aquella imagen del chico frágil, de ojos azules y largos cabellos platinados le agradaba, ¿Quién podría resistirse y sentirse poderoso en su comparación? El lobo disfrazado de oveja. Se encontraba en una parte de la cordillera Hindú Kush-Himalaya. Recordaba el poder de aquel pequeño de siete meses a quién él mismo denominaba “mi hijo”, el cómo el menor a pesar de tan sólo ser un bebé tenía la furia, el coraje de enfrentar a un ser con mayor poder que él, defender a su madre y “herirlo” en el sentido más mundano ¿Aquello le daba orgullo? No, porque sabía que a pesar de poseer parte de sus propios poderes, ese par de mellizos se convertirían en seres muy fuertes y si no estaban de su parte, estaban en su contra. Él mismo había colocado a Elizabeth en aquel tablero de ajedrez ¿Cómo quedaría si de pronto la erradicara de la tierra? Un cobarde ¿Lo era?.

Adiel, no podía dejar de pensar en la plática que había tenido con Elizabeth, divagaba entre sus pensamientos, pensaba el cómo ayudarla pero de nuevo, volvía a su cabeza sus limitantes ¿Quién podría contra él? Sabía la respuesta y aquello le pesaba. — ¿Dónde estás Agatha? —se cuestionaba el hombre mientras miraba sobre un cristal la casa de la joven bruja y entonces miró algo que llamó su atención, Elizabeth salía al jardín, notó como se sentaba en el pasto, le miraba tan retraída en sus pensamientos.
— Aun no logra olvidarla, ¿Verdad?
— Puede ser pero… mi preocupación va más allá. Estate al pendiente, este día debe venir Agatha… recíbanla de inmediato, necesito hablar con ella de varios temas.

Agatha Mussenden Rosette se llevó a su invitada y ella se reclinó en la silla, mirando hacia el techo. Astharte reptó por su cuerpo hacia su cuello, dejándole sentir el frío roce de su escamosa piel sobre ella. La serpiente le rozó el cuello con la lengua por una milésima de segundo y comenzó a enroscarse alrededor de éste, quitándole el aire poco a poco. Aquel coqueteo con la muerte era placentero para Agatha, la alejaba del mundo terrenal y la ayudaba a concentrarse en situaciones complejas.

Y esta era una.

Si Adiel, el gran Adiel, el Todopoderoso Adiel clamaba por su ayuda, era porque uno de los grandes estaba dando problemas. Agatha se había habituado a ser reina entre los hombres, a gobernar a su modo a los mortales. Era un pez grande en un tanque pequeño y estaba cómoda así. ¿Realmente valdría la pena arriesgar todo por una desconocida? No estaba segura.

Pero, ayudaría en cuanto pudiera sin involucrarse demasiado hasta que comprendiera la real naturaleza del problema. Ella era demasiado hermética y esa falta de confianza le molestaba. Quizás era que ni ella sabía en qué se estaba metiendo. Todo era posible en aquel mundo de luces y sombras en el que se movía.

Astharte finalmente se desenrolló y ella inhaló con el apremio del que casi ha muerto por inmersión. Se acomodó nuevamente en la silla y se puso de pie, dirigiéndose a aquel ala del castillo al que sólo ella tenía acceso. Ni siquiera Rosette podía entrar en su altar personal. Seguida de la susurrante presencia de la serpiente, subió por la torre y en una de las ventanas, pudo mirar hacia el jardín, contemplando la figura de la mujer sentada sobre el cuidado césped.

— Vaya muchacha…

Murmuró, subiendo nuevamente los escalones del piedra hasta llegar a aquel amplio cuarto sin techo ni cristales, abierto a la luz de la luna. Llenó un amplio vanitorio de plata con agua sagrada y se quitó el cinto del vestido, dejándolo sobre el platinado líquido. De inmediato, la tela roja se convirtió en una lengua de fuego y el agua burbujeó, llenando todo de un vapor platino.

Inspiró hondamente y cerró los ojos. Cuando los abrió, se encontró en un mundo diferente. Un hombre la esperaba y tras una profunda reverencia, dejó oír su voz.

— Mi señora, bienvenida. La hemos estado esperando. Mi amo la espera… por favor sígame.

La mujer, sin inmutarse demasiado, asintió y lo siguió. Su presencia en ese lugar de luz y hielo, de azur y calma era como una piedra que cae a romper en ondas la pasividad de un lago en calma. Sus pasos resonaban en la recámara, y liberada de su forma mortal, todo era llamas y sombras a su alrededor. El lugar, cargado de magia la alentaba a liberarse, a dejarse ir, pero aquello no sería bueno. Debió controlarse para retomar su forma mortal y no destruir el pasaje hacia el encuentro con su interlocutor.

Astharte, que había viajado con ella, se enredó en su brazo y se convirtió en un brazalete que la mantenía contenida. Así, más tranquila, pudo seguir al hombre y finalmente se encontró frente a aquel que la había invocado.

— Cuantos siglos sin saber de ti, Adiel. Dime, querido, ¿me has extrañado?

MacQuoid Elizabeth Adiel se encontraba aun con su vista fija en aquel cristal que mostraba la silueta de Elizabeth, dentro de sus memorias, aquel suceso entre Kaled y ella gritaba desgarrándose en su interior, «Si tan sólo hubiera estado allí para defenderla pero ¿Cómo? »

Elizabeth miraba detenidamente la fachada de la mansión, aun le parecía poco creíble que pasaría largos días sobre aquellas hectáreas ¿Quién era aquella mujer a quién Adiel encomendaba? No la conocía pero había visto la clase de mentalidad que poseía, ella ¿Llegaría a ser como ella alguna vez? ¿Se desharía de su humanidad de una vez por todas? Aquella humanidad, le permitía cultivar cualidades que aun pertenecían a los mortales y que por divinidad maldita, a los seres de su clase aquello había desaparecido de su interior, tendencia a siempre provocar el mal, a crear un caos y ser ese su único alimento ¿Los había condenado Él o él? Una gran diferencia en la acentuación de quién se habla entre líneas.

—No demasiado para aun recordarnos… —musitó al voltear y encontrarle, tan hermosa como le recordaba en sus inicios, más mujer menos inocente, parte del proceso de la vida, poseía una amistad con sus padres, por lo que la consideraba tan hija suya como de ellos, aun así, le había encomendado algo imposible y debía, tenía la obligación de ser clara con ella, no quería ponerla en riesgo pero ¿A quién más podía dejar a cargo? Poseía lo necesario para soportar hasta el último átomo que le fuera arrancado de las entrañas. —Agatha… Toma asiento por favor, debemos hablar de lo ocurrido la noche de ayer —decía mientras movía su mano apareciendo detrás suyo un asiento de terciopelo, una mesa barroca erigiéndose del suelo y el escenario cambiar de fauna a citadino, un estudio en alguna parte del mundo. Una vez que él mismo tomó asiento, entró en escena uno de sus sirvientes con una bandeja, dos copas y una botella de vino tinto. La colocó en la mesa con cuidado y sirvió ambas copas, entregándolas. Destapó un platillo, quesos para degustar. Se retiró de allí y Adiel prosiguió— Elizabeth no sabe en que se ha metido… Cuando estaba embarazada, un ser se colocó como carnada en su camino, hasta allí la historia es común y clásica entre nosotros pero… Ese ser no es cualquiera, posee el poder más grande, arrebató el poder más grande al Todopoderoso, sabemos la historia, sabemos la rivalidad que ha colocado y la profecía entre ambos, todo acabará de un momento a otro pero… me temo que él ha colocado las piezas de tal forma que pretende una revancha, no se limita, no concibe que su fin llegará algún día como el nuestro —decía mientras tomaba un queso y lo saboreaba combinado con el agridulce sabor de su vino tino.— Elizabeth pretende luchar contra él para proteger a sus hijos pero… esos niños están condenados o se unen a él o se transforman en sus enemigos, así de simple y no es algo de lo que ni tú ni yo podamos hacer gran cosa ¿Qué puede hacer un esclavo contra su Amo? Sí Agatha… sé que suena absurdo pero también sabes que tengo razón en todo lo dicho… Ambos pedimos de su ayuda cuando conjuramos, él nos concede los dones, los poderes…. Por lo que, tan sólo puedo pedirte que entretengas a Elizabeth… hazla aprender de nosotros, otórgale conocimiento, jamás le reveles contra que se enfrentarán sus hijos, es capaz de cometer una estupidez… por eso —hizo una pausa dejando su copa en la mesa y tomar su mano donde el brazalete titilleaba ante cada palabra suya —Prométeme que le ayudarás a ser fuerte, tan sólo a desarrollar los poderes que por naturaleza posee como ser oscuro pero nada más… Quizás y eso nos libre cuando él se entere de esto, sino es que ya se ha enterado y quiere ambas cabezas, espero me equivoque… —dijo con cierta seriedad al voltear a la ventana mirando la ciudad— Todo el mundo le pertenece, le pertenecemos tú, yo… todos y quién no lo crea así es su enemigo. No queda más que desviar la mirada.

Agatha Mussenden Agatha le sonrió al verlo y observó impertérrita como el ambiente cambiaba a su alrededor. Se dejó caer descuidadamente sobre el alto asiento de suave terciopelo y lo miró casi indolente, cruzando las largas piernas de modo que la seda del vestido se moviera, enseñando la forma torneada de sus extremidades. Rechazó el vino con un gesto de su mano y tampoco tocó el queso. No estaba allí para una reunión informal. Estaba allí por información.

Y debía reconocer que esta le fue entregada sin escatimar en detalles. Presenció la perorata de su interlocutor en silencio, fingiendo no prestar demasiada atención, pero la verdad es que estaba pendiente de cada palabra que salía de los delgados labios de Adiel. Y no sólo de sus palabras. Estaba pendiente de sus ojos, sus gestos, movimientos y de su aura. Por ello, no le pasó desapercibido cuando mencionó a su invitada. La ligerísima línea rosa que lo rodeó al nombrarla le indicó que habían sentimientos allí dentro.

Sonrío suavemente y miró su muñeca, dejando que Astharte transmutara nuevamente en aquella serpiente albina que la había acompañado. La dejó deslizar por su brazo y al terminar, se giró hacia él, aún con aquella leve sonrisa adornando la comisura de sus labios.

— La edad te ha afectado, Adiel. Es obvio que Elizabeth es especial para ti y que esos sentimientos escondidos te han cegado. Te han vuelto cobarde. Ha pasado mucho desde que nos vimos, y las cosas han cambiado. Él ya no es mi señor. No tengo un señor, ni le pertenezco a nadie. Kaled ha reinado por demasiado tiempo y el nacimiento de esos niños que pueden hacerle frente no es un problema. Es más bien, nuestra solución.

Se puso de pie y caminó hacia él, posando sus manos en sus hombros, deslizándolas suavemente hacia sus brazos, al tiempo que se inclinaba hacia su oído, rozando su oído con su aliento.

— No dejes que te ciegue tu aprecio hacia ella. No dejes que el miedo te invada. Esta es nuestra chance de derrocarlo. Yo no le temo. Y no miraré a un lado… hay que conocer a esos niños; entrenarlos a ellos y a su madre y pelear todos juntos. Somos muchos. Y por mucho que él sea uno de los Grandes, nosotros lo somos más…

Se apartó nuevamente de él para sentarse a su lado, sobre el escritorio, volviendo a cruzar las piernas. Chasqueó los dedos y la habitación cambió, volviéndose todo negro. Poco a poco, imágenes inconexas comenzaron a aparecer. Imágenes de muerte, guerra, destrucción y por otro lado, imágenes felices de gente riendo en la playa y niños corriendo bajo el sol.

— Los mortales tienden a pensar que sus vidas están hechas. Que caos y orden, luz y oscuridad, se oponen. Que deben enfrentarse y que una debe prevalecer frente a la otra. Pero nosotros sabemos que no es así… que se necesitan la una a la otra. Kaled es el caos. Y ya ha reinado demasiado. Tomaré esto como una oportunidad. El mundo ya no necesita a un señor. Necesita una reina. Y yo lo seré… para que el equilibrio entre las fuerzas continúe, debe seguir existiendo ese mundo oscuro al que Kaled gobierna. Yo no dejaré pasar esta oportunidad.

Se bajó del escritorio y caminó hacia la puerta, abriéndola. Del otro lado de la madera, estaba el salón de su casa. Se giró hacia él un momento y lo miró directamente a los ojos.

— Entrenaré a tu preciosa Elizabeth, pero no pretendas que la engañe o que la haga invencible. Eso está más allá de su capacidad. Si realmente te interesa, pelea por ella. Con ella. Con nosotros. Eso es lo que un hombre haría…

Con ello, cerró el tema, y la puerta detrás de ella. Ya pronto conocería la respuesta de Adiel. Por ahora, debía encontrar aliados y prepararse para lo que venía.

La guerra.

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Elizabeth I'm wondering if I'm on your mind MacQuoid

Una vez más, Elizabeth debía dejar su hogar para volver a otro de sus compromisos, estaba a la caza de un hombre pero parecía de humo, se desvanecía entre sus dedos. Dominick Rockefeller, sin duda, era un hombre astuto, habilidoso no sólo en su habla sino en sus actos. De nuevo, había tenido su agenda en sus manos y esta vez, estaría en una conferencia acerca del cambio climático ¿sería posible que tuviera ese lado humano, compasivo o acaso, era una telaraña bajo otras intenciones?

De Japón, partió a Corea a dejar a sus cuatro hijos con su niñera para en ese mismo instante, al bajar del avión tomar otro con destino a Londres. Durante el camino, meditaba en las palabras de su hijo mayor, lo que pedían a punto de las lágrimas sus otros dos hijos, le pesaba, se sentía mal consigo misma por el rumbo que ella misma le había dado a su familia ¿fue egoísta, pensó sólo en ella de nuevo? Su vista, estaba fija en las nubes y el cómo estas parecían tan suaves, como si fueran hechas de seda y al mismo tiempo glaseadas de dulce ¿A qué sabrían? Sonrió brevemente al sentirse tan ingenua por las preguntas que rondaban su mente.

"Boy lately, you've been stingy with your time
Got me wondering, I'm wondering if I'm on your mind
Boy I just wanna be in your possession
You say I'm the one you want so come express it

Don't slip, don't slip
Cause a nigga might push up on it
Don't really wanna lose this moment
Why window shop when you own this?
I don't put it down
I don't fuck around
I want you now, I want you now, oh oh whoah"

[ Elizabeth, miraba su reflejo en la pared de cristal, entre coloridos peces de agua salada, corales y una que otra decoración artificial y de pronto, le miró de espalda, midiendo 1.80, su figura atlética vestida de diseñador Armani, una corbata bordada en hilos dorados. Su cabello pulcro, impecable, peinado hacia atrás, su piel ligeramente bronceada y de pronto, volteó, su sonrisa era destellante, su traje se opacaba con su sola sonrisa, su mirada turquesa podía sumergirle, hipnotizarle. Él, galante se reincorporó de su asiento y fue directamente hacia la pared cristalina, Elizabeth, por un momento se sintió como un pequeño conejito a punto de ser capturado, su corazón galopó a prisa, se humedeció los labios con cierta ansiedad. Su fragancia con notas de madera, musgo, incienso y ámbar, le recordaban su amada Liverpool; sus ojos se abrieron con amplitud y por un instante sintió le había arrebatado el aliento. —Dominick Rockefeller —su voz era exquisita, delirante, por lo que Elizabeth titubeó al delicado roce de sus yemas, su mano era gruesa, larga y fue al tomarle del dorso que sintió se desmayaría en ese instante]

” Can you love me for poor (let me know)?
I’m searching for my soul
Whoever turned you cold (beat this)
You need to let ’em know
I can work miracles (what’s up?)
I work it physical (physical)
And when I love you close,
You can feel my heart beating thru my clothes

Future…”

Elizabeth se miraba frente al enorme espejo de su habitación. Vestida de Givenchy, zapatillas de Manolo en tono azul eléctrico, delicados diamantes decoraban su trenzado, mientras que su maquillaje era discreto, destacando de melocotón sus carnosos labios y sus largas pestañas de azabache espesor, salió de la habitación con un pequeño bolso dorado, con una sola meta “Dominick Rockefeller”. Tomó el elevador hacia la sala de convenciones, este recogía invitados a su paso hasta que de pronto, un aroma incomodó a sus fosas nasales, alzó la vista y de espaldas le miró —No puede ser verdad… —murmuró y de inmediato se giró sintiendo el corazón a mil por hora ¿por qué se sentía tan indefensa en ese instante? se tomó del barandal mirándoles por el reflejo del metal, por dentro, su alma lloraba en silencio, notó como sus manos estaban entrelazadas y entre los nudillos miró un anillo, un diamante no común, las piernas le temblaron al instante y sintió se desmayaría pero entonces agitó la cabeza tratando de concentrarse, exhaló pesado y volvió a su postura erguida. Se escuchó la campanilla, habían llegado al último piso, música clásica les recibía, personas hablando en su idioma natal, aunque predominaba el inglés con algunos acentos.

Al salir los invitados del elevador se quedó inmóvil, estuvo a punto de dejar que el elevador le llevara de vuelta a su escondite pero entonces un hombre del servicio detuvo el elevador extendiéndole la mano para que avanzara, una cálida sonrisa y una reverencia le indicaban, que no era una simple invitada, debía completar su objetivo.

정용화 Suspiraba pesado una vez más, una vez más de las decenas de veces que suspiraba al día en aquella época. Intentaba luchar contra la monotonía alguna que otra escapada a escondidas de su prometida, excusas de viajes de negocios y similares. Pero esa vez no había tenido suerte, ella seguía empeñada en seguirle allá donde fuese, últimamente más que nunca. La boda se acercaba y Yonghwa sospechaba que ella quería asegurarse de que la boda no se cancelaba a toda costa.

—¿Como? —la voz de su esposa le despertaba de una de esas ensoñaciones en la que últimamente se perdía tan emenudo.

—¿Crees que deberia ponerme el Armani o el Chanel? Estoy dudosa porque no tengo claro cual… —La voz de su prometida volvía a desaparecer de su realidad a la velocidad de la luz conforme se reacomodaba en el sillón mirando a un punto fijo.

—Chanel… —respondió sin pensarlo mucho, sin saber realmente de qué vestido se trataba, con la simple esperanza de que ella acabase de una vez de vestirse.

Miraba el reloj inquieto, no tenía ninguna prisa por llegar a aquella ceremonia benéfica. Es más, la única razón por la que se encontraba allí en ese momento era porque su futura esposa había insistido en que sería una buena oportunidad para mostrar una buena imagen de cara a la sociedad y para que más y más personas de las altas esferas conociesen su compromiso. Aún así Yong se sentía inquieto. Siempre había sido una persona con una gran intuición y su corazón le hacía preveer que algo iba a ocurrir.

—Por fin… —No pretendía sonar grosero, aunque sin duda lo era. Elevó una ceja levemente al verla con aquel vestido blanco y negro que mostraba sus largas piernas. Sin duda, era una mujer preciosa, de eso no cabía ninguna duda. Posiblemente una de las mujeres más bonitas que jamás había visto. Pero tambien era una de las mujeres más vacias que había conocido jamás. Era como si un mal perfumista hubiese pasado horas y horas trabajando minuciosamente en el contenedor de su nueva obra sin prestar ni pizca de atención al contenido. Ella no solo era pedante, egoista y simple. También era ambiciosa y con agallas, dispuesta a hacer todo lo necesario para conseguir lo que quería. Obviamente, Yong no se había dado cuenta de todo eso hasta no hacía tanto. Más de una vez se había encontrado a si mismo pensnado en levantarse a media noche y aparecer de la vida de ella, pero si a algo temía Yong en su vida, era a la soledad.

____________________________________________________

Entró en el ascensor y la vio. Giró rápidamente y sintió como la mano de su prometida buscaba posesivamente la suya, de una forma instintiva la dejó hacer mientras sentía como el corazón iba a salirle de la boca. Podía escuchar los latidos llenando todo su cabeza, el sonido era tan alto y atronador que casi le mareaba. Escuchaba conversaciones pero en ese momento no hubiera sido capaz de repetir ni una sola de las palabras que decían.

Suspiró nervioso y reunió todo el coraje necesario para girar ligeramente la cara y vovler a verla. Tenía que asegurarse de que no veía mal.

—Eli… —Su voz sonó como un suspiró, nadie en todoe la scensor fue capaz de escuchar aquello, ni si quiera su prometida que le buscaba con la mirada, curiosa por qué era aquello que miraba con tanto empeño. Por su parte Elisabeth parecía despistada, con su mirada perdida en elgún punto que él no conseguía averiguar.

Sonrió levemente sin darse cuenta, en parte por que ella no parecía haberle visto y eso le permitía mirarla por unos segundos y en parte porque estaba más preciosa que nucna, si es que eso era posible. Antes de poder retirar la mirada escuchó como se paraba el ascensor y notó un tirón en su mano por parte de su prometida para salir del ascensor rápidamente.

MacQuoid Elizabeth Miraba con atención a los invitados, después de todo alguno de ellos podría ser un cliente potencial más adelante, debía hacer un poco de relaciones públicas antes de un siguiente encuentro. Por lo que, saludó de mano a algunos empresarios, políticos, a sus esposas e hijos, entregándoles a los que llamaban su atención su tarjeta de presentación, al leer parte del contenido, algunos la miraban intrigados, otros simplemente la guardaban en el bolsillo del saco pero, al final, todos obtenían la misma impresión, que ella era un ser diferente, algunos con esa idea creían poderla cazar u otros, con esa idea la idealizaban como a un diamante, codiciándola a cada suspiro y al cabo de su encuentro, era su fin.

Después de media hora, pedían a los asistentes que ocuparan su sitio a la mesa indicada. Elizabeth, había logrado estar a una mesa de la del Señor Rockefeller. Trataba de divisarlo entre la multitud pero no alcanzaba a mirarlo hasta que, un aroma le recordó el sueño que tuvo en el avión, giró hacia atrás mirándole caminar por el pasillo con dos mujeres una morena y otra rubia, probablemente modelos reconocidas. Por un instante sus miradas se cruzaron y de nuevo se separaron. Vestía distinto del modo que le había visto en sus sueños, llevaba un traje oscuro con solapas de seda, un moño sombrío y unos zapatos de charol. Bajó la vista a su mano notando una argolla de matrimonio, no tenía reparo en mostrarla, después de todo, sí, su matrimonio había sido anunciado por todo lo alto y su esposa, era eso, la mujer que adornaba su casa después de una exhaustiva rutina laboral pero, fuera de allí, él se creía el dueño y señor del universo.

Minutos más tarde, hubo redoble de tambores para anunciarlo y el discurso que daría sobre un tema que le interesaba en demasía “El cambio climático” . Elizabeth le escuchó con atención, mostrándose algo sorprendida por las gráficas que mostraba y las soluciones tan sencillas que podrían ser para cualquiera de los presentes, todos, dueños de empresas multinacionales. Algunos trataban de ofenderlo en su discurso pero bastaba una mirada a uno de sus guardias de seguridad para que el salón volviera a quedarse en silencio. Rockefeller no era un hombre fácil de intimidar porque, esa era su especialidad, paradójico ¿cierto?. Al acabar su discurso, gran parte de los invitados lo ovacionaron de pie. Elizabeth imitó la acción de los demás, aunque sus aplausos eran lentos, lo miraba fijamente tratando de descifrarlo ¿Qué propósito se ocultaba detrás de tan exquisito y explosivo discurso?

Minutos más tarde, después del aperitivo, Elizabeth se levantó de su sitio caminando detrás del señor Rockefeller, dejando caer su cartera a sus pies. Se encaminó al baño, se acomodó un poco el peinado, retocó el labial durazno y en el instante que salió del baño, sus ojos se abrieron con amplitud al verle, su corazón palpitó a prisa. Sus piernas flaquearon por un instante pero, con el temple que le caracteriza, elevó una ceja y una delicada sonrisa apareció haciendo una reverencia— ¿Espera a alguien? —él, estuvo a punto de carcajearse, pero tan sólo sonrió asintiendo, extendió su brazo y con ello, la cartera que se había caído al suelo “accidentalmente”—Lejos de la zapatilla y la bella cenicienta… parece que la modernidad nos ha traído la cartera y la hermosa oriental. Esto le pertenece… —Elizabeth hizo una pequeña venia y la tomó fingiendo gran sorpresa —trataba de recordar donde la había dejado, que descuido más grande… —Debió dejarla con su pareja o acaso ¿está sola? Si es así, le invito a mi mesa… ¿Dónde se encuentra usted? —ella no podría creer lo que estaba escuchando, creyó le sería más difícil de relacionar pero, parece que el vestido que usaba, le había dado la combinación correcta de la caja fuerte. Asintió y al extender él su brazo, se asió de él indicándole su mesa. Él ordenó a uno de sus guardaespaldas que se sentara en esa mesa mientras que le extendía un lugar a su lado mandando a la modelo morena al asiento del guardaespaldas.

정용화 Ya llevaba una hora allí y le era inevitable buscarla con la mirada de tanto en tanto. No muy a menudo o si prometida, que siempre estaba alerta, le vería actuar raro.

—Cariño… —a pesar de que el tono de la voz de su mujer había sido dulce le causó un escalofrío al pensar que quizás se había dado cuenta de su insistencia en buscarla por la sala.

—Dime, amor… —su voz sonó tranquila a pesar de que por dentro estaba temblando.

—Estás tan despistado hoy… —pasaba sus pequeñas manos por el pelo de él y detrás de sus orejas con cariño mientras hablaba por eso Yong soltó un pequeño suspiro de tranquilidad que ella entendió como cansancio— Sé que no te apetecía venir hoy…

Se acercaba peligrosamente a su oído.

—Te lo recompensaré después en la habitación sí? Hace tanto que no…

Justo en ese momento uno de los directores de una clínica donde había trabajado su prometida se acercó a ellos y puso sus manos sobre los hombros de ellos causando que se separasen al instante.

—Tortolitos… —la voz del anciano sonaba más cariñosa que molesta— Yonghwa… ¿me permites que te robe a tu preciosa prometida unos minutos?

—Por supuesto… —Les observó con detenimiento conforme se apartaban de la mesa y se acercaban a un grupo de hombres y mujeres que parecían hablar animados.

Fue en ese momento cuando Yonghwa hizo un barrido con la mirada para coger su copa cuando la vio de nuevo. Caminaba del brazo de Rockefeller mientras charlaban casi entre susurros encaminandose a la mesa central. Pasaron justo por delante, él no retiró la mirada en ningún momento, no estaba seguro pero creía que ella esa vez definitivamente le había visto a pesar de mantener una cara de poker.

Se giró ya que la mesa central quedaba justo al lado de la suya. En ese momento lo comprendió, había visto esa misma imagen por parte de Rockefeller una y mil veces. Por lo visto Elizabeth sería esa noche la elegida.

Debió dejar la copa sobre la mesa con demasiada fuerza porque el cristal estalló y el líquido se vistió manchando su mano y parte de la manga de la camisa.

—Joder… —Si ella no le había visto, definitivamente se había asegurado de que le iba a ver sí o sí.

Yong se levantó rápidamente dirigiéndose al baño, demasiado avergonzado como para siguiera levantar la mirada para comprobar si ella le miraba o no. Solo se encaminó rápidamente hacia el baño para poder limpiar como pudiese ese desastre.

No entendía por qué le causaba esa sensación de tristeza y molestia. Elizabeth era parte del pasado. Sus sentimientos por ella ya eran pretéritos. Hacía meses que no pensaba en ella, o eso quería creer él. Por ella era todas esas mujeres de sus sueños, las que le visitaban para susurrarle palabras subidads de tono al oído. Las que le arañaban el corazón. Rubias o morenas en su imaginación todas eran ella.

MacQuoid Elizabeth —¿De verdad esos son sus intereses Mr. Rockefeller? Que sorpresa— susurró al final a su oído para después alejarse y beber un poco más de su copa de champagne. Entre ambos había una gran tensión sexual pero más aun, era la cacería el platillo que ambos disfrutaban sin poder adivinarlo—Jamás hubiera creído que… usted no sólo fuera un hombre agradable a los ojos, me complace saber que posee un alma más apetecible aún. Sus palabras acerca de los cambios que podemos hacer en pro del planeta hacen que mi corazón se torne cálido pero ¿Como podría ver usted los cambios si falleciera antes de tiempo? —dejó la pregunta al aire y sacó de su bolsillo la tarjeta de presentación. Pero, el estallido de la copa arruinó la magia, ambos voltearon a verlo y al instante, los guardaespaldas se colocaron como escudo a su alrededor tirándole la tarjeta al suelo. Elizabeth resopló su flequillo y entrecerró los ojos mirandole alejarse, balbuceó “Idiota” en su idioma natal y exhaló tratando de calmarse. En pocos segundos, el escenario volvía a su calma.

—Tome mi tarjeta—mencionó sacando otra de su bolso y extendersela con cierta elegancia dejando a su vista su nombre y una palabra que captó de inmediato su atención—¿Longevidad? —leyó el relieve en dorado y ella sintimó sonriendole con calidez—Exactamente… usted, puede ver los beneficios de sus esfuerzos a favor del planeta a largo plazo si así lo quisiera usted…. Noto, que es un hombre culto, no sólo elegante, le gusta aprender, conocer ¿Qué tal si… —entonces comenzó a tocar la orquesta y él se levantó de su sitio con cierta gallardía—¿Me concede esta pieza?—musitó reclinandose a ella y extender su mano para tomar la suya. Por un segundo, su rostro se desvió hacia el pasillo esperaba verle cruzar pero fue al escuchar un voz desagradable que tomó su mano y accedió a bailar con él.

Dominick, le aferró de la cintura con su brazo y la otra mano se entrelazó con delicadeza. Le llevó de frente-atrás, de lado a lado para después dar pequeños círculos sobre su eje, un poco de cercanía y podía oler el aroma de sus cabellos, sentir la suavidad de su piel al dejar caer con disimulo la punta de su nariz detrás de su oreja. Él, gustaba de mujeres asiáticas y Elizabeth había cautivado su atención.

정용화 Tras unos minutos volvío mucho más calmado del baño. Su prometida aún no había vuelto de su charla. Paseó por la sala, algunas parejas habían comenzado a bailar. Paró en un lateral y les observaba entretenido mientras bebía otra copa de champagne.

Notó una presión en su cintura y se giró sorprendido. Era su prometida que le abrazaba por la espalda y apoyaba la mejilla en su hombro mirando también las parejas.

—Nunca quieres bailar… —Su voz no sonaba molesta, solo recalcaba su sorpresa al verle intersado en las parejas que bailaban.

—Sabes que no me gusta. —Acariciaba una de las manos que le rodeaban y se giró suavemente recibiendo un suave beso en sus labios por parte de ella. Algo suave, casí solo un roce que se había convertido en una costumbre en ellos.— ¿Quieres bailar?

—No… Ahora me presentarán a uno de los mejores doctores en neurología… —Fue mientras escuchaba la voz de su prometida que la vio de nuevo. Hubiera reconocido aquella espalda en cualquier lugar del mundo. Se movía lentamente y una mano grande y masculina se apretaba contra su pequeña cintura. En uno de los giros su mirada se cruzó con la de ella.

Estaba tan diferente. Su mirada no se parecía para nada al pasado, había perdido ese brillo, esa ilusión. Qué había sido de aquella mujer que le despertaba con besos cada amanecer, cuando se despertaba deseosa de placer. Tampoco podía ver a la pequeña mimosa en la que se convertía cuando ya satisfecha le pedía mimos y besos.

Estaba tan inmerso en la imagen de su vestido moviéndose suavemente al compás de la música que no se dio cuenta de en qué momento su prometida se había apartado de él y había vuelto a sus tareas sociales.

Dejó la copa a un lado y metió las manos en sus bolsillos. SEguía observándola, esta vez sin pudores. Sus ojos no se apartaban de los de ella, y veía como cada pocos segundos ella le regalaba miradas furtivas. Fue inevitable pero sintió una ligera sensación de victoria al ver que su presencia ena quella fiesta le estaba causando tanto nerviosismo como ella le causaba a él.

Sentía como su cuerpo quería abanzar, robarla de los brazos de aquel hombre. Abrazarla, acariciarla y besarla como en el pasado. Por suerte su mente era mucho más fría y controlaba qu eno hiciese ninguna locura.

MacQuoid Elizabeth —Danza encantadoramente señorita MacQuoid… —le decía con cierta coquetería deslizando sus yemas detrás de su espalda baja deseando acariciarle los glúteos. Elizabeth, sonrió y devolvió el cumplido— Lo mismo podría decir de usted Mr. Rockefeller pero, en su lugar diré que… sería una pena no poder verle iluminar el sitio que pisa por falta de tiempo… no cabe duda que, su presencia es demasiado importante para dejarle pasar—Dominick sonrió, le parecía curioso el juego de palabras por la chica. Continuó bailando con ella una siguiente pieza. Elizabeth, estaba como cazadora a su presa, quería sumergirlo en ella a como diera lugar, era un pez gordo que no podía escaparsele del estanque.

De pronto, su mirada se encontró con la suya, su cuerpo se estremeció al instante y una lágrima se derramó ¿cómo podía hacerla sufrir sin una sola palabra? Una parte de su cuerpo deseaba correr a sus brazos, comerselo a besos mientras le hacía trizas la ropa y le hacía el amor con lascividad. Quería escuchar de nuevo sus gemidos, sentirle jadear sobre su piel, llenarla de tatuajes purpuras, sus caderas vibraron por todo lo que imaginaba pero fue ante una pregunta de Rockefeller que no entendió que volvió su vista al rubio con una ingenua sonrisa—Perdón, no escuche lo que dijo…. la orquesta estaba tumbando a mi oido —entonces, él se acercó a su oído susurrandole —Quiero volver a verla señorita MacQuoid…. ¿se quedará más días en Londres? —”Bingo”—Claro, puedo quedarme un par de días más de necesitarlo ¿Qué tiene en mente Mr. Rockefeller? —preguntó elevando una ceja con falsa curiosidad, como si fuera una pequeña cayendo a la trampa de un rabo verde.

Les vió. Miró como Zoe le rodeaba de la cintura, la forma en que le miraba, sonreía en otras, el como se comportaba a su lado y él, era un hipocrita de primera a sus ojos. Desvió la vista con cierta molestia, el tan sólo verles le revolvía el estomago al instante. —Tengo en mente… —susurró a su oído y presionó sus labios contra su mejilla. Sintió sus labios tibios contra la curvatura de su mejilla, se ruborizó, tenía un don Juan sobre su piel y era consciente. Su cuerpo se estremeció y retiró escasos centimetros tan sólo para mirarlo a los ojos—será una sorpresa… tan sólo dejeme disfrutar de su compañia un poco más —Cla-claro —titubeó y al acabar la pieza musical pidió un poco de tiempo, debía ir al baño. Se alejó de la pista un tanto extrañada, su idea era ir tras él pero no hasta “ese” punto. Era experta en llevar todo bajo cabeza fría pero la presencia de YongHwa, no le ayudaba en nada. Por un instante, sus caminos se cruzaron al pasarle de largo hacia el baño.

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Elizabeth La perla del océano MacQuoid

La delgada y frágil línea del tiempo ¿Podríamos atravesarla? Ir de pasado a futuro en cuestión de un parpadeo ¿Podríamos quedarnos estáticos en una etapa de nuestra existencia? ¿Por qué en el espacio el tiempo es distinto al de la tierra? ¿Por qué las leyes no nos rigen por igual? La vida, la muerte, el amor, el odio ¿Qué existe y qué no? ¿Acaso es el bien y el mal tan necesarios para coexistir o acaso… la palabra “ausencia” es dónde recae el origen de todo?

Los ojos de Elizabeth se abrieron con amplitud al escuchar las pequeñas pisadas ir del pasillo de sus habitaciones hasta la suya. Cerró de nuevo los ojos fingiendo estar completamente dormida, la manija se giró y de pronto fue el caminar despacio, cuidando el no “despertarla”. Murmuraban entre sí, colocándose a su alrededor. Sintió la mirada de uno de sus hijos, sus delicados dedos quitando los castaños hilos de su rostro, percibió una sonrisa y un tibio beso en la frente apareció, abrió los ojos encontrándose con su mirada, su hijo mayor Leo. Suspiró y lo rodeó entre sus brazos con fuerza, éste sorprendido se ruborizó frente a Lauren quien junto con sus hermanos rió bajito. Los mellizos traían consigo rosas cortadas del jardín, Enzo les ayudó a subirse a la cama de su madre, mientras que Amaia en silencio observaba a sus hermanos con ella. Cada día que pasaba, la pequeña notaba el parecido con su madre, la forma de sus ojos, su sonrisa, su cabello pero había algo en lo que la menor se sentía única, el color de sus ojos: rosa-violeta, su orgullo.

ㅡ¡Qué hermosa sorpresa me han dado mis chamaquitos, vengan acá! ㅡles decía mientras que como podía rodeaba a cuatro de sus hijos entre sus brazos. Notó a Lauren y Amaia tan sólo contemplando la escena por lo que, les musitóㅡ¿Y qué hay de mis dos princesas, no quieren abrazar a su omma? ㅡLauren corrió a abrazarla y llenarla de besos mientras que Amaia se quedo callada mirando el como sus hermanos sonreían ante las acciones de su mamá, tan sólo quería conservar esa imagen en su memoria. Enzo, volteó a ver a ElizabethㅡHace mucho que no salimos de paseo todos ¡Vamos a Disneyland! ㅡexclamó animado, Leo se unió al coro igual que Darién, Elizabeth sorprendida los miraba bailar en la cama tarareando la palabra Disneyland ㅡ¿Comieron dulces acaso, por qué están tan hiperactivos ustedes, eh? ㅡles reprendía.

Los tumbó a la cama a los tres haciéndoles cosquillas, del mayor al menor se retorcían entre risas, Valeska, la menor de los cinco, tomó una almohada y comenzó a pegarle a sus hermanos en la cara carcajeándose de ellos. Amaia con cierta travesura, salió de allí a su habitación en busca de un oso de peluche, volvió con cierta maldad en el rostro y les pegó con el oso entre risas, los chicos se defendían como podían pero al ser más mujeres, pidieron piedad.

Agitada, despeinada y con las mejillas rojizas, Elizabeth se levantó de la cama desviando su vista al paisajeㅡPronto… volveremos a Disneyland como hace dos años Leo. Darién y Valeska no conocen el parque pero… lo haránㅡdecía meditándolo en voz alta. El día lucía sombrío, el suelo mojado, había llovidoㅡPodemos ir a Coex… ya hace falta renovar el guardarropa, además de que supe de ciertos lugares nuevos que sería lindo visitáramosㅡvolteó a verles e hizo una indicaciónㅡPero recuerden, especialmente Daríen y Valeska… Nada de travesuras, no quiero que jueguen con esferas de energía, lo digo por ti Valeska y nada de tomar agua para formar figuras de hielo Darién… Ya hemos hablado de esto antes, quiero que salgamos como lo hacía con sus hermanos pero ayúdenme… no puedo estar temerosa de que alguien note nuestra identidad… ㅡal oírle, los mellizos bajaron la mirada a sus manos, se sentían de pronto unos monstruos, Amaia, entrecerró los ojos con cierta molestia y fue a abrazar a su hermano DariénㅡMamá, no les digas esas cosas… ellos se portaran bien, lo saben…ㅡdio un pequeño beso en la mejilla a su hermano y su hermana Valeska suspiró, Leo fue a ella cargándola, la aventó y atrapó un par de veces para hacerla reír, finalmente le dio un beso en la mejilla y ésta se ruborizo entre risillas. ㅡCuando estas feliz… el color de tus ojos se mira el mar… ㅡle dijo en complicidad tomándole una de sus manitas.

ㅡNo lo he dicho para hacerlos sentir mal, niños… entiéndanme por favorㅡse acercó a sus hijos colocándose en cuclillas a ellos, abrazó a Darién y Amaia, respirando hondo el aroma de sus cabellosㅡmis niños, mis chamaquitos… Saben que los amo y que haría cualquier cosa por ustedes inclusive darme en sacrificio de ser necesario ¿Lo saben, cierto? ㅡles cuestionó acariciándoles la mejillaㅡNo quiero caritas largas ni tristes… vamos a divertirnos allí, así que… Amaia arréglate hermosa que seguramente tendrás muchos fans esperándote ㅡal decirle eso, los ojos de la menor brillaron, el flash de las cámaras, la atención de los periodistas era algo que había fascinado a la pequeña diva. Se fue apresurada a su habitación para cambiarse la pijama por un atuendo más glamorosoㅡBien, Leo y Enzo, vayan a cambiarse… yo me encargaré de sus hermanos, los quiero listos en veinte minutos.

Al quedarse a solas con los pequeños, abrazó a Valeska y dio un sonoro beso en la mejillaㅡmi hermosa princesa, tú y yo vamos a combinar nuestro atuendo, serás mi mini yo… ¿Te gusta la idea? ㅡla pequeña asintió abrazándola de cuello dándole repetidos besos. Darién les saltó encima tumbándolas a la alfombra. Por segundos, Elizabeth se quedó contemplándolos, mirando sus sonrisas, sus ojos eran el reflejo de su padre. No había ni un solo día que ellos no le recordaran la imagen de él, por más que buscaba alejarse de su aroma, de su voz, de la manera en que la miraba, su sonrisa, el calor de sus brazos, en los pequeños detalles que ellos tenían con ella, lo recordaba, era el amargo precio de su libertad.

50 minutos más tarde.

ㅡQuiero muchos, muchos vestidos, zapatos y coronas… una princesa tiene que verse bien todos los días…ㅡdecía la pequeña Amaia, mirando la ciudad por la ventana, al ver a alguien con una cámara, se acomodó los lentes de sol y comenzó a saludar como concursante de belleza, lanzar besos al aire y repetir gracias de la nada. Sus hermanos la miraban extrañados, se reían bajo de sus acciones pero Elizabeth les lanzaba una mirada fulminante por lo que se controlaban.

ㅡ¿Ya llegamos Mamá? ㅡcuestionó Leo un tanto aburrido y al voltear al frente, los espectaculares les daban la bienvenidaㅡSí… hemos llegado ㅡel chofer les dejó a la entrada del centro comercial para después, ayudarle a colocar la carriola. Minutos después, Enzo y Amaia corrían a las puertas de cristal admirando el juego de colores, los sonidos y aromas que llegaban a sus sentidos en todas direcciones. Lauren y Leo se tomaron de la mano con cierta cautela del ojo de Elizabeth, quien se centró por unos momentos en darles una mamila a sus hijosㅡNiños, nada de alejarse demasiado, ya saben que me pone de nervios cuando no los miro… Cuiden a sus hermanos, Leo ㅡél asintió y tomado de la mano de Lauren avanzó hasta los menores, al verlos así, Elizabeth estaba por dar un grito molesta pero se contuvo, no debía llamar tanto la atención ㅡOh, me van a oír llegando a la casa ㅡrefunfuñó Elizabeth con cierto recelo.

Zhéphir Boissieu « Y di tú si por tu hijo no harías lo que estuviera al alcance de tus manos. Si no lucharías a porque disfrutara de su corta temporada como infante tal cual a como lo haría cualquier otro niño normal. Sé sincero y asume si pensarías día y noche en él como prioridad, aunque no pudieran hacer cosas juntos todo el tiempo por causa del variado estilo de vida que decidiste llevar, aunque los instantes que puedan aprovechar de la compañía del otro sea mísera en comparación a lo que querrías que fuera.

Pero es domingo, Zhéphir. Y ahí está la oportunidad a pasos de tu distancia de él. Él en su cuarto, hojeando el mismo libro animado de siempre con un entusiasmo que no demuestra y tú en el tuyo, hablando sólo como un idiota, acostado en tu cama, con los ojos cerrados. Seguro habrán varios panoramas que podrías ofrecerle y él aceptaría sin dudar, cualquiera. No pierdas el chance como si nada, no siempre estará la suerte de tu lado como ahora, dándote la mano y queriendo ver a tu hijo feliz. »

  No es como si no tuviera la motivación, pero la duda pone en peligro el bienestar de su hijo. Y es que no se trata de que no quiera ir a un parque con él, o a un lugar donde haya más niños. Daimon ha sabido cómo hacer frente a los humanos desde un principio, lo que rechaza es el bullicio. Los lugares llenos de ruido que arruinan su paz mental y le estresan. Y cuando llora no es como si solucionara el tema más que agravarle sin darse cuenta. Sin sus tapones de oído y audífonos que no ocupa pero que le cubren las orejas, difícilmente soportaría lidiar a un entorno cercano que no fuera el de su propia casa o su pieza.

  El niño del sentido de la audición más sensible, el que vive encerrado en su mundo solo con tal de no sentirse molesto pero que estando con su padre puede escuchar el silencio. Su manera de comunicarse podía ser la de cualquier persona, pero para verle alegre y aún más motivado el transmitirse palabras no es problema si hacen uso de la telepatía.

  Es un pequeño inteligente, y bastante admirable. Alguien que quizá no entiende cómo es que puede hacer cosas tan sorprendentes ante los ojos de otros niños, pero que tampoco está muy motivado a vivir siendo llamativo. Daimon, su hijo de 3 años podría no entender muchas cosas, y en eso eran bastante similares. Pues no es como si él mismo pudiera responderle o responderse todas las preguntas. No es como si disfrutara de ocultar su realidad de otras personas.

              ❖ ❖ ❖

  Dado su auto-incentivo, pronto se vio frente a la puerta de la habitación del niño. No emitió mayor ruido al entrar, pero Daimon con sólo presentir sus pasos en el pasillo le esperó con una sorpresa, escondiéndose tras el libro. Y pasó en silencio, marcó los primeros pasos desinteresándose en el alrededor a por seguirle el juego y ganarse una sonrisa. En cuanto más próximo estuvo a la cama, su hijo hubo preferido el momento exacto para saltar y abrazarle, con abrazo se hace referencia a que contorneó su pierna izquierda imposibilitándole sentarse.

ㅡ Así que ahí estabas. ¿Eh? ㅡ bastó que tan sólo le dirigiera la mirada y surcara la comisura de sus labios para que el silencio de la habitación anunciara su también acallada respuesta.

  El pequeño hubo asentido con la cabeza y pidió los brazos de su padre. En cuanto le hubo cargado y hubo apoyado la espalda en la pared, fue capaz de permitirse un abrazo y presenciar su alegría. Pese a que este pequeño acto fue insignificante teniendo en cuenta que habría mucho más que quisiera darle, lo aprovechó al máximo, y es que con sólo sentir la tranquilidad que transmite en el ambiente lo comprueba siempre, en un instante.

  Acarició las hebras de cabello lacias y negras que cubrían parte de su frente en flequillo, y metió en su pantalón su camiseta para que no pasara frío.

ㅡ Tendremos que abrigarte un poco más, si vamos a ir para afuera. Quiero llevarte a ver delfines, para que conozcas a uno, como el del cuento que leímos la última vez. ㅡ Un lugar más bien silencioso pese a que sea frecuentado por un considerable público. Un lugar llamativo y tan tranquilo como su cuarto que le permitiría tener un día de padre e hijo agradable, y también hacer feliz al niño presentándole a su animal favorito.

  Le gustan los delfines, y lo dio a notar nuevamente abriendo los ojos más de la cuenta al darse por enterado del panorama. Hubiese dicho parque, hubiese dicho cine y seguramente se hubiera negado, pero hoy por el contrario lucía entusiasmado y un dejo de alegría produjo en si mismo al saber que iría sin “peros” y sin llantos.

MacQuoid Elizabeth Los ojos del pequeño Darién se abrían con amplitud mientras miraba con cierta emoción el concierto en Japón de su padre, extendió la mano hacia él, deseaba tocarlo. Era tan pequeño y sin embargo, lo recordaba sabía quién era él. Elizabeth, estaba un tanto distraída siguiendo con la mirada a la pequeña diva que pretendía perderse en la sección de Mujeresㅡ¡Amaia, espera! –le gritaba preocupada intentado ir tras ella pero Lauren le detuvo al ver al menor tan entretenido- No, yo iré omma… descuida, Darién está mirando la televisión- al decirle eso, volteó a su hijo, sonreía, aplaudía, se movía dentro de su asiento. Valeska estaba dormida pero el ruido que hacía su hermano le provocaba elevar la mirada adormilada para después volver a su sueño. Se sentía derrumbada en ese instante, tan sólo alzó la mirada al televisor encontrándose con su rostro, su melena mojada, sus hilos azabaches escondiendo sus ojos como la hierba al cazador y allí, estaba ella su presa. Por instantes se perdía en su interpretación, la potencia de su voz, el cómo dominaba el escenario, entre rasgaduras de cuerdas y luces neón, era una estrella de rock, lo sabía, era en esa pequeña línea de tiempo-espacio que Elizabeth entendía que sus mundos eran más distinto de lo que ambos pudieran asimilar y aun así, podía seguir fascinándole, como los caramelos a un pequeño.

ㅡ¡Ese es mi vestido, lo quiero! Quiero ponerme ese vestido… ㅡdecía Amaia al mirar en un maniquí, un largo vestido de lentejuelas y telas vaporosas en transparencias rosa pálido. Fue hasta dónde estaba colgado el vestido, aunque no lo alcanzaba, se elevó de puntitas tratando de jalarlo. Al verle así, Lauren se acercó rápido, deteniéndolaㅡEspera ¿Qué haces? ㅡMe voy a poner el vestido, me gustó, lo quiero… ㅡAmaia, estamos en la sección de mujeres… ㅡ¿Y qué? Yo soy una mujershita, lo sabes… ㅡLauren le miró achicando los ojos para evitar carcajearse por su ocurrencia, no quería darle crédito de ningún tipoㅡNo Amaia, no… ese vestido no te queda ni a la mitad del largo, está muy grande, sólo le quedaría a omma… ㅡAmaia se cruzó de brazos resoplando su flequilloㅡNo es justo ¿Por qué siempre omma me gana en todo? No quiero que se ponga mi vestido, es mío… ㅡAmaia no seas caprichosa, además omma ni siquiera ha visto el vestido, no exageres. Mejor, vamos a ver vestidos de tu talla, anda… esta área no es para nosotras ㅡle decía Lauren, tomándole de los hombros, tratando de llevársela de allí. Amaia se oponía al tratar de frenar con sus zapatillas por el piso resbaladizoㅡPero esta sí es mi área, Lauren… ㅡdecía bajito mientras una de sus manos tocaban como podían las diferentes texturas que le permitía su recorrido veloz, el aroma a perfume, la sensación de novedad, el ambiente elite que había a su alrededor, la atrapaba por completo, era en esos momentos cuando pedía ser ya mayor para poder vestirse, pintarse y arreglarse como su madre.

ㅡTú eres mucho más guapo que él… ㅡsusurró al acercarse a su hijo y rodearlo con sus brazos un tanto fuerte, respiró su aroma a frutillas y madera, miró fijamente sus facciones, su pequeña y respingada nariz, la forma avellana de sus ojos, con aquel destello a miel en su interior, el color cereza de sus labios. El menor le sonrió y provocaba que se le derritiera el corazón, el mismo efecto que poseía Yong en ella, la diferencia era que su hijo permanecería para siempre, él no. Valeska bostezó con cierta fuerza mientras se estiraba balbuceando el nombre de su papá, el dvd continuaba mostrando las presentaciones de la banda, ella sonrió a ambos y por un momento, recordó las palabras del amigo de él “No quitarles recuerdos de él” Ya habían sido suficientes meses de ausencia, no podía seguir siendo egoísta, erradicarlo de su habitación no era lo mismo que erradicarlo de los medios de comunicación, de la publicidad masiva en los distintos países o ciudades donde se presentara, era famoso, era importante, por lo que le restaba de vida, debía lidiar con él y su sombra. Fue a buscar el dvd, al comprarlo le entregaron un poster de la agrupación, se los mostró a sus hijos y estos felices exclamaban “Appa” entre aplausos. Elizabeth suspiró, dejó un par de besos en la punta de sus narices ㅡNo puedo arrepentirme de nada, no cuando los miro a ustedes… son hermosos, son traviesos pero sobre todo, son míos, nunca lo olviden, ustedes par de muñequitos, me pertenecen… muajaja ㅡles dijo atacándolos con cosquillas.

ㅡ¡Leo, basta! No quiero hablar de eso, por favor… ㅡdecía Enzo alejándose de su hermano mayor y del área de juguetes ㅡEnzo… no puedo dejar de pensar en esto, tengo el mismo sueño una y otra vez, veo a un hombre parecido a mí abrazándome, diciéndome que soy lo más importante para él, que nos ama a todos nosotros, que somos sus hijos, de nadie más… Eso es raro ¿no te parece? Debería soñar con Yong, se supone que él es mi padre pero, no puedo ni siquiera tolero estar a su lado. Siento una pared de hielo entre nosotros, dime ¿Es normal? Tú quieres a papá, cuando sabes de que vendrá a la ciudad te pones como loco convenciendo a Ben para que te lleve a escondidas de mamá, te arreglas como él, quieres ser como él en todos los aspectos, estas tocando instrumentos e intentas escribir canciones, no digo que estas mal pero sí digo que es extraño que tú lo quieras tanto y yo… ㅡEnzo sentía que le ardía la garganta, quería decirle la verdad pero de nuevo, la imagen de su madre, lo que prometió callar y su deber lo bombardeaban ㅡ¡Leo, basta, en serio ya cállate! Estás confundido, estresado… si no sientes nada por papá es porque tuviste ese accidente ¿Está bien? Sabíamos que habría riesgos con el abrazo de Lauren, perdiste parte de tus recuerdos porque has renacido pero, aun así estamos todos a tu lado, dándote lo mejor de nosotros, apoyándote, tratando de hacerte sentir en casa, bien… no sólo ves extraño a papá, también a los mellizos, en momentos a mí, a mamá… por ahora te enfocas en papá pero esa misma sensación la has tenido con todos y es normal, te estas recuperando, es como si hubieras estado dormido por una larga temporada y de pronto despertaras, descubres un mundo nuevo, eso sucede, es N-O-R-M-A-L así que ya no me quieras interrogar como si fueras detective que me estas cansando el humor, déjame mirar las cosas en paz, por favor ㅡexplotó Enzo contra Leo, su pulso estaba acelerado, sentía la garganta seca, sus labios temblaban, era un peso que no quería seguir llevando en sus hombros. ㅡComo quieras… ㅡreplicó en voz baja Leo quedándose sólo en el área de las casas de campaña, cada sección que recorría traía a su mente más memorias que no podía entender especialmente porque en ellas, aparecía un hombre de quien no sabía su nombre ni el por qué parecía tan importante en sus recuerdos.

ㅡ¡Este me encanta! ¡Este otro también! ¡Ay quiero llevármelos todos! Todos se me miran bonitos, me veo hermosa con ellos… ㅡexclamaba una Amaia frenética mientras se probaba distintos vestidos en tonalidades y texturas, todos bajo la misma línea de princesa de cuento de hadas.

Zhéphir Boissieu Para llevar a cabo su promesa, debió acudir a Svetlana. Ella, la única humana conocedora de su verdadera postura en el mundo y la de su hijo. La única que le para el llanto con sangre de animales que el pequeño vampiro desconozca siempre que la sed mórbida de otro tipo de alimento aparezca y le tiente. La única persona a la que le dejaría a cargo su hijo, cuando el mundo laboral le solicitara dejar a la familia de lado. La que pese a su inferioridad de años de vida ha pasado por todos los cargos, siendo una amiga, siendo como una madre y una abuela para ambos.

  Vistió al niño y cubrió sus orejas con los tapones y los audífonos, como siempre siendo los accesorios más “Importantes” y los que no podían faltar para enfrentar al mundo. Y preparó una mochila con sus cosas, siempre teniendo prevenciones para cualquier tipo de acontecimiento que pudiera ocurrir, dándosela al padre que aun aprende a serlo, para que la llevara por él, aliviando la carga de su pequeña espalda.

  Y temprano estuvieron listos, como para alcanzar el coche aparcado en el jardín trasero y ponerse en marcha.

              ❖ ❖ ❖

  Coex fue la alternativa. Dada a cercanía a Seúl, considerando que su casa está en Incheon, fue lo más próximo a llegar. Y aunque lleno de gente como siempre no fue problema para el niño, tendría que turnarse el cargarle y tomarle de la mano para que en ningún momento se separase.

  Un punto favorable es que Daimon siempre ha sido tranquilo. A la vez alabado por su excelente comportamiento frente a terceras personas. Si tú le pides la mano, él te la dará y no correrá hacia cualquier lado. Casi pareciera un viejo chico.

Daimon no se alborota si ve a un perro gigante, o es cortante cuando le saludan. Y pese a que muchos no saben que por falta de dominación de sus poderes iniciales debe soportar mucho para frecuentarles, él pasará de largo todo y continuará siendo él mismo siempre y cuando a su lado esté su padre.

ㅡ El mapa dice que el acuario está en la última planta subterránea. Vamos a ver a los delfines, hijo. Prometo que si te agrada el sitio, siempre que quieras vendremos más seguido ㅡ

MacQuoid Elizabeth Segundos más tarde, Elizabeth buscaba a sus hijos por toda la tienda, al primero que encontró fue a Enzo, un tanto cabizbajo peleando con una bola de papel en el piso blanco ㅡEnzo, amor ¿Qué tienes? ㅡcuestionó al verle con la cara larga, su hijo alzó la mirada, se levantó y corrió a abrazarla llorando bajito ㅡYa no puedo más omma, por favor… háblale a Leo de papá… para míㅡhizo una pausa con la voz entrecortadaㅡla única persona que merece llamarse así es Yong… él ha sido y es muy importante para mí, aunque ustedes se hayan divorciado, para mí él será siempre mi único papá, es al único hombre que acepto en tu vida… nadie jamás podrá ocupar su lugar, no permitiré que alguien más venga y trate de cuidar de mis hermanos o pretenda ser nuestro padre, jamás lo permitiré ㅡen sus ojos, Elizabeth podía notar el gran amor que él sentía por Yong, había fuego en ellosㅡAmor… ¿Por qué me dices todas estas cosas? No es lugar ni momento paraㅡNunca es momento, nunca es lugar, ¡No mamá! Hoy es el momento, hoy es el lugar… aunque para mí Yong es todo para Leo no… Leo en sus sueños mira a Jang… ㅡEnzoㅡsus labios temblaron, por un instante sintió las piernas flaquearㅡSí mamá… Leo ve en sueños a papá y aunque yo tampoco quiero saber nada de él, la relación entre ellos dos era diferente, era la misma que yo tengo con Yong ¿Por qué debemos quitarle eso mamá? ㅡlas palabras de su hijo menor perforaban su alma, le lastimaba que pidiera eso. Desvió la mirada ocultando entre sus largos y ondulados hilos de caramelo la delicada y débil lagrima que se deslizaba suicida por la redondez de su mejilla. Dejó pasar unos segundos, respiró hondo y agitando su melena volvió con aquella sonrisa a su hijo, quien al verle así, extrañado y un tanto confundido esperaba atento sus palabras ㅡTienes razón… debo hablar con él pero no aquí ㅡEnzo rodó los ojos y molesto, comenzó a caminar en dirección opuesta ㅡLo haré después de desayunar, vayamos al pequeño café Line que acaba de abrir… quiero llevarlos allí ㅡmencionó Elizabeth un poco titubeante, su hijo detuvo sus pasos, giró hacia ella ㅡNo quiero seguir llevando este peso sobre los hombros mamá… habla con él hoy, debe saber la verdad de su origen.

ㅡHola… ㅡles dijo Leo apenas moviendo un par de dedos para de nuevo estar callado mirando a Amaia probándose más ropa. Lauren, al ver a Amaia meterse de nuevo al probador, abrazó a Leo fuerte frotándole la espaldaㅡ¿Qué tienes Leo? ㅡYo… te pertenezco ¿Por qué no nos vamos muy lejos de aquí a dónde no me atormenten los recuerdos, Lauren? ㅡella se separó y miró fijamente sus ojos, había llorado, estaban hinchados, levemente rojizos. Acarició su mejilla y dejó un pequeño beso sobre estaㅡ¿Qué hay de mamá, de tus hermanos… ㅡMe duele la cabeza, me siento perdido al lado de ellos, solo cuando tú me abrazas, cuando estamos juntos es cuando me siento sereno, en paz conmigo mismo, sin ti es como una lucha constante, el pelear contra algo que ni yo mismo sé que es… ㅡLauren pegó su frente a la suya mientras respiraba hondo, dejó caer sus parpados meditando las cosas ㅡAun… eres muy joven Leo, uno puede sobrevivir, dos serían comida en la selva ㅡLauren… yo te protegeré… si estamos juntos, seremos como uno solo, por favor… ㅡLeo… estas diciendo locuras ㅡinmediatamente la imagen de su madre vino a su mente ¿Qué haría Elizabeth si Leo desaparecía de su vista, si se alejaba de ella? No se lo perdonaría, sabía la cazaría como a un zorro, no podía dar ese paso aun la forma en que Leo se lo pedía la tentara, debía ser más astuta, más inteligente, no dejarse llevar por las emociones, después de todo, no eran niños comunes y cada decisión afectaría más que a la de cualquier humano. Amaia salió feliz y al ver a Leo, le pidió sacara toda la ropa que había en el vestidor. Leo se acercó y al ver una montaña de ropa, se negó de inmediato ㅡ¡Amaia, estás loca! ¿Cómo te vas a comprar todo eso? ¿Tienes dinero, eh? ㅡla pequeña ignoró a su alarmado hermano, unió sus manitas y le miró por encima del hombro con cierto desdénㅡMamá dijo que tendría nuevo guardarropa… ㅡSí Amaia pero ¡eso es una exageración! Una, dos cosas, tal vez cinco pero allí son más de veinte cosas… ㅡLauren se atacó de risa al ver a los hermanos, en ese instante llegó Elizabeth y Enzo detrás suyo, no quería ver a Leo ㅡPrincesas ¿Encontraron algo que les gustara? ㅡYo sí mami ㅡrespondió Amaia, abanicando sus largas pestañas mirandole con cierta ternura, por el simple hecho de llamarla “mami” Elizabeth ya sabía que algo no estaba bien, arqueó una cejaㅡ¿De verdad, qué? ㅡtemía preguntar pero era obligado hacerloㅡEsta…n en el vestidor, le dije a Leo que las trajera pero no quisoㅡacusó a su hermano y sacó la lengua para después caminar hacia Enzo diciéndoles ㅡGracias mami, me veré hermosa con lo que compraras… ㅡla pequeña bribona se iba alejando de la escena.

ㅡ¡Amaia! ㅡexclamó Elizabeth al ver la montaña de ropaㅡNi creas, un par de prendas y se acabó, así que ven acá y elige, no pienso pagar por todo eso… ㅡagregó molesta y la pequeña detuvo sus pasos volteándole a ver con cierta molestia ㅡMamá, tú dijiste ㅡSí, dije que les compraría lo que quisieran pero tú siempre abusas de mis palabras, además… no te has portado del todo bien, así que, elige máximo cinco cosas sino no te llevas ni una ㅡAmaia entrecerró los ojos mientras caminaba como una pequeña Rex por el pasillo hasta el vestidor. ㅡ¿Y ustedes niños, no quieren nada de aquí? De todas formas recorreremos más tiendas… el día será muy largoㅡEstamos bien omma, no te preocupes ㅡle dijo Lauren corriendo a abrazarla fuerte, suspiró volteando a ver a Leo, podía notarle decepcionado por su reacción pero se sentía atada, no quería defraudar la confianza de Elizabeth ㅡYo… quiero desayunar, no hemos comido nada omma… ㅡreplicó Leo a lo que ella asintió ㅡEstá bien, le dije a Enzo que quiero llevarlos a un café nuevo tiene los monitos de Line, será divertido… ¿Lista Amaia? Sólo te estamos esperando a ti… iremos a desayunar, apúrate ㅡmusitó Elizabeth con cierta molestia mientras la pequeña refunfuñaba en francés tratando de elegir los mejores cinco vestidos.

Zhéphir Boissieu Quizá el entusiasmo no le hizo pensar en las probabilidades y por salir temprano y apurados ante la motivación que les dio Svetlana desde primeras horas de la mañana, se adelantaron incluso al horario de apertura de esa área en el recinto. Más no fue tiempo de ser pesimistas o retractarse de la idea en cuanto vieron el letrero con los horarios establecidos; el niño no hubo protestado en lo absoluto pero a cambio de la caminata innecesaria pidió ser cargado de bajada a la primera planta, no hubieron peros que ponerle a la demanda.

  Ahora, pensando en el panorama. ¿Por qué no tener más de una alternativa? Teniendo en cuenta lo temprano que era y tomando en consideración que tendrían todo el día para ir a donde Daimon quisiera, aparte de la visita al acuario que se postergaría hasta dentro de una hora y media, quiso probar suerte con otros lugares más allá de ese. Probar recurriendo a sitios que a cualquier otro niño pudiesen generarle entusiasmo, sea por lo llamativo, sea por la variedad. No perdían nada en el intento, su incentivo fue que haya sido fácil de sobrellevar la primera pasada, y que su hijo le ayudara demostrando no tener problema en hacer hora para ver lo que realmente quiso ver desde un primer instante, al animal acuático que tanto le agradaba.

  Entonces, ¿Una juguetería? Ver el interés que le pudiese generar este tipo de cosas fue más que un desafío, una ilusión. Sea por figuras coleccionables, un globo o un peluche, incluso si se tratara del objeto de tendencia entre los otros pocos niños que estaban en la tienda considerando la hora que era, ¿Por qué no intentar y ver en él su faceta de niño? Aunque le haya puesto toda su motivación a la muestra de las variedades que puso frente a los ojos del niño para llamarle la atención, no consiguió nada más allá de risas cortas pero contagiosas, que debían su energía a las acciones del padre más que a lo interesante que pudieran ser los propios juguetes. Eso quizá se debiese a que nada le faltaba, todo ese tipo de cosas que pudieran diferir en colores o en tamaños, no es como si no las tuviera. Lo que pasa es que a Daimon no le son más llamativas estas que los libros infantiles o el piano de la casa que estaba a las afueras de Seúl y que por lo lejos que se encontraba del trabajo de su padre no frecuentaban. La música del piano le gusta, porque de su emisión no se trata un ruido insoportable. Sentarse en un taburete junto a su padre y ver cómo mueve los dedos según lo solicite una pauta es agradable, incluso tranquilizante y lo demuestra no huyendo de esta, como en otras muchas ocasiones, cuando para no ser sacado de su zona y estado de confort acude a refugiarse en su habitación silenciosa siendo Svetlana su cómplice y acompañante.

  En cuanto a los libros infantiles, le gustaron desde que su poder de entendimiento fue el suficiente para comprenderlos sin necesidad de diálogos en las páginas; bastó siempre con las ingeniosas frases con las que se los explicaban y si su interés por ellos fue grande desde un principio, se debió a que fue muy común verle en los brazos de su madre desde pequeño, sosteniendo uno y viéndoles a tapa y contratapa abiertas hasta que el sueño le ganase o los terminasen.

  Hasta el instante en que conectó su mirada con la de él y puso una pausa a lo que estaba haciendo fue que no se dio cuenta de su gran primer error del día. Estar buscando conocerle, cuando de él lo sabía todo. Estar queriendo descubrir sus gustos, cuando ya los sabía al revés y al derecho, ¿Por querer ver si sentía interés por las cosas comunes? ¿Qué habría de malo en diferir de los gustos de los demás? No es como si de por sí no fueran diferentes en todo aspecto. Preocuparse por una insignificancia como esa y considerar su falta manteniendo ante el contacto visual con quien le miraba entusiasmado a él más que a todo lo demás recién ahí fue motivo de que volviera a dejar lo que traía en manos en el estante y se acercara a cargarlo de nueva cuenta para abrazarle.

  A cambio de su correspondido cariño no le quedó de otra que sonreír, y disculparse por algo que quizá el niño olvidaría en cosa de minutos pero que él recordaría por mucho.

                ❖ ❖ ❖

  Se retiraron finalmente de la tienda sin ninguna compra hecha. Como no gastaron mucho tiempo ahí, todavía quedaba buscar otro panorama que les ayudara a hacer hora, pasaron por fuera de una tienda de ropa para niños y se detuvieron a ver prendas que pudieran servirle en un futuro cercano. El crecimiento de Daimon es tan pausado como el de los niños humanos, más no por eso deja de ir a pasos abalanzados conforme va su desarrollo a la edad que tiene.

  Entraron y pasearse por los sectores al menos no requirió que le mostrara las ropas con el entusiasmo que tuvo que inventarse para mostrarle juguetes. Se detuvieron conforme vieran algo que pudiera ser del agrado de él y que fuera semejante a lo que trajera puesto. Para temas de vestimenta una vez más debía agradecerle a Svetlana le diera una mano e hiciera las respectivas combinaciones y selecciones en los tiempos que la necesidad de cambiar sus ropas por otras de una talla más grande fuera irreparable. Pantalones de mezclilla, camisas, camisetas. Zapatos y suéters que fueran acorde al otoño que se avecinaba a pasos rápidos, ese que llega y se va luego, porque pronto empieza a sentirse el invierno nevado.

  Conforme fue preguntando por su parecer y Daimon fue aceptando o negando las alternativas según sus gustos, fueron avanzando. Considerando las tallas y lo primordial ni siquiera fue necesario que se probara nada, así que se ahorraron el largo encuentro con los vestidores de los que otros muchos padres con sus hijos no se salvaron.

  En breve estuvieron saliendo de la segunda tienda. Sí hubieron adquirido algo para esa oportunidad, y seguramente sería un avance del que Svetlana se sentiría orgullosa.

MacQuoid Elizabeth Un festín de colores, aromas y rostros animados. Los niños entraban maravillados al pequeño café, algo que trajó a la mente de Elizabeth aquella visita al café de Hello Kitty, se recordaba como una niña sobre la vitrina mirando con brillo en los ojos los distintos platillos, todos incluyendo a la tan famosa gata japonesaㅡ¡Mamá, quiero los panes del oso! ㅡ¡Yo quiero la cara del chico! ㅡ¡Pido el pato! ㅡlos niños trataban de llamar su atención pero en sus pensamientos estaban en ese otro sitio con esa persona. Elizabeth tenía tantos protagonistas y antagonistas, que a veces se sentía estar viviendo distintas novelas, a veces eso sentía que era su vida, demasiados momentos, eventos para ser tan sólo casualidades ¿Qué más podía esperarle en unos siglos, en unas décadas, en unos años, quizá meses, semanas, días, hoy?

Fue el jalarle del cinto de su jeans que ella reaccionó, dedicándole una mirada furtiva a su hijo Leo ㅡ¿Qué pasa? ㅡTienes que pagar… ya elegimos lo que desayunaremos ㅡElizabeth abrió los ojos con amplitud notando la ceja enarcada de la cajera ㅡOh, disculpe ¿Cuánto es? ㅡindagó sin siquiera pedir algo para sí, estaba distraída. Eligieron la mesa más cerca a los cartelones publicitarios. Enzo sacó su celular tomando fotos de todos y junto a los muñecos de tamaño humano. Los mellizos inquietos querían bajarse, jugar con sus hermanos y hacer caras graciosas frente a la cámara. Leo los bajó uniéndolos a su pequeño alboroto. Lauren, notó a Elizabeth ausente, en otro momento hubiera tratado de callarlos, hacerlos esperar sus pedidos en silencio pero no, dejó siguieran en su algarabía ㅡMamá… ¿Qué te pasa? Estas tan callada, ¿En qué piensas? ㅡOh… ㅡdijo en monosílabo cuando de pronto sintió una fuerza extraña a su alrededor, el color de sus ojos hazel se intensificó, giró en todas direcciones en busca de aquella energía, dos en realidad ㅡMa-má… ㅡlas palabras salieron acortadas de sus labios tratando de buscar que inquietaba a su madre ㅡNada… ㅡrespondió volviendo su vista a ella ㅡdebo tener la cabeza en otro lado… perdona ㅡsonrió a su hija tomando su pequeña mano entre las suyas ㅡSiempre te estaré agradecida… salvaste a mi hijo y con eso, me has devuelto la vida ¿Qué haría yo sin él? Amo a mis hijos… a todos por igual aunque, no es un secreto que Leo como primogénito significa muchas cosas para mí… Estuve en tanto conflicto por tantos meses… temía perderlo, sólo por eso me arriesgué en Londres, sólo por él. Aun así, no debo bajar la guardia… aún queda el tema de los mellizos y sé que él estará merodeando por ellos, no permitiré los arranque de mi lado ㅡsus dientes crujieron con cierto recelo, su mirada se tornaba escarlata con cada palabra mientras que su temperatura llegaba al punto de congelación mientras que su sangre hervía, un choque poco convencional pero significativo.

Hora más tarde, los pequeños exhalaban satisfechos, jugaban entre ellos con los juguetes de regalo por su compra pero Enzo dirigió una mirada seria y profunda a su madre, ésta pasó saliva desviando su vista al exterior del sitioㅡ¡Mascotas! Claro… Niños, es hora de bajar la comida, vamos a la tienda de mascotas, creo que nos hace falta una mascota en casa ¿No les parece? ㅡAmaia emocionada comenzó a pedir lo que quería. Leo pensativo musitó ㅡHace poco… soñé con un leoncito, jugaba con él cuando era menor… cuatro años, creo ㅡal mencionarlo, Elizabeth lo sabía, otra memoria enfrascada. Enzo exhaló pesado levantándose de su silla ㅡVamos… ㅡdijo a secas y comenzó a caminar solo. Elizabeth como pudo trató de seguirle junto con los mellizos en su carreola ㅡJuntos, no quiero que anden por todos lados… no deja de ser peligroso ㅡtomó la mano de Enzo y sonrió a éste que apenas le dirigió una mirada. Leo notó esa frialdad de parte de su hermano pero no podía decir gran cosa, sabía estaba así por su culpa. Lauren entrelazó su brazo al suyo dándole un discreto beso en la mejilla cuando su madre no miraba. Ruborizado, Leo volteó a verla sorprendido pero ella tan sólo le despeinó ocultando sus ojos de ella entre el revoloteo de sus cabellos azabaches.

ㅡ¿Sabe dónde queda una tienda de mascotas cerca? ㅡcuestionó a una pareja en la calle pero estos no le entendían ㅡ¡Mascotas! ¡Animales! ㅡAh, animales ¿acuáticos? ㅡS-sí, puede ser, donde haya peces habrá perritos ¿Cierto? ㅡbalbuceó para sí y entonces la pareja le dio indicaciones. Minutos después, abrió los ojos con amplitud mirando la moderna estructura metálica ㅡ¿A-acuario? ¡No! Yo quería mascotas no esto… ah. ㅡestaba molesta por eso pero sus mellizos al ver las luces de colores y animales plasmados en uno de los espectaculares, comenzaron a pedir que los llevara, sin más remedio Elizabeth pagó las entradas de su kínder.

Zhéphir Boissieu A continuación, le ofreció algo de comer, según lo que prepararon en la mochila antes de salir y se negó. Sugirió ir a comer a alguna parte y lo consideró más que lo primero. Quizá no porque tuviera hambre o tuviera sed, tal vez sólo quería ponerle una pausa al recorrido por un instante y descansar, algo a lo que le dio la razón teniendo en cuenta su desacostumbre a esto desde un comienzo.

ㅡ Vamos, pediremos lo que quieras y ya después no habrá otro paradero que no sea el Acuario. ¿Quieres ir andando ahora? ¿Te tomo de la mano? ㅡ Daimon asintió y se hubo puesto bien sus audífonos sobre las orejas antes de extender su diestra a su padre. Subieron hasta la última planta en escaleras mecánicas, y quiso cumplir su cometido sin ninguna distracción perdiendo el interés en ello debido a los dos recorridos anteriores.

  Fue el niño el que detuvo su andar, evitando seguirle el paso a partir de una distracción, y fueron las caratulas de libros infantiles en el mostrador de vidrio de una librería las que le aseguraron de sólo verle que este era el lugar indicado.

ㅡ Un momento. . . ¿Quieres entrar aquí, Daimon? ㅡ El niño le miró suplicante sin decir nada, pero ese mirar brillante lleno de ilusión fue el que buscó desde un principio, recién aquí le encontraba. ㅡ Por supuesto, hagamos lo que tú quieras, hijo. Vamos a dentro. ㅡ Fue jalado de la manga de su saco de vestir, pero a pasos cortos y algo torpes, similares a los que una persona que se pierde en sus intereses tiene siempre que dé en sus alrededores con algo referente.

  Pasó tiempo e incluso se dispusieron a sentarse en el suelo acolchado de la zona para infantes, el niño sobre las piernas del padre y el padre con las bolsas de las respectivas bolsas efectuadas y un montón de libros a la espera de la revisión de Daimon que referente a cómo leerlos sólo sabe hojearles.

  Cuentos de fantasía, libros de animales. Incluso un pequeño texto traducido al hangul que seguramente a futuro se lamentaría por mostrarle. « El pequeño vampiro. » Por favor, simpatizó y negó al mismo tiempo, el título semejante.

  Daimon no obstante, se interesó en el de animales, y sólo hubo pedido dos distintos y se conformó sin que nada le dijera. Sabía ser considerado siendo tan pequeño que terminaba siendo sorprendente a su manera. Simplemente no había nada que pudiera o quisiera criticarle.

                ❖ ❖ ❖

  Antes de dirigirse a la zona de cafés y restaurantes, hubo efectuado una nueva compra, y esta vez Daimon sólo entregó un libro y una bolsa. El que más le hubo gustado fue trasladado por él porque quiso ayudarle con “el peso” inconscientemente, aunque en el fondo, por sobre todas las cosas lo que más quería era seguir viéndole.

  La mayoría de las cocinas de los restaurantes estaría preparando los almuerzos a esta hora, por lo que prefirió un café e invitarle a desayunar considerando que su colación era el reemplazante de un desayuno, no de un almuerzo.

  Un sitio anunciaba su apertura en un letrero de colores. No había mucha gente como para que el ruido pudiese afectar los sentidos de su hijo, y la atención seguramente sería más rápida si no había cola.

  Sugirió el lugar y Daimon no se hubo preocupado de responderle, terminó decidiendo solo, pero siempre pensando en él y en su comodidad por sobre todo. Ingresó y en una mesa familiar los únicos clientes visibles eran una mujer y seis niños. Sentados, seguramente esperando su pedido mantenían una conversación enérgica, o al menos eso era lo que podía verse a simple vista.

  Por alguna razón en particular, no pudo mantener la vista en ellos en cuanto esperaba les atendieran. Un dolor de cabeza invadió ambos sectores temporales de tal manera que le pareció una cefalea, de esas que no ha tenido nunca antes y le tomaba en el peor momento por sorpresa.

  Cerró los ojos un momento, obligándose a sí mismo a reaccionar y comprender qué sucedió de manera tan repentina ahora, ¿Se debería a su sentir conforme inesperado? ¿Al haber traído al presente tantos recuerdos? Sean de su difunta mujer, sean de las cualidades de su hijo dos años atrás. Pestañeó ahora, y en búsqueda de estabilizarse se exigió mostrarse inmune a todo delante de él. Daimon hasta que no le hubo pedido una vez más la mano para que no lo soltara y se quedara a su lado mientras hacía el pedido no lo miró, para ese entonces le hubo sonreído y con la mano disponible, una vez dejó las bolsas a una orilla en el piso para tener de paso el rápido alcance de su billetera, su cabellera acarició. No supo qué pasó pero neutralizó de alguna manera su malestar evitando el síntoma, y viendo y nombrando los dibujos de animales que le apuntaba su hijo sonriente que servía como distractor.

                ❖ ❖ ❖

ㅡ Daimon, ese es un caballo. Una vaca. Un polluelo. Vamos, a ese lo conoces. ㅡ Simpatizó. ㅡ ¿Cuál es? ㅡ la respuesta del niño le dio chance de felicitarle. Más antes de que pudieran seguir con su juego de dos motivante, la voz de la vendedora que les atendería a partir de la entrega de un pedido para siete personas les desconcentró y les sugirió observarle y recordar dónde estaban.

ㅡ Buenos días. Dos menús de desayuno, por favor. Pero en vez de café para el segundo, que sea un jugo. ㅡ Con la solicitud a la espera de una pronta atención y el vale de entrega en sus manos, sugirió a Daimon que saludara cordialmente a la mujer que le sonrió y le sugirió buscara la mejor mesa.

  Fueron hasta la esquina que daba contra los ventanales. Aquella que daba con el exterior del edificio y permitía tener la vista panorámica de lo que les rodeaba. Daimon se sentó a su lado, es más, sobre sus piernas para quedar a la altura más óptima de la mesa. Pudo seguir hojeando su libro, y seguir observando eso que más le gustó hasta esta estas alturas de la salida.

MacQuoid Elizabeth “ㅡNo, no es verdadㅡrefutaba Elizabeth a su hermano mientras combatían con sus katanas.
ㅡSí lo es, estoy seguro que cuando vayamos con la reina, eso te dirá.
ㅡSólo lo dices para molestarme, si eso me dijera… rechazaría la propuestaㅡdecía ella con cierto triunfo al hacer un giro alrededor de él y pasarle la espada a lado de la cintura- Ha terminado la lección ¿cierto? ㅡcuestionó un tanto orgullosa, él tan sólo se sonrió ladino asintiendo con la cabeza para después remover la arena que tan firmes pasos sostenían lográndola tumbar y ahora él colocar la punta de su katana sobre su pecho.
ㅡTe precipitas demasiado… jamás cantes victoria tan pronto, aun moribundo… se puede dar una última pelea y darle un giro a la historia, jamás lo olvides. “

ㅡWowㅡparecía que la pequeña Amaia contenía el universo en su mirada, sus ojos brillaban de un modo distinto. Su rostro estaba adherido al techo de cristal, cientos de pececillos danzando entre sus aguas, pulpos, medusas de colores neón mientras que se escuchaba el mágico canto de los cetáceos en la lejaníaㅡComo entrar al mundo de La Sirenita…ㅡmurmuró y con una enorme sonrisa desvió su vista al frente, ahora había varias paredes de cristal como en un laberinto esperando por ella. Se adentró y Elizabeth al verla en la lejanía se asustóㅡAy esta niña… Enzo ve por tu hermana por favor, no la dejes sola…ㅡEnzo corrió hacia el laberinto de inmediato, mientras que Leo tomaba de nuevo la mano de Lauren deseando perderse entre las luces tenues casi a oscuras del enorme acuarioㅡHey! Ustedes dos ¿A dónde creen que van? ㅡA ver a los animales mamáㅡdecía Leo con toda serenidad, colocando esa expresión de inocencia que tanto encantaba a su madre pero esta vez, su truco era muy gastado para la celosa madreㅡNo, esta vez no me vas a convencer con tu cara de gatito con botas, ¡SUELTENSE LAS MANOS! Están muy chiquitos para andar así ¿Qué les pasa? Lauren, cada que mi hijo te quiera tomar la mano, pégale, eso no se hace ¿Entendido? ㅡles reprendía entrecerrando los ojos, frunciendo los labios, estaba celosa, no concebía que su hijo creciera tan rápido. Lauren asentía bajando la cabeza, sus mejillas ardían por la vergüenza pero al mismo tiempo, una pequeña risa de nerviosismo escapaba. Leo con cierta astucia volvió a tomar la mano de Lauren pero esta vez con más fuerza y salió corriendo del lado de su madre hacia el laberinto de cristal. Elizabeth atónita no supo cómo reaccionar, los mellizos se carcajeaban al ver a Lauren como a una bandera siendo jalada por su hermano.

Ella tomó asiento en una banca, por unos instantes se sintió triste, impotente, tan así que comenzó a llorar en silencio, ocultó su rostro tras sus largos y castaños cabellos ondulados. Darién y Valeska percibieron que algo sucedía detrás suyo, por lo que se desabrocharon los cinturones y como pudieron bajaron de la carriola, colocando sus manitas sobre las rodillas de su madre. Eso trajo a Elizabeth a la realidad que un tanto apenada y molesta negó limpiándose las lágrimasㅡ¿Qué? No… no tengo nada… mami está bien ㅡles decía sonriéndoles, cargandoles entre sus brazos aun con los ojos irritados, Darién acarició su mejilla mientras que Valeska tomó su mano tratando de transmitirle calor, una pequeña esfera cálida se formaba entre la mano de ambasㅡJamás… le tome importancia al tiempo, después de todo es infinito ¿Cierto? Pero, desde que soy madre miro el tiempo tan distinto… ustedes crecen, no puedo evitarlo, no puedo suspenderlos en esta etapa, no puedo hacer que perduren así conmigo por más tiempo… esto me lo plantee antes de tenerlos a ustedes, un día… desperté y fui a las habitaciones de Leo, Enzo y Amaia, sentí mi corazón estrujarse al verlos, crecen tan rápido… sentí que un día se irían de mi lado en un parpadeo. Su hermano Leo cada día es más independiente ¿Qué sucederá cuando le diga la verdad? Debo decírselo hoy… ¿Por qué cambiamos tanto? Como quisiera que se quedara como cuando tenía cuatro años, cuando vivíamos en el penthouse con nuestro leoncillo, éramos tan unidos, me amaba en verdad… ahora siento que tan sólo me acepta porque debe hacerlo, cuando le diga la verdad huirá de mi lado, me considerara un monstruoㅡsu voz se entrecortó volviendo a las lágrimas. La pequeña esfera de calor desapareció, Valeska podía sentir su tristeza, por lo que se aventó a sus brazos balbuceándole que no llorara. Darién, por su parte se quedó callado, Leo era su modelo a seguir, quería ser como él pero ¿Qué había de mamá? ¿Por qué la hacía llorar?

ㅡ¡Dejame! ㅡexclamaba Amaia zafándose de su hermano Enzo, entre patadas y cachetadasㅡDebemos ir con mamá ¡Amaia! Ouch, eres una agresiva ㅡVuelve a sujetarme así y te muerdo ㅡdecía la pequeña mostrándole sus colmillos con cierta molestia ㅡYa, ya… le llamaré a mamá y diré dónde estamos ㅡHmm ㅡla pequeña comenzó a tararear con cierto triunfo mientras picaba el cristal con sus yemas tratando de atraer la atención de los caballitos de mar y otros peces ㅡ¡Mira Enzo, allí esta Dori! ¿Nemo, dónde esta nemo? ㅡAmaia deja de ser tan escandalosa… ㅡle reprendía Enzo mientras marcaba a su mamáㅡ Creo que… ㅡAmaia hizo una pausa cuando de pronto, un rostro se reflejó en el cristal, un niño. Se quedó callada mirando al pequeño, el pez payaso apareció pero su atención estaba puesta en el menor, su mirada era profunda, misteriosa. Sintió una sensación extraña, una energía muy similar a la de sus hermanos. Volteó para verlo de frente y entonces desapareció de su vista ㅡEnzo… ㅡllamó a su hermano con cierta angustia ㅡSí omma, estamos en esa sección, aquí te esperaremos, Amaia anda buscando a Nemo, jajaja ㅡplaticaba Enzo con su madre haciéndola reir, Elizabeth se limpiaba las mejillas entre risas mientras que los pequeños se pegaban a su pecho, pasando sus manitas por detrás de su espalda en pequeñas caricias para que se sintiera mejor.

Zhéphir Boissieu ㅡ ¿No crees que este se parece un poco a Xiahki? ㅡ El color café almendrado de sus ojos, su nariz café, su pelaje blanco. La mascota de 9 años que tienen en la casa que está a las afueras de Seúl, ese que siempre fue cercano a Daimon y pese a su pasión por ladrar tiende a guardar silencio siempre que esté cerca, con tal de poder jugar y dormir con él cuanto les plazca, incentivando al niño a que tenga los ánimos de que así sea. ㅡ La próxima vez que vayamos le diremos a la cuidadora que seremos nosotros los que le saquen a pasear. ¿Está bien? ㅡ El niño miró seriamente la imagen de la página 126 y aunque tardó en considerar el parecido, negó con la cabeza.

ㅡ No, papá. Xiahki es más grande que ese. Su nariz también es más grande y más oscura. ㅡ Lo que tenía de poco hablador, lo tenía de observador y lo hizo notar con su comentario.

 El padre sonrió, pareciendo conforme con su manera de ver las cosas. Asintió en cuanto le hubo vuelto a mirar para confirmar si estaba de acuerdo con lo que le decía, y palmó la zona parietal de su cabeza.

ㅡ Tienes toda la razón. Le pediré disculpas cuando lo vea, por haberlo confundido. Pero, ¿Te gusta esa raza de perros, Daimon? ¿O te gustan más pequeños? ㅡ Su respuesta fue obvia, no había otro perro que le gustara que no fuera el recién nombrado.

 Mirad que de este se estaba tratando un buen diálogo y ellos consiguieron hasta el momento sobrellevarlo a la perfección. El niño bebió de su jugo y comió su emparedado en lo que seguía hojeando el libro detenidamente y él, quizá habrá dado dos o tres sorbos al café, pero por alguna razón no sentía ganas de tomar ni comer nada. Sólo pidió algo para él a por acompañarlo. En medio de su pensar silencioso se cuestionó el malestar de hace un rato. El que le significó pudiera sentirse a la deriva y nada más ni nada menos que este día. ¿Qué problema podría tener? No es como si hubiese ocurrido en alguna otra oportunidad, y haciendo memoria una vez más, bastó con que entraran a la tienda y esperaran les atendieran, pues antes de eso no hubo sentido ningún síntoma extraño.

 La sensación extraña se mantuvo en su mente, en su cerebro y en el resto de su cuerpo más pudo medirle a tal punto de poder darse el chance de pasarlo de largo con tal de mantener la compostura y la ida y venida de preguntas y respuestas entre él y su hijo.

                ❖ ❖ ❖

 Consideraron, una vez terminado el desayuno, la posibilidad de comprarle un panecillo dulce a Svetlana para regalárselo, según el parecer del niño sería de su agrado. Por otro lado, regresar al primer sitio al que fueron ya que coincidían los horarios con la hora de apertura del acuario. Daimon una vez más no quiso que le cargara el libro ni que lo cargara a él a causa de las bolsas que de por sí ya sostenía, pero supo cargarlo con un brazo sin interferir en la toma de su mano que mantuvo con su padre de inmediato. Lucía motivado, según lo que pudo ver en el que portaba, iría buscando ejemplares para compararlos.

 No hubo apuro en su andar, por lo que el traslado fue pausado y conveniente tomando en cuenta que la cantidad de gente frente a la puerta de ingreso se acumuló un tanto más que cuando llegaron. Él observó los alrededores y aseguró los audífonos en las orejas del pequeño antes de ir a comprar dos entradas. Habrían eventos para que los niños participaran adentro según informó la cajera, así que eso explicaba que la paz anterior se irrumpiera.

                ❖ ❖ ❖

 Justo al tiempo en que hacían ingreso sin una fila larga de por medio, fue que coincidió de nuevo con los mismos rostros que dio en la cafetería, esta vez, sólo los pequeños. En la puerta, probablemente estarían esperando a la mujer que se encontraba con ellos. Daimon no se hubo percatado y siguió con la vista en frente sin mayor interacción con el mundo, más de la que tenía con su mente. Y aunque se dio la oportunidad de observar a los alrededores a por confirmar que la persona estuviera cerca, no hubo tiempo de que se asegurara de que llegara hasta donde estaban los demás niños, su propio hijo no era consciente de su preocupación desinteresada y continuaba determinado hacia adelante, más próximo al alcance de su objetivo.

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